AJuan Carlos de Borbón ya se le conoce en España como el "Rey padre" y este título parece cobrar más sentido cuando la persona que lo llama así es un hombre que lo está demandando para ser reconocido legítimamente.
Seguro de que los 98 documentos que avalan su historia serán tenidos en cuenta por el juez y sin importarle lo que digan los defensores del monarca, Albert Solà Jiménez está dispuesto a llegar hasta los tribunales europeos para exigir que Juan Carlos se haga una prueba de ADN que certifique parentesco.
Con su abdicación, el Rey perdió su carácter de inviolable (no podía ser llamado por ningún juez ni para declarar ni para ser juzgado), y mientras el Congreso no determine cuál será la fórmula que le de afuero judicial, el abogado de Albert Solà Jiménez aprovecha este vacío para presentar nuevas pruebas en la demanda de octubre de 2013.
"El 23 de junio (hoy) presentaremos una alegación basada en el artículo 286 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, que prevé los hechos nuevos como base para ampliar demanda. El Rey ya no es inviolable y aunque nos dijesen eso, citaremos tres sentencias del Tribunal Constitucional que dicen que la condición de inviolable solamente es como institución, es decir, que no afecta los hechos privados de su vida civil. Además, presentaremos una nueva prueba de un expolicía del Centro de Inteligencia. Él asegura que se trata de una prueba de ADN hecha al Rey Juan Carlos y, según el contraste con el ADN de mi cliente, la coincidencia es de un 99,9 por ciento", asegura Francesc Bueno Celdrán, abogado del caso.
Según el letrado, las pruebas son suficientes como para que la demanda prospere "y si no la admiten, estaríamos ante prevaricación". Previendo el peor de los escenarios, Celdrán está listo para pedir incluso la exhumación del cuerpo de Don Juan (abuelo de Felipe VI).
De México a Madrid
Antes de explicar cualquier detalle de su historia, Solà Jiménez aclara que no lo motivan aspiraciones económicas ni ínfulas de aristocracia: "no quiero títulos nobiliarios ni mucho menos pedir el trono. Cuando vi a mi hermano Felipe coronarse Rey me emocioné mucho y le deseé lo mejor. Lo que a mí me mueve es el deseo de ser reconocido, de que se aclaren mis orígenes".
Las dudas sobre su apellido surgieron en 1982, un mes antes de partir hacia México a buscar trabajo. "En la Maternidad de Barcelona, el director me explicó que mi adopción fue una de las más complejas. Me dijo que nunca estuve en el hospicio sino que después de nacer me llevaron a Ibiza y que mis apellidos eran Bach Ramón. Lo vi muy nervioso, pero finalmente me dijo una cosa que se me quedó grabada para siempre: "a su padre búsquelo en la política. Si no sucede nada en este país, permanecerá ahí muchos años".
En 1986, Solà se ve obligado a buscar los papeles que certifican su identidad para poder casarse en México. El acta de nacimiento que recibe es distinta a la que él tiene y ahí empiezan las "rarezas". En 1988, decidido a saber quiénes eran sus padres, vuelve a pedir explicaciones a la Maternidad de Barcelona pero la respuesta es que cualquier reclamo debe ser "por vía judicial".
En 1993 entra en escena el nombre de Josefa Gañeta, mujer que sería su madre biológica. "Dos años después, mi esposa recibe una llamada anónima desde Madrid en la que le dicen que Gañeta no es mi madre y aquello fue muy duro para mí, así que decidí a averiguar la verdad", cuenta Solà mientras reconstruye año por año los detalles de su búsqueda. En 1998 contrata a unos detectives privados que investigan cómo se hacían las adopciones durante el franquismo. Descubren, por ejemplo, que el término "chupete verde" que aparecía en los papeles de la Maternidad de Barcelona, se refería a niños de "sangre azul", y que en casos delicados se rotaba los apellidos; de manera que Albert no sería hijo de Ana María Bach Ramón sino de Ana María Ramón Bach.
"En ese momento se me abre otro escenario porque descubro que los Ramón Bach eran una familia muy influyente y rica y que cuando Ana María me tuvo, a los 18 años, la trasladaron a Suiza". Según las pesquisas, Ana María y Juan Carlos de Borbón tuvieron una fugaz relación de la que quedó un hijo, nacido en Barcelona, en agosto de 1956.
El bebé fue trasladado a Ibiza donde la mujer que lo cuidaba recibía altas sumas de dinero. En 1964, Albert fue adoptado por la familia Solà Jiménez, de Sant Climent de Peralta (Girona) y según dice, "a pesar de que eran pobres, nunca me faltó nada".
Pero lo que lo marcó para siempre fue su encuentro con el juez Jorge Maza Domingo, quien le entregó información. "Me mandó llamar y me dijo, extraoficialmente, que mi padre era Juan Carlos I. En ese momento se me vino a la cabeza toda la película que había vivido y entendí muchas cosas".
Lo primero que averiguó, gracias a los documentos que le entregaba el juez, es que "Josefa Gañeta perdió un hijo de nombre Alberto cuando éste tenía cinco años y de ahí la confusión". También se dio cuenta de que Ramón Bach sigue viva, aunque no han tenido contacto, y que en Bélgica había otra mujer que decía que Juan Carlos también era su padre.
Con una serenidad impactante y la seguridad que le da una carpeta roja con todos los documentos que certifican su historia, Solà Jiménez enumera detalles, recuerda fechas, menciona nombres y repite que su motivación es la verdad.
"Prometí por carta a la Casa Real que Felipe tendría mi apoyo y prueba de ello es que no hice ningún escándalo mediático durante su proclamación. Lo que busco es que mi padre me reconozca porque estoy en mi derecho", reitera el hombre que hoy se dedica a ser camarero
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