Un espacio vacío de unos seis millones de kilómetros en la capa de ozono en el Ártico intriga a científicos y expertos. El asombro es mediado por dos cosas: primero, porque no es común que en esta zona del planeta se presente el fenómeno y, segundo, porque es el más grande de los pocos que se han registrado. Sin embargo, hay optimismo: se espera que en las próximas semanas, disminuya de manera natural.
La alerta inicial vino por cuenta de la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat, en inglés), que monitorea este tipo de cambios desde 1986.
La entidad intergubernamental informó el 18 de marzo que, entre el 1 y el 16 de ese mes, se presentó una “dramática” pérdida del 30 % de la estratósfera (capa de la atmosfera) en el Ártico, a la vez que publicaba una línea de tiempo entre 2009 y hoy. En ese intervalo de 11 años, solo se vio el agujero este 2020.
El 30 de marzo, una vez más, Eumetsat se refirió al respecto. “La capa de ozono llegó a un mínimo histórico en 2020. Por condiciones meteorológicas especiales, se ha llegado a una temperatura estratosférica inferior a los -80ºC. Así, debido a la luz solar y a los químicos, se han observado niveles muy bajos de ozono. Normalmente, la estratósfera sobre el Ártico es muy cálida y el vórtice polar (un ciclón permanente en los polos) es inestable”.
La Nasa, en ese sentido, también publicó una progresión de cómo durante cada día de marzo aumentó, de manera progresiva, el agujero en la capa de ozono que cubre el área central del Ártico. Algo que es más común que ocurra en la Antártica durante la primavera.
“En la Antártica cada año se forma un agujero de ozono por los vientos, permitiendo que se formen nubes. Estas condiciones son mucho más extrañas en el Ártico, que tiene temperaturas más variables, por lo que no es usual la reducción del ozono. Pero este año, por fuertes oleadas de viento llegaron al Polo Norte y atraparon aire frío dentro del vórtice polar”, explicó la revista Nature.