Es fundamental avanzar en un plan bien estructurado que permita sustituir los ingresos y el valor agregado que genera a la economía el sector minero-energético.
Las medidas orientadas a mitigar los graves efectos del calentamiento global ya deben contemplar el preocupante aumento general en la temperatura media anual, sobre la que se pronostica un 50 % de probabilidades de que, en alguno de los próximos cinco años, supere de manera transitoria en 1,5 oC los niveles industriales, es decir, el límite inferior que establece el Acuerdo de París sobre el cambio climático, como lo revela la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
En esa línea, y con el objetivo de lograr una transición energética bien estructurada, Tomás González, director del Centro Nacional de Estudios en Energía (Cree) y exministro de Minas, afirma que en el Cree se han planteado una pregunta fundamental alrededor de ¿cómo cumplir las metas de descarbonización de la economía, siendo que estas están orientadas a ser carbono neutrales a 2050 y a un mínimo costo? Además, teniendo en cuenta a todos los energéticos, debido a la integración de energía que existe en Colombia.
Su conclusión se resume en que es necesario mirar lo que eso implica para el país en cifras y tener una discusión franca sobre todo lo que se debe hacer, con el fin de meterle realismo a esa conversación.
“Para el primer aspecto, antes se tiene que determinar cuáles son los sectores que deben aportar la mayor reducción de emisiones, donde el de transporte aparece encabezando la lista, siendo el principal emisor; en tanto que el sector de generación eléctrica es el que más rápido se tiene que descarbonizar (e idealmente a 2030 estar en cero emisiones). Luego vendría la industria, que es el segmento más difícil de descarbonizar, porque las tecnologías aún no están ahí”, explica el directivo.
Luego, y para poder realizar esas reducciones que se requieren, la pregunta obligadas es ¿cómo se tiene que ver la matriz energética y de dónde va a salir la energía que se va a consumir?
Para González, aquí queda en evidencia que la electricidad tiene que multiplicarse en más o menos cuatro veces la cantidad de energía eléctrica que consume el país; aparte de que el consumo debe moverse hacia esa fuente energética, lo que supone varios cambios como multiplicar por cinco la capacidad de generación actual en los próximos 28 años.
“Aparte de esto, necesitamos mucho más gas para la transición, ya que esa es una forma de sustituir combustibles que producen más emisiones; además considerar qué hacer con el gas natural que es conocido, al igual que su logística, los buenos precios y que lo sabemos usar, mientras maduran las tecnologías de más bajas emisiones. Calculamos que en 2040 vamos a requerir más o menos el doble del gas que consumimos hoy”, precisa el exministro González.
Adicionalmente, sostiene que es necesario el desarrollo de diferentes tecnologías, y eso toma tiempo, como el hecho de que el hidrógeno se vuelva una realidad y se pueda emplear como combustible o que se desarrollen las baterías y se posibilite el almacenamiento de energía; además de nuevos combustibles líquidos de bajas emisiones, entre otras alternativas.
A su turno, Daniel Medina Velandia, presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros (Aciem), dice que para lograr una transición energética ordenada y cumplir con los compromisos de reducción de las emisiones de los gases efecto invernadero (GEI), en términos de confiabilidad y seguridad, el país debería actuar en todos los sectores involucrados. En energía, específicamente, sostiene que se debe estimular la expansión de la oferta de manera variada y amplia, en relación con utilizar un portafolio de recursos y tecnologías que permita que la inversión realmente refleje la oportunidad para cubrir las necesidades de los usuarios, con precios competitivos y sin arriesgar la seguridad energética.
Por ello, cree necesario actualizar e incluir en la hoja de ruta de la transición energética un mapa completo de las acciones imprescindibles en cuando a deforestación y en sectores como transporte e incluir costos, plazos y prioridades explícitas, según las metas de descarbonización alcanzables.
“Adicionalmente, la participación de la demanda y la optimización del consumo energético se debe ver como un objetivo ambiental, de cambio climático, y como una oportunidad para crear valor al bajar costos energéticos en los hogares, en la industria y el comercio”, señala el directivo.
Para que todo esto sea posible, el ambientalista Juan Pablo Ruiz agrega que es necesaria una red de interconexión que permita también la producción de energía desde los hogares que, como ya se hace en muchos países, y que en Colombia puede ser una alternativa, ya sea para vendérsela al sistema o para el consumo directo y que contribuiría a la democratización de la generación y el consumo de energía.
Al respecto, el Presidente de Aciem asegura que en el mundo no existe transición energética sin expansión de redes, y que los proyectos en curso implican importantes retos de diseño, licenciamiento, construcción y puesta en operación.
“Debemos lograr la seguridad energética agilizando la infraestructura que se encuentra en construcción y que atraviesa dificultades, debido a las condiciones políticas, sociales y ambientales para tener una confiabilidad, derivada de una expansión eficiente con diferentes tecnologías”, subraya Medina.