Mientras Ana Mejía Valiente acomoda los aguacates que vende en un pequeño toldo de verduras en la plaza de mercado de Caucasia, en el Bajo Cauca antioqueño, cuenta que ya no los tiene que comprar fiados a 3.000 pesos cada uno, sino de contado a 2.700 pesos.
Lo pudo hacer por el préstamo de 500.000 pesos para ampliar su negocio que le aprobó La Lucha, como se llama el Grupo Local de Ahorro y Crédito (Glac) que ella preside y empezó en mayo pasado con 12 vecinos y familiares del humilde barrio El Paraíso.
"Pudimos comprar más surtido y pasamos de vender con mi esposo unos 150.000 pesos semanales a 250.000, ya no tenemos que comprar fiado y pudimos pagar el crédito", cuenta con satisfacción esta mujer de 34 años.
Ella ahorra en La Lucha mediante la compra de acciones, cada una a 5.000 pesos, y de las que puede adquirir hasta cinco en cada reunión que tienen religiosamente cada quince días. Adicionalmente, hay un aporte de 1.000 pesos para un fondo social que se emplea en caso de eventualidades o urgencias que tenga alguno de los integrantes
Con sus aportes y las ganancias de actividades como vender carnes asadas, Ana ya tiene ahorrados 400 mil pesos, en los últimos ocho meses, cuando nunca antes lo había hecho. Además el Grupo le aprobó el préstamo para comprar un cemento que necesitaba para su casa que ha construido de a poco.
"Lo mejor es que ya no tengo que acudir al pagadiario que cobra un 10 por ciento de interés, en cambio aquí con lo reuinido entre todos, y siempre con la aprobación de todos, nos prestamos a solo 3 por ciento, como dice el reglamento", agrega Ana mientras atiende a un cliente.
La experiencia de ella y sus vecinos no es ninguna natillera y no presta a terceros, menos a altos intereses. Tampoco es una pirámide, pues los Glac se ajustan a la normatividad financiera, tanto en número de miembros, de 11 a 19 como máximo, así como en los recursos que reúnen en un baulcito de madera llamado kit ahorrador.
La caja tiene tres candados. Cada una de las llaves que los abren en la reunión es portada por un miembro del Grupo, distinto al presidente, el registrador, el portador de la caja y de los dos contadores.
Además las personas pueden hacer aportes adicionales, yendo hasta la casa donde está la cajita y por una ranura meter los billetes o monedas que son ingresados a la libreta individual en la reunión. Por eso el mayor activo es la confianza y solidaridad construidas entre todos.
Este método se creó en 1991 en Nigeria, ya vincula a 8 millones de personas en el mundo, llegó a Colombia como política pública impulsada por la Banca de las Oportunidades, y ahora cuenta con 71 mil ahorradores en el país.
De ellos, 11 mil fueron vinculados desde mayo pasado por el programa Colombia Responde, financiado con recursos de cooperación internacional (Usaid).
Esta iniciativa interviene en 15 municipios golpeados por el narcotráfico y el conflicto armado en el Bajo Cauca, norte de Antioquia y el sur de Córdoba, que son parte del llamado Plan Nacional de Consolidación Territorial (ver recuadro).
Solo en Antioquia ya hay unos 4.500 ahorradores, la gran mayoría mujeres de escasos recursos económicos. Una buena parte vive en zonas distantes a donde los bancos no llegan y tampoco cuentan con la capacidad de pago y requisitos que exige una entidad financiera tradicional.
Pero hasta allá sí llegan los 25 facilitadores que acompañan las reuniones de 475 Glac conformados en el Bajo Cauca y sur de Córdoba. El proyecto es operado en esta región por la Asociación de Mujeres de Caucasia (Asomuca), bajo la jefatura de Paola Fernández Garay, quien celebra que cada grupo tiene la capacitación requerida para seguir autogestionándose en el futuro.
Ella acompañó a este diario hasta El Guarumo, vereda de Cáceres, a orillas del río Cauca, donde ya es normal hablar de compra de acciones, de aportes al fondo social y créditos a solo 3 por ciento de interés mensual.
En este cálido pueblo que que vive de la minería artesanal, de sacarle pescado al río y de convertir el maíz en bollos o arepas que se venden a orilla de carretera, están los grupos locales de ahorro y crédito La Fortaleza y Las Fantásticas.
El primero, agrupa a 16 mujeres que han sabido sobreponerse a los embates de la extrema pobreza y hacer rendir lo que el marido les da para la comida y tener cómo ahorrar por lo menos la acción obligatoria de cada dos semanas, es decir 2.000 pesos.
"Cuando nos tocó sufrir lo del paro minero ninguna tenía un peso para ahorrar, pero igual nos reunimos y pensamos en actividades como la rifa de un celular que nos dejó para comprar acciones y algo de ganancias para todas", comenta Mariluz Pérez, ama de casa de 27 años y con dos hijos.
Ella afirma que no se gastará lo ahorrado en ocho meses con la meta de ajustar el próximo año y tener con qué montar el almacén de zapatos que se sueña con su esposo.
Entre las 14 integrantes de Las Fantásticas está Alba Torres, de 53 años, quien nunca había ahorrado y ahora lo puede hacer, pese a que sostiene a cinco de sus siete hijos y tiene a su esposo muy enfermo, luego de ser víctima de una bala perdida durante el paro minero de julio pasado.
"Las compañeras me dieron su apoyo y los 50 mil pesitos que había en el fondo social me los donaron y pude comprar una droga que necesitaba con urgencia mi esposo", comenta Alba, mientras luce la camisa blanca que la distingue como una de Las Fantásticas.
Y así como los Glac acogen niños, ancianos, hombres y mujeres, indígenas, afrodescendientes y discapacitados, no solo son alternativa para los de más bajos recursos, también para quienes tienen mejores ingresos y hallaron en estos grupos una forma de ahorrar y crecer sus negocios y finanzas personales.
Es el caso de los 14 integrantes de Los Emprendedores, grupo que se reúne en el barrio Pueblo Nuevo, de Caucasia y tiene desde comerciantes, amas de casa y dos parejas de casados.
En la noche del jueves liquidaron el fondo. Contando la plata a la vista de todos y con calculadora en mano, al final sumaron 389 acciones y 4,15 millones de pesos, ¿y la rentabilidad?: de 692 pesos por acción.
Al final, 12 decidieron continuar el año que viene. Varios dejaron desde ya aportes de 10 mil o 12 mil pesos en baulcito, entre ellos, el ganadero Jhon Jairo Cleto Navarro, quien concluye: "si plata llama a plata, ahorro llama a ahorro, ¿sí o no?".
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