Dio la mayor sorpresa política de los últimos tiempos al convertirse en presidente en 2016. Su partida, cuatro años después, se vio envuelta en un caos inimaginable. Y ahora, como candidato por tercera vez a las elecciones presidenciales pese a su inculpación, Donald Trump continúa sacudiendo la historia de Estados Unidos. Como siempre, él sigue su instinto. Se ha dicho mil veces que estaba acabado políticamente pero él confía en resurgir de sus cenizas, inmune a los escándalos.
El expresidente acudió este martes 4 de abril al tribunal neoyorquino donde compareció por primera vez ante el juez Juan Manuel Merchan y escuchó los 34 cargos relacionados con el pago irregular a la actriz porno Stormy Daniels. El exmandatario escuchó la notificación de los cargos en su contra, todos ellos consistentes en distintos tipos de “falsificación de registros mercantiles en primer grado”. En síntesis, el juez de origen colombiano le inculpó 34 cargos de “falsificación de registros comerciales en primer grado” por pagar en tres ocasiones para encubrir información.
Trump pasó aproximadamente una hora en la sala mientras que le leían los cargos, en presencia de algunos fotógrafos y periodistas a los que no quiso responder a las preguntas que le hicieron.
El expresidente, que se convirtió en el primer presidente estadounidense en afrontar cargos penales, se declaró no culpable. Al salir, subió en un vehículo oscuro de los servicios secretos y se encaminó hacia el aeropuerto de La Guardia, desde donde tenía previsto volar hacia Florida.
Poco antes de llegar a la sede de la Fiscalía, Trump tuvo tiempo de escribir en su red Truth Social que la situación le parecía “surrealista”: “Wow, van a arrestarme. No puedo creer que esto esté pasando en Estados Unidos”, escribió desde el vehículo que lo trasladaba allí.
Los hechos centrales por los que ha sido imputado sucedieron en 2016, cuando a través de un intermediario Trump pagó supuestamente 130.000 dólares a la actriz porno Stormy Daniels para comprar su silencio sobre una relación sexual que tuvo con ella diez años atrás.
El magnate republicano de 76 años, que quedó en libertad sin controles judiciales, podría tener que sentarse en el banquillo a partir de enero de 2024. Trump se convertiría así en el primer exmandatario sometido a un juicio en medio de su candidatura para volver a la Casa Blanca.
Los cargos son considerados “violaciones del artículo 175.10 del Código Penal” y se definen como un “intento de defraudar y de cometer otro delito” y de esconderlo. Once de ellos están relacionados con facturas emitidas por el entonces abogado de Trump, Michael Cohen, que se ha declarado culpable y se presupone será uno de los testigos principales del caso. Los 34 cargos son muy similares, pero se refieren a delitos cometidos en un rango de once meses del año 2017, entre febrero y diciembre.
Consisten principalmente en el registro documental en diferentes soportes, sean libros de cuentas, cheques u otros archivos relacionados con Donald Trump. Las violaciones al artículo 175.10 a las que se refieren los 34 cargos son consideradas “felony” (delito grave) de clase “E”, que según los primeros análisis publicados en algunos medios puede costar a su autor varios años de cárcel.
El documento de imputación no cita nombres, pero un comunicado posterior del fiscal Alvin Bragg aclara que hubo tres pagos distintos e irregulares: el primero, de 30.000 dólares, a un conserje de Torre Trump que aseguraba conocer el caso de un hijo ilegítimo de Donald Trump. Un segundo, el pago de 150.000 dólares a “una mujer que alega haber tenido una relación sexual con Trump”; y un tercero, el pago de 130.000 dólares “al abogado de una actriz porno”, en alusión a la actriz porno Stormy Daniels.
“No hay nada (en la acusación). No se alega ningún delito federal, ni que se haya cometido (delito) contra ninguna ley estatal. No alega cuál es la declaración falsificada. Es realmente decepcionante, es triste y vamos a luchar contra él, dijo el abogado de Trump, Todd Blanche, tras concluir la vista en la que Trump se declaró no culpable de todos los cargos.
El entonces abogado de Trump, Michael Cohen, se encargó del pago a Daniels, y el magnate le reembolsó la suma fraccionada, presuntamente haciéndola pasar como minutas profesionales.
“Donald J. Trump falsificó repetida y fraudulentamente los registros comerciales de Nueva York para encubrir delitos con el fin de ocultar información perjudicial al público votante durante las elecciones presidenciales de 2016”, dijo el fiscal Alvin Bragg en un comunicado.
Aunque abandonado por gran parte de su equipo después de que sus simpatizantes asaltaran el Congreso estadounidense el 6 de enero de 2021, el multimillonario de 76 años, que encarna un populismo sin complejos, ha recuperado el control sobre el Partido Republicano al que pedirá que lo elija para intentar reconquistar la Casa Blanca.
No se andará con miramientos con quienes le obstaculicen el paso porque Trump sigue fiel a su principio: o están con él o están contra él. En las redes sociales sigue poniendo apodos a sus detractores. Al presidente demócrata estadounidense Joe Biden lo llama “Joe adormilado”. Y a su gran enemiga republicana Liz Cheney la trata de “loca”.
Cercado por investigaciones, sobre su papel en el asalto al Capitolio, la gestión de los archivos de la Casa Blanca y sus asuntos financieros, Donald Trump se lanzó de lleno en una nueva campaña electoral en la que denunció una “caza de brujas”.
En un intento de politizar el caso y motivar a sus seguidores, que han respondido enviándole más de 7 millones de dólares para su campaña desde que se anunció la imputación el pasado jueves, el magnate ha reiterado: “No vienen por mí, vienen por ustedes. Yo estoy simplemente en su camino”.