El solo nombre de Andrés Parra en los créditos de una serie, película o propuesta teatral es sinónimo de calidad. Solo basta hacer un repaso por su amplia carrera para darse cuenta del éxito e impacto que han tenido sus personajes.
Ahora el actor caleño emprende un nuevo reto en su carrera, en el stand up comedy, con la obra Venga que sí es para eso, con la que llega este sábado 17 de febrero al Auditorio Marie Poussepin, en Envigado, con una única función a las 6:00 p. m.
Es una propuesta cruda, sin filtros, muy directa, en la que el artista aborda temas de su vida, como la depresión y la ansiedad, con la idea dejar un mensaje, a través de la comedia que “no vale la pena que sigamos viviendo una vida que no es la nuestra”.
Parra habló con EL COLOMBIANO acerca de eta nueva faceta en su vida, que no significa que vaya a abandonar la actuación.
¿Cómo surge la idea de hacer stand up comedy?
“Es un experimento, una cosa que yo quería hacer hace mucho tiempo; probarme en el stand-up, hacía muchos años le venía echando cabeza, pero no había encontrado el tema, algo que tuviera sentido para mí, pensé en hacer algo sobre lo que significaba ser actor en Colombia o sobre lo que significaba ser un actor gordo en Colombia, pero no aterrizaba hasta el día que se me acercó una productora y me dijo que lo hiciéramos. Le dije venda una fecha y comenzamos como para meter presión, y la vendió... en ese momento no tenía nada escrito, entonces fue: lo hago o lo hago”.
¿Cómo fue ese proceso de creación?
“Como a los dos meses ya tenía como el arco, tenía la idea, y lo fui aterrizando con la adrenalina de tener fecha de estreno. El stand up me parece un lenguaje muy jodido, porque a esto no hay manera de hacerle focus group o una prueba, no hay director que te oriente, el tanteo es en vivo, ante el público. Puede ser que la reventemos y nos vaya muy bien o que sea el fracaso absoluto”.
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¿Cuál es el eje del monólogo?
“Es contar un poco mi historia a través de mis vergüenzas, de mis miedos, de mis traumas.
Yo tengo un recorrido y una cercanía muy fuerte con la depresión. Mi familia estuvo atravesada por la depresión y yo he sido una persona que ha tenido una lucha constante con la ansiedad, con la angustia, con la tristeza, con la melancolía.
Tuve una experiencia hace un par de años muy reveladora, que hizo que yo cambiara radicalmente mi forma de ver la vida y es lo que quiero compartir.
Siento que la gran pandemia que viene ahora en la salud mental, la gente está absolutamente insatisfecha con la vida a pesar de tenerlo todo, como en mi caso.
Yo puedo decir que en un momento tuve todo lo que esta sociedad te exige para supuestamente ser feliz y aun así sentirme inmensamente infeliz.
Siento que hay un público que está queriendo respuestas, que está queriendo, digámoslo así, guías, pistas, y de pronto mi experiencia sirva de eso”
¿Cómo lo recibe el público?
“Estoy tratando de hacer un espectáculo muy divertido, muy vulgar, muy básico, porque yo soy así, sin filtro.
Pero si me preguntas cuál es la intención del monólogo, debo decir que es meterle una zarandeada a la gente, decirle que no vale la pena que sigamos viviendo una vida que no es la nuestra. No vale la pena que sigamos sacrificando nuestros sueños por agradarle a nuestros papás, a nuestros abuelos.
Yo creo que la gran depresión es esa, que estamos perdidos a unos personajes que no somos, cumpliendo unos sueños que no son de nosotros”.
Es paradójico que estas problemáticas, esta pandemia de salud mental, se cuente a través del humor. ¿La hace más cercana a la gente? ¿La hace más llevadera?
“Sí, no creo que haya otra forma, no creo que de una forma espiritual y tranquila tenga impacto. No creo que si saliera con un plato con incienso, de túnica y a hablar suave, las cosas funcionen, porque las cosas hay que decirlas por su nombre y hay que hablar de estos temas como hablaríamos con nuestro mejor amigo”.
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¿Qué balance hizo después de Monólogos de dos ciegos que creían ver, que estrenó el año pasado?
“De hecho fue el detonante para lanzarme solo, me di cuenta, primero, de que sí había algo para contar. Y segundo, que me parece todavía más importante, que había gente dispuesta a escuchar, que de verdad, hay gente que tiene preguntas y que se está haciendo preguntas y que a veces se identifica con la historia de uno.
El balance para mí es muy positivo y fue lo que me animó a lanzarme como solista. Y ahora, si el espectáculo llega a funcionar, mi plan es lograr hacer ya unas giras más grandes, irlo puliendo para que se convierta en un espectáculo con el que yo lo pueda disfrutar por lo menos un par de años más”.
Lo que significa una pausa en tu carrera como actor...
“No, no, realmente no. Yo sigo trabajando igual. Va a ser como un plus, más bien. Sería rico tener una peliculita o dos y una gira chiquita del stand up, pero no es que vaya a dejar de actuar o a abandonar el lenguaje televisivo o cinematográfico por el stand up”.
¿Qué es lo más complejo de hacer stand up comedy?
“Diría que lo más duro es la incertidumbre. Es no tener ni idea de qué va a pasar. Cuando se acercan las fechas de presentación tengo sueños feos de que la gente se sale o que llego y no me acuerdo de qué era lo que iba a hablar.
Empecé a sentir una adrenalina que ni como actor de teatro había experimentado.
Soy solo yo y lo que escribí, no hay escenografía ni actores ni director, Si el barco se hunde, soy yo el responsable, entonces eso no es chévere”.
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Quisiera preguntarle algo sobre la coyuntura que está pasando en el país con la serie Griselda, a partir de su experiencia como protagonista de este tipo de series...¿Por qué generan tanto escozor?
“Porque nos da mucha pena que nos conozcan. Somos una sociedad a la que le gusta meter la basura debajo del tapete, como que somos el papá que le pega a la esposa pero en la fiesta el padre ideal
Nos escandaliza más una serie de narcos, que los mafiosos sigan financiando a nuestros políticos, eso sí no importa, eso sí no daña la imagen del país”.