José Joaquín Berrío Molina es un caficultor de Caicedo que se esfuerza por producir café especial. Sigue mejorando su finca para optimizar ganancias.
Del café siempre he vivido. Recuerdo cuando era niño, a los abuelitos: ellos sembraban café Pajarito. También caña. Después llegó el caturro y variedades especiales.
José Joaquín Berrío Molina canta sus versos en el patio de su casa, sembrada en medio de un cafetal. Con una guitarra visiblemente trajinada y con el pulgar de su diestra coronado por una uña artificial que mantiene en el bolsillo para posibles toques.
Es uno de los cultivadores de café especial, en su finca El Edén, de la vereda El Hato, de Caicedo, la cual fue formando, comprándoles a sus hermanos los predios que habían heredado de sus padres, muertos hace tiempos.
“Cuando yo era niño, mi papá, Juan Gregorio llamaba él, que en paz descanse, murió cuando apenas tenía 35 años, manejaba...
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