Al 40 por ciento de las familias de Medellín no les alcanza el dinero para tener una vivienda formal. Además, el 25 por ciento considera que sus ingresos son demasiado bajos para soñar con una casa digna y propia.
Así se concluye del estudio ‘Un espacio para el desarrollo’, radiografía del Banco Intermericano de Desarrollo (BID) de las condiciones de acceso a vivienda digna en 18 países y que se apoyó en encuestas a hogares de 41 ciudades.
Pero hay más datos: una de cada tres familias de América Latina y el Caribe, cerca de 59 millones de personas, habitan en una vivienda no apta, construida con materiales precarios o sin los servicios básicos requeridos. Más aún, casi dos millones de los tres millones de hogares urbanos que se forman cada año en las ciudades latinoamericanas terminan en zonas marginales por la insuficiente oferta de viviendas adecuadas y asequibles al bolsillo de las familias.
El estudio calcula que para reducir el déficit habitacional de la región solo con viviendas construidas por los gobiernos, se debería multiplicar por siete la inversión actual. En plata blanca, son más de 310.000 millones de dólares, o el 7,8 por ciento del producto bruto de la región.
Así el BID alertó sobre una crisis habitacional sin precedentes en el Primer Encuentro de Ministros de Vivienda de 12 países de Iberoamérica, que concluye hoy en Medellín, como preámbulo a la feria Expocamacol 2012, que abrió ayer.
“El mayor obstáculo que existe en la región es el acceso al crédito por parte de una gran porción de la población que vive en la informalidad, sumado a la falta de suelo urbanizable en vivienda para estos segmentos”, comentó a este diario César Bouillon Buendía, economista líder de Investigaciones del BID.
Colombia, en veremos...
En términos generales, Colombia sale entre los mejor librados en condiciones de la vivienda al evaluar infraestructura, materiales, tenencia segura y hacinamiento, pero es el sexto país con mayor déficit cuantitativo: el 37 por ciento de sus hogares no tiene un techo para vivir o habitan en una vivienda de mala calidad, por encima de Venezuela, Brasil, Chile y Argentina, y tres veces más que en Costa Rica, el país con mejores condiciones habitacionales.
Más grave es que Colombia, siendo la cuarta economía de la región, mantenga un índice de informalidad laboral de más de la mitad de su población ocupada, lo que explica en parte que tres de cada 10 hogares vivan en arriendo, no por opción, sino porque no tienen de otra.
De hecho, el mismo ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, reconoce que el esquema de ahorro programado, sumado al subsidio oficial y el crédito de largo plazo, caducó para el 30 por ciento más pobre de la población.
“Hay familias que con sus ingresos actuales, tardarían 14 años en ajustar el ahorro programado para su vivienda propia”, comentó Vargas Lleras.
Por eso, Sandra Forero Ramírez, presidenta de Camacol, el gremio de los constructores, considera que hay que generar otros instrumentos financieros y no pensar en vivienda propia como única solución.
“Para los que no puedan aportar nada, están las viviendas ciento por ciento financiadas por el Gobierno, pero otros podrían tener una alternativa en el arriendo con opción de compra que está en reglamentación”, indicó.
El BID sugirió a Colombia incentivar la construcción de vivienda en arriendo, al tiempo que ve con buenos ojos el reciente modelo de macroproyectos como paso para masificar la construcción de vivienda para estratos bajos. Ya hay 12 de estas iniciativas en ejecución en el país que habilitarán 270.000 viviendas y otros 12 macroproyectos están en camino con 115 mil viviendas.
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