Ismael “el Mayo” Zambada García era el último que quedaba de una antigua generación de capos que vieron nacer el negocio de la cocaína, desde que era una tímida aventura de contrabando de algunos kilos de polvo blanco a Estados Unidos, hasta que se convirtió en una maquinaria global de violencia, dinero, corrupción y enfermedad.
A sus 76 años de edad, es un bisabuelo que pasa las noches en una celda de El Paso, en Texas, contemplando el horror de pasar el resto de la vida encarcelado, y tal vez lamentando los tiempos en los que, aún en los albores de su juventud, se enroló en los asuntos al margen de la ley.
A finales de los 70 se involucró en la logística de narcotráfico del cartel de Guadalajara, luego trabajó con su similar de Juárez y a finales del siglo XX se inscribió en La Federación, como se conocía en ese entonces el hoy llamado cartel de Sinaloa.
En los años siguientes no solo se convirtió en el principal patrocinador de la producción de cocaína en Colombia, sino que metió sus garras en el fentanilo, la heroína y las metanfetaminas, al igual que en el tráfico de armas y migrantes, la corrupción estatal, los secuestros, sicariato, extorsiones, desapariciones y prácticamente en cada delito que dé más de 1o años de cárcel en cualquier código penal.
Según contó en una entrevista de 2010 para la revista Proceso, su refugio siempre fueron las montañas y los desiertos de la frontera méxicoestadounidense, en los que logró evadir a la justicia de múltiples países durante medio siglo.
En su guarida se enteró de la caída de otros capos que, como él, también fueron responsables de la globalización del negocio: Pablo Escobar Gaviria y Griselda Blanco, precursores del narcotráfico en Medellín, asesinados en 1993 y 2012, respectivamente; Gilberto Rodríguez Orejuela, fundador del cartel de Cali, quien murió a los 83 años en una cárcel estadounidense (2022), un destino que podría sufrir el propio “Mayo”.
La lista sigue con su exjefe Amado Carrillo Fuentes (“el Señor de los Cielos”), creador del cartel de Juárez, quien falleció en una cirugía plástica para cambiarse la cara (1997); su exsocio Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera, colíder en el cartel de Sinaloa, capturado en 2016 y condenado a cadena perpetua en EE.UU.; Rafael Caro Quintero, fundador del cartel de Guadalajara, detenido en 2022, a sus 71 años; y el italiano Matteo Messina Denaro, jefe de la Cosa Nostra, arrestado en 2023, con 60 años y un cáncer de colon en metástasis a cuestas.
Y ahora, tras la detención de Zambada, ¿quién es el nuevo capo mundial en la arena del tráfico de cocaína?
Para responder a esa pregunta, EL COLOMBIANO consultó a tres importantes expertos en el estudio del crimen organizado transnacional: María Vélez de Berliner, asesora del Pentágono, directora de estrategia de la empresa Red Team Group Inc. y profesora de la George Washington University; Evan Ellis, docente de investigación en el Colegio del Guerra del Ejército de EE.UU.; y Jeremy McDermott, exmilitar británico y codirector de la Fundación Insight Crime.
Los tres coincidieron en señalar como sucesor en este deshonroso sitial a su peor enemigo, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes (“el Mencho”), jefe del cartel de Jalisco Nueva Generación (Cjng).
De aguacatero a capo
“El Mencho” nació hace 58 años en Michoacán, en el seno de una familia campesina que cultivaba aguacates. A temprana edad trabajó en plantaciones de marihuana y luego emigró a California, donde se convirtió en un delincuente juvenil involucrado en robos y venta callejera de drogas.
Luego fue sicario y mando medio en los carteles del Milenio y Sinaloa, y en la primera década del siglo XXI lideró un escuadrón de asesinos denominado “los Mata Zetas”, cuya misión era eliminar al cartel de “los Zetas”, uno de los más poderosos en ese momento.
Tras obtener la victoria, la organización evolucionó hasta convertirse en el Cjng en 2010, desplegando redes de narcotráfico en cuatro continentes. Una década después, las agencias de seguridad de EE.UU. calcularon que “el Mencho” tendría una fortuna cercana a los US$1.000 millones.
Según la Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2024, un informe de inteligencia de la DEA, el cartel de Jalisco emplea un modelo de organización basado en franquicias, es decir, integrando a otros grupos delictivos a su estructura, lo cual le permitió crecer a mayor velocidad y desafiar a los de Sinaloa por el dominio de la droga en México y otros países.
En Colombia, el Cjng relegó del mercado de clientes de la cocaína a “los Zetas” y al cartel del Golfo, que entre 2008 y 2016 tuvieron una influencia importante en la producción y exportación.
Los delegados de “el Mencho” están patrocinando cosechas de coca y laboratorios clandestinos en Nariño, Cauca, Putumayo, Antioquia y Norte de Santander, al igual que despachos internacionales desde los puertos de Urabá, Buenaventura (Valle) y Guayaquil (Ecuador).
¿Se incrementará la violencia?
Todavía no es clara la manera en que fue arrestado “el Mayo”. Su abogado Frank Pérez expidió un comunicado indicando que fue secuestrado bajo engaños, el pasado 25 de julio, montado a la fuerza a un avión y transportado al aeropuerto de El Paso. Insinuó que el plan fue orquestado por Joaquín Guzmán López, otro de los líderes del cartel de Sinaloa, como parte de un acuerdo de sometimiento con EE.UU.
Jeremy McDermott comparte esa teoría. “Nuestras fuentes en México y Estados Unidos creen que fue un secuestro. ‘El Mayo’ pensó que iba a reunirse con su aliado y ahijado, Joaquín Guzmán López (hijo de Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán Loera), en compañía de un prominente político, en Culiacán, capital de Sinaloa. Él y sus guardias fueron dominados y él fue subido a un avión y acabó en Estados Unidos. Lo que aún no está claro es qué trato, si lo hubo, hizo Guzmán López con las autoridades estadounidenses. Y parece que se trató de una operación dirigida no por la DEA, sino por el FBI y Homeland Security”.
La asesora del Pentágono, María Vélez de Berliner, tiene una versión diferente. “Nadie engañó a nadie. Fue una entrega controlada y manejada por los EE.UU. Zambada está negociando una salida de México desde comienzos del 2022. Él entregó a ‘el Chapo’ como colaboración con EE.UU., ahora va a recibir una pena muy reducida y podrá conservar su dinero donde lo tenga”.
Al margen de los motivos detrás de esta captura, la pérdida simultánea de dos capos (“el Mayo” y Joaquín Guzmán López) provoca inestabilidad en el cartel de Sinaloa, que podría ser aprovechada por “el Mencho” y sus matones.
“Vamos a ver un incremento de la violencia entre Jalisco Nueva Generación y lo que queda de Sinaloa, porque este grupo está dando una apariencia de debilidad e incertidumbre, y eso probablemente animará a Jalisco a querer conquistar algunas plazas de Sinaloa”, opinó Evan Ellis.
En ese mismo sentido se pronunció McDermott: “Estas últimas capturas parecen señalar el fin del cartel de Sinaloa como organización integrada. Ahora parece estar formado por facciones diferentes y enfrentadas. Esto podría permitir a sus rivales, especialmente al Cjng, penetrar en el territorio del cartel de Sinaloa y en zonas importantes para el narcotráfico, como puertos y pasos fronterizos”.
El escenario en Colombia
Aunque los carteles de Sinaloa y Jalisco llevan una década enfrentados, su contienda no se ha trasladado a Colombia, el principal mercado en el que adquieren la cocaína.
En nuestro país, los delegados de ambas facciones negocian con los mismos proveedores sin inconvenientes, en especial con el ELN, las disidencias de las Farc, “la Oficina”, el Clan del Golfo y “los Pachenca”, entre otros, que no han tomado partido por ninguno de los dos bandos mexicanos.
Sin embargo, el posible fraccionamiento interno de Sinaloa podría transformar el proceso de negociaciones. Tal cual explica la DEA en su informe, esta empresa criminal está integrada por cuatro estructuras: la que lideran “el Mayo” y sus familiares; la de los herederos de “el Chapo” Guzmán, que se hacen llamar “los Chapitos”; la de Aureliano Guzmán Loera (“el Guano”), hermano de “el Chapo”; y el clan de Rafael Caro Quintero.
La teoría de una supuesta traición a “el Mayo” por parte de “los Chapitos”, alimenta pugnas internas en el cartel.
En caso de que estas fracturas progresen, Evan Ellis augura un futuro en el que se descentralice el tráfico mundial de cocaína, en el cual hay una influencia hegemónica de los mexicanos, cuestión que podría favorecer a otros actores ilegales.
En el competido mercado de la droga colombiana también están participando, además de los narcos locales, mafias italianas, españolas, de los Balcanes, Ecuador, Venezuela, Centroamérica y Oceanía.
De Berliner estima que la eventual atomización de Sinaloa los hará más difíciles de perseguir e infiltrar, algo parecido a lo que sucedió en Colombia tras la caída de los grandes carteles.
Por ahora todas las miradas de las agencias de seguridad se concentran en “el Mencho” y en las decisiones que tome en el actual escenario, el cual parece favorecerle; sin embargo, la corona del “capo de capos” suele ser tan pesada, que a veces mata.
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