La tensión en el mar de Omán no cesa. A los intereses estratégicos de Rusia y Estados Unidos en el paso de petróleo por el estrecho de Ormuz (ver infografía), se suma el calderín político generado por la actitud contestataria entre Donald Trump y el presidente de Irán, Hasán Rohaní.
A nueve días de que el país asiático supere el límite de reserva de uranio estipulado internacionalmente, el Pentágono anunció el lunes el envío de mil soldados a la región, luego de acusar a Irán de haber atacado dos buques petroleros: el Kokuka Courageous, de propiedad japonesa, y el Front Altair, de una empresa noruega, el pasado 13 de junio.
Por su parte, Teherán ha negado ser responsable por el ataque y este martes, la agencia oficial de noticias iraní Irna aseguró que ese país desmanteló y llevó a la justicia a una “red de espionaje” que estaría vinculada a la CIA.
La amenaza del uranio
Un posible punto de partida para la tensa situación actual fue el retiro de EE. UU. del Acuerdo Nuclear con Irán en mayo del año pasado, pues el presidente Trump consideró que dicho tratado había sido mal negociado.
A partir de ese momento, el Gobierno Trump reactivó una serie de sanciones económicas que podrían terminar por asfixiar a Irán, entre otras, por la adquisición de dólares y por las transacciones relacionadas con petróleo.
Luego, el pasado 6 de mayo, en lo que el consejero de Seguridad Nacional estadounidense, John Bolton calificó como “un mensaje claro e inequívoco al régimen iraní”, el Gobierno de ese país admitió el envío de un portaviones a aguas de Oriente Medio.
Y a manera de respuesta, el portavoz de la Organización Iraní de Energía Atómica, Behruz Kamalvandi, advirtió esta semana que, a partir del 27 de junio, ese país sobrepasará el límite de 300 kilogramos en reservas de uranio, materia prima para la construcción de armamento nuclear, contemplado en el acuerdo internacional del que Estados Unidos se había apartado.
Expertos consultados por EL COLOMBIANO coinciden en afirmar que la presunción de una escalada nuclear, que Rohaní ha insistido en negar, se convierte en caballo de batalla para justificar posibles acciones militares en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, una zona geoestraégica para el comercio del petróleo.
Sin embargo, para Juan Carlos Herrera, experto en Geopolítica de la Universidad de Medellín, en este escenario hay un protagonista detrás del telón: Israel.
“La política exterior estadounidense en relación con el Medio Oriente se fabrica en Jerusalén. Hace mucho tiempo que Benjamín Netanyahu, el reelegido primer ministro israelí, tiene dentro de su agenda el propósito de interrumpir el programa nuclear de Irán, que hasta ahora ha sido pacífico. Por eso Trump, empujado por Netanyahu, se apartó del acuerdo internacional”, expresó el académico.
Fines electorales
Pero otro de los objetivos para los que se estaría utilizando la actual escalada de tensión, sería el de legitimar discursos populistas con una clara tendencia ideológica.
Desde su llegada a la presidencia, Trump ha calificado a Irán como “la nación que apoya el terrorismo” y en casos puntuales, como el ataque a los buques petroleros, ha responsabilizado al país islámico sin presentar pruebas.
Así lo advierte el experto en Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, David Castrillón, quien señala que “la principal pregunta que queda por resolver es quién es el verdadero responsable de dicho ataque”.
El momento no podría ser más crucial: “El lanzamiento de la campaña de reelección de Trump, a lo que podría deberse el envío de tropas, la retórica que se ha usado, acciones relacionadas con la campaña que quieren mostrar a Trump como un insurgente. Es una estrategia que ya hemos visto, por ejemplo, con Barack Obama y el conflicto en Siria, o George Bush y la guerra de Irak”, concluyó Castrillón .