Con mucho dolor y rabia recibo la noticia de la muerte de la colega Marjorie Kisner. Esto es el reflejo, por cierto brutal, de la triste situación de nuestro país y de nuestra profesión: Colombia es un país urgido de atención en salud mental, pues tanta guerra, tanta pobreza, tanta ignorancia, entre muchos factores, nos está matando.
Siempre he sostenido que el psiquismo es como la cenicienta aquí en nuestro medio: desde él parte lo bueno y lo malo del ser humano, pero siempre, relegado.
No tenemos una conciencia colectiva de lo importante y necesario que es cuidar la salud mental y protegernos de incurrir en comportamientos nocivos, tanto para el individuo como para lo social.
Los gobernantes poco se detienen en asignar presupuestos suficientes para el desarrollo de programas y proyectos que atiendan y prevengan en salud mental.
Los proyectos existentes al respecto nos muestran, a través del caso espeluznante de Marjorie, que tienen fallas en su diseño, además de que no son continuos y cuando lo son, entre un contrato y otro, hay demoras que afectan los procesos iniciados y que dependen del deseo del gobernante de turno.
El ejercicio de la psicología tiene mucho de vocación, y muy poco de interés económico, pero aún así seguimos trabajando porque creemos en la capacidad de cambio y de recuperación del ser humano. Pero hay que anotar que casi siempre "se trabaja con uñas", por razones de presupuesto. Tal vez esto incidió en este terrible caso.
Lea el texto completo en el blog ¿de qué habla la gente? en www.elcolombiano.com
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