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Todo cambia, menos Amparo Grisales: comienza la novena temporada de Yo me llamo

Desde este 26 de julio, a las 8 p.m., la actriz volverá a las pantallas nacionales en una nueva entrega del reality musical.

  • Amparo Grisales ha protagonizado algunas de las telenovelas y las películas más importantes de la industria audiovisual colombiana. Desde hace nueve temporadas es jurado de Yo me llamo. FOTO Canal Caracol
    Amparo Grisales ha protagonizado algunas de las telenovelas y las películas más importantes de la industria audiovisual colombiana. Desde hace nueve temporadas es jurado de Yo me llamo. FOTO Canal Caracol
25 de julio de 2023
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Ni Melina Ramírez —la definición viva de estatua griega— ni Carlos Calero —un dispensador de sonrisas—– ni Pipe Bueno —el bacán caribonito del grupo— le quitan un centímetro de tarima a la diva. Más bien orbitan a su alrededor, complacientes o distantes de los rayos de su carisma. No hay duda: el escenario es el hábitat de Amparo Grisales. Eso salta a la vista en el set de Yo me llamo, el formato de reality show que premia a los imitadores de los cantantes famosos y que, durante nueve años, ha tenido números satisfactorios en los índices de audiencia.

El programa ha aplicado a rajatabla el viejo adagio de la televisión y el futbol: lo que funciona no se cambia. O sí se cambia, pero de tal forma que parezca que no. O, mejor, se cambia todo menos a Amparo Grisales.

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Una semana antes del estreno oficial, Caracol Televisión ha convocado a periodistas de medios regionales y bogotanos para dejarles ver en pantalla gigante el primer capítulo del show. La proyección se realiza en el set de grabación, que los jurados y los presentadores llaman con exceso de entusiasmo “el templo de la imitación”.

Por petición de los productores del programa, del capítulo no se puede decir mucho, salvo que teje una narrativa que une tres ingredientes vendedores: el pesar, la risa y el talento. Por las reacciones del público especializado —al fin y al cabo la mayoría de los periodistas trabajan en las secciones de farándula de sus respectivos medios— el programa, o al menos este primer capítulo, será un éxito. Una vez concluye la primera parte del acto, se deja a los reporteros en la libertad de acercarse a los jurados o a los presentadores. Y justo ahí empieza el otro show, el de Amparo Grisales.

Los tres jurados y los presentadores se ubican en puntos distintos de la escenografía. Cada periodista debe hacer una fila ante quien quiera entrevistar. De inmediato se ve que la fila más larga es la que nace a pocos pasos del sofá en el que la diva se cruza de piernas y sonríe a las cámaras y a los micrófonos. El periodista en turno se acerca a ella, se presenta y le pasa el micrófono. A cada uno lo recibe con un beso en la mejilla y un “me saludas a la directora” o “yo he sido portada varias veces de esa revista” o “¿quién está a cargo de la publicación?” o “décile a la directora que tengo fotos nuevas, inéditas”.

Es imposible no escuchar las preguntas de los colegas. Muchos le preguntan por el rumor que la señala como la responsable del regreso de Pipe Bueno al set. En las versiones anteriores de Yo me llamo, estuvieron en la mesa del jurado, casi que codo a codo con la diva, los cantantes de música popular Jessi Uribe –también famoso luego de su paso por un reality, en su caso La Voz– y Yeisón Jiménez.

A pesar de que ambos cuentan con miles de seguidores en redes sociales, salieron discretamente del programa, después de altercados con Amparo Grisales, al menos eso dicen en voz baja varios periodistas. Algo parecido le ocurrió al productor Jairo Martínez, uno de los primeros jurados del formato. Nunca ha sido sencillo compartir set con las divas. Ni con Greta Garbo ni con María Félix ni con Amparo Grisales. Ellas son soles que no toleran la sombra.

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Alrededor de Amparo aletea un joven que, cada vez que una nueva cámara la enfoca, se ubica detrás del camarógrafo para fijarse en el plano y el ángulo de la toma. Además, presiona un spray de laca capilar sobre la cabeza de la diva y le pasa los dedos por su pelo lacio. En distintas entrevistas, Amparo responde preguntas por su carácter. La gente se ha acostumbrado a las actrices que son una montañita de azúcar y no sabe muy bien qué hacer con las que dicen no a los concursantes y le llevan la contraría a los colegas del set. Tampoco las redes sociales saben en qué parte del espectro ideológico poner a las mujeres que van de frente contra los dictados del feminismo actual o no se limitan a repetir los mantras del discurso políticamente correcto.

Me siento a su lado, percibo el movimiento de su torso y la elegancia de las manos. Le pregunto, ella contesta. En un momento de la entrevista ella me dice que detesta el vocabulario surgido de la pandemia de la covid-19, ese arsenal lingüístico que hace del mundo un afelpado parque de diversiones. Dice odiar las palabras empoderamiento, resiliencia. “Detesto esas cosas de influencers”, dice y no parpadea.

Habla de la música que escucha en sus ratos libres. Le gustan las composiciones que reproducen los sonidos de la naturaleza. También las canciones del pasado, que destilan poesía. Dice haber visto con papel y lápiz los videos de los cantantes actuales, una forma de estar al tanto de lo nuevo para cuando un concursante llegue al escenario vestido de –qué sé yo– Rosalía, Rauw Alejandro o el Conejo malo. Ha visto las versiones de Yo me llamo, hechas en otros países. Lo hace para conocer los criterios que emplean otros jurados. Luego dice haber estudiado música en su infancia en Manizales, pero que ella pertenece a esa generación de actrices a las que el público colombiano no les dio la licencia de ser también cantantes. “Las actrices cantantes son muy normales en otros países, aquí no tanto”.

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Al final de la entrevista ella misma trae a colación el asunto de su edad. Ese dato se ha vuelto tema de memes y chistes y tomaduras de pelo. Por supuesto, no pocas veces esa inquina disfrazada de humor hunde sus raíces en la manía actual por la juventud, por encontrar las pócimas contra la vejez. Se adelanta a las alusiones y dice que los internautas que hacen chanzas sobre eso suelen ignorar lo que pasa en sus propios cuerpos. Y siguen sus respuestas hasta que la encargada de prensa hace el gesto de que debo cortar la conversación. Ahora entiendo los índices de audiencia de Yo me llamo: Amparo Grisales deja indiferentes a pocos.

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