Con un logo fabricado con cientos de casquillos de balas de diferentes calibres, el presidente brasileño Jair Bolsonaro hizo público su propósito de crear un partido a su imagen y semejanza, como en la Biblia, sobre la cual prometió crear una nueva nación.
Atrás deja al Partido Social Liberal con el que ganó la presidencia, y ahora se apresta a conseguir las 490.000 firmas que requiere para matricular su partido Alianza para Brasil, que representa los ideales de una extrema derecha encarnada en él mismo.
Este movimiento promete enarbolar las banderas del cristianismo, especialmente de las iglesias neopentecostales que se han extendido por todo el país, pero también las de la Fuerza Pública y las de aquellos que reclaman el uso libre de las armas.
No es gratuito que Bolsonaro haya elegido el 38 como número electoral, haciendo referencia al calibre más preciso de revólver, algo de fácil recordación entre su electorado.
De acuerdo con Cristina Gomes, profesora e investigadora de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en México (Flacso), la principal motivación del presidente es la legalización del uso de las armas en su país.
“El presidente busca construir un partido hecho por él, para él y de él”, dijo Gomes, teniendo en cuenta que “Bolsonaro es el militar más radical de su grupo de torturadores durante la dictadura”.
De hecho, ayer Bolsonaro defendió la ley presentada por el poder Ejecutivo ante el Congreso que contempla eximir a policías y miembros de las fuerzas de seguridad de eventuales condenas y sanciones por acciones letales durante operativos.
“El proyecto nuestro se trata de Garantía de la Ley y el Orden” y con él se pretende ampliar la llamada “Ley de Exclusión de Ilicitud”, contemplada en el Código Penal, manifestó. “Eso es lo que ellos buscan”, expresó Gomes.
Ideología: lo más importante
La Alianza para Brasil busca recuperar el lema del partido Integralista, que era un movimiento fascista muy poderoso en la década de 1930: “Dios, patria y familia”.
“Esta propuesta se basa en supuestas libertades individuales como el derecho de portar un arma, el respeto a Dios y el respeto a un tipo específico de familia. Es un partido de extrema derecha, muy conectado a la religión cristiana, en la que hay católicos y evangélicos, y muy militarista en el asunto de la seguridad pública”, anotó Ana Luiza Matos, profesora visitante de Flacso Brasil.
Y es que como dijo Gomes, para Bolsonaro la ideología debe estar por encima de todo, incluyendo la economía y la política.
En el evento en el que el mandatario hizo público su propósito se escucharon frases como: “La laicidad nunca ha significado ateísmo obligatorio” y “no habrá ningún progreso sin la defensa de la vida humana desde la concepción”.
Lo que da de momento algunas pistas de lo que planteará este nuevo partido en la arena política.
Lula: el enemigo público
“Con la libertad del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva quien gana es Bolsonaro”, explicó Jairo Libreros, internacionalista de la Universidad Externado de Colombia.
Con él ya no solo puede tener un discurso anticomunista lleno de palabras sino que puede construir un enemigo de carne y hueso, un rostro muy conocido al cual atacar.
Y Lula lo sabe, por eso ha salido a reclamar los logros que considera suyos: “Bolsonaro ya ha dejado claro lo que quiere para Brasil: destruir todas las conquistas democráticas y sociales de las últimas décadas”.
Sin embargo, el discurso de Bolsonaro cala entre los brasileños, aunque su aceptación ha disminuido, en todas las encuestas supera el 35 % de favorabilidad, es decir, más de 50 millones de personas están a su favor, piensan como él.
Los analistas consultados coinciden en que hay una gran porción de la población que añora la dictadura, que es racista, homófoba y entiende la defensa personal como un derecho vital. Eso es lo que quiere capitalizar Bolsonaro, ahora a nombre propio.