Osado dentro y fuera del agua, así es el nadador vallecaucano Jorge Iván Agudelo Vargas, conocido como Jorge Iván del Valle, quien tuvo que abandonar el país por las amenazas que recibió tras su lucha contra la corrupción en el deporte.
Este tulueño tuvo que continuar con su vida lejos de casa, de los suyos, concentrado en hacer historia cumpliendo retos extremos que lo exigen al máximo.
Desde 2021 se propuso el desafío de los siete mares, una maratón individual de natación en aguas abiertas, que consiste en cruzar a nado cuatro canales y tres estrechos, ubicados en diferentes partes del mundo. Desde San Francisco, Estados Unidos, donde está radicado, EL COLOMBIANO habló con el deportista que se prepara para cruzar el canal de Hawai.
No es común que un deportista exprese su opinión política, eso le ha traído problemas, ¿alguna vez se ha arrepentido de lo que opina o publica?
“No me arrepiento de nada, creo que en Colombia se acostumbró a los deportistas a que no tuvieran voz política, sino que nos dedicáramos a nuestro deporte y antes de ser deportista soy ciudadano colombiano y tengo derecho a expresarme y hablar sobre las inconformidades y problemáticas que pasan en mi país, en las ligas y de la Federación Colombiana de Natación. Obviamente esto acarrea problemas, la pérdida de patrocinios por irme en contra del Gobierno Nacional y denunciar la corrupción de estas entidades deportivas, pero lo seguiré haciendo. Espero que algún día las cosas cambien y que el dinero que entra a estas entidades no se lo guarden los dirigentes, sino que sea para los deportistas, que no tengamos que seguir pidiendo limosna cuando vamos a representar al país. Todo lo que he hecho ha sido con mi esfuerzo, el apoyo de mi familia y mis amigos”.
Ahora que está en Estados Unidos, ¿a qué está dedicado?
“He sido nadador toda mi vida, desde los 4 años, primero en natación carreras, pero en el 2017 aguas abiertas me cautivó, sentí esa magia por nadar en mares, lagos y ríos. Desde que me radiqué en EE. UU. me he concentrado en mi triple corona de natación, un proyecto que todavía está andando, nos falta una corona para completar ese gran reconocimiento para el deporte colombiano. Espero lograrlo este año, por ahora estoy preparando el reto de Hawai”.
¿Cuánto dinero debe invertir en este tipo de hazañas?
“Cada reto, más o menos, requiere una inversión entre los 15.000 y 20.000 dólares, y para Hawai serán 25.000 dólares. Ese es el presupuesto para cruzar el canal”.
¿Cómo obtiene esos recursos?
“Para Hawai el presupuesto es demasiado costoso porque no voy solo, sino que llevo a mi entrenadora, médico y el equipo de producción para unos documentales que estoy grabando. La idea es que vamos a estar aproximadamente 20 días en Hawai (hotel, alimentación, transporte, comida), para eso estoy haciendo una colecta en mis redes sociales, una especie de vaki para que las personas que quieran ayudarme lo puedan hacer”.
¿Cómo se está preparando?
“Entreno de lunes a viernes para tener, como mínimo, cinco sesiones de natación (3.500 hasta los 6.000 o 7.000 metros). Además, dos veces a la semana hago aguas abiertas. Aprovechando que estoy en San Francisco entreno en la Bahía y como el agua es tan fría (12 grados) esto me ha servido para que mi cuerpo se vaya adaptando a estas temperaturas, resistiendo más. Complemento con crossfit (cuatro o cinco sesiones a la semana) y como saludable (frutas, verduras, proteína, nada de dulces ni grasas)”.
¿Qué espera encontrarse en ese mar en la travesía?
“Aguas abiertas es un mundo totalmente diferente, no tenemos control de nada, te encuentras con corrientes, fauna marina (tiburones), nadar de noche, la temperatura del agua varía cada hora y Hawaii es el canal más fuerte y largo en el mundo. Puedes enfrentarte a un mar turbulento, corrientes fuertes, más de 40 especies de tiburón. Te puedes llevar muchas sorpresas, es una experiencia maravillosa. La preparación es bastante fuerte: física y mental, porque para nadar durante 10, 15 o 20 horas tienes que estar fuerte y controlar tu mente para llegar a la otra orilla”.
¿En qué consiste el reto?
“Esto tiene unas reglas muy específicas, una de las principales es que yo no puedo usar el traje de Neopreno, tampoco aletas, nada que pueda ayudarte a tener algún tipo de flotabilidad, solamente traje de baño, gorro y gafas de natación. Empiezas la prueba en la noche hasta que logres llegar a la otra orilla, puede ser desde 10 hasta 24 horas, dependiendo de las condiciones. Nadando sin parar, vas con un barco escolta, donde va la tripulación (médico, entrenadora, acompañantes y equipo de emergencia), también va un kayak a tu lado, que es el que te provee los alimentos durante el recorrido. Cada cierto tiempo se hace una parada para hidratarte sin dejar de flotar y no te puedes apoyar en nada, esa pausa no puede ser mayor a 40 segundos y continúas la ruta”.
¿Además de la hidratación, qué puede comer?
“No estoy acostumbrado a comer mucho, algunos nadadores comen un poquito de fruta o unos waffles pequeñitos como para darle un sabor diferente a tu boca porque todo el tiempo estás tomando líquido. Prefiero masticar unas gomitas que te dan un poquito de energía, pero son cosas muy pequeñas. No es es que puedas comer sudado de pollo o albóndigas, aunque sería delicioso después de tantas horas en el agua (risas)”.
¿Cómo es la preparación mental?
“Hablo mucho con mi entrenadora Nora Toledano, es mexicana y estoy muy feliz de trabajar con ella, es una mujer admirable, fue la primera latinoamericana en completar el reto de los siete mares. Contar con sus experiencias me ayuda mucho, escuchar también a otros nadadores de lo que ha sido, lo que han sentido. Estar allí no es fácil, la mente se pone a volar y empiezas a pensar en todo. El dolor físico te puede llevar a abandonar el reto, allí es cuando entra el poder de la mente, ese control y todo el entrenamiento para decir: ‘Estoy haciéndolo y definitivamente voy a llegar hasta la orilla, pase lo que pase’. También hago meditación y yoga”.
¿Qué piensa cuando está en el agua?
“Momentos de felicidad, tristeza, de mucha emoción por lo que estás haciendo. He llorado como una catarsis de todo lo que ha sido la vida. También me concentro en el nado, me dejo llevar, pongo la mente en blanco y siento la respiración hasta el punto de llegar a escuchar el corazón dentro del agua. Para mí el mar es sagrado, es mi mundo y le pido permiso para poder nadar para llegar hasta la otra orilla. Le pido que sople el viento a mi favor, que no vaya a encontrarme corrientes en contra, que no me vaya a pasar nada con ningún animal porque es otro miedo latente, un tiburón o cualquier animal que pueda hacerte daño, aunque creo que el miedo a los tiburones es más por lo que nos ha metido Hollywood (risas)”.
¿Qué es la triple corona?
“Es un reconocimiento de la Asociación Mundial de Aguas Abiertas, está compuesta por tres nados alrededor del mundo, se pueden hacer en cualquier orden. Ya hice el canal de Catalina, en California (cruzar de la isla de Catalina a las costa de Los Ángeles), el otro es darle la vuelta completa a la isla de Manhattan, en Nueva York, por debajo de sus 20 puentes y, la tercera, es el cruce del canal de La Mancha, en Inglaterra, ese es el que me falta para cumplir. Tengo que organizar mi situación migratoria para poder viajar a Inglaterra y hacerlo”.
¿Le gustaría hacer algún reto en Colombia?
“Me encantaría en el mar pacífico colombiano, amo el pacífico, me parece increíble, es de mis lugares favoritos en el mundo. He hecho muchos entrenamientos allí. Nadar de Gorgona a Buenaventura sería maravilloso, o en la isla de San Andrés y Santa Catalina o en La Guajira”.
¿Hasta cuándo se ve en este tipo de retos? ¿Cuánto tiempo más va a estar en el agua?
“Nací para esto, este es mi mundo y no hay una fecha límite, ni de vencimiento. La natación tiene esa posibilidad, si quieres puedes empezar a nadar a los 30 hasta los 100 años, no hay ningún obstáculo para hacerlo. La verdad, me veo nadando hasta que me muera”.
¿Qué siente al llegar al otro lado?
“Una alegría enorme, mucho orgullo de llevar mi bandera, porque mi historia no ha sido fácil, pero estoy aquí, abriéndole la puerta a más nadadores. Sé que muchos ni siquiera se podían imaginar que esto era posible, cruzar de un país a otro, una isla o un continente”.
¿Por qué decidió crear una fundación?
“Rosita es mi abuela y la idea de crear el taller de Rosita fue a raíz de que hace unos años tenía una competencia en Estados Unidos, un Panamericano, y terminamos vendiendo cojines hechos por ella en su máquina de coser para poder recoger el dinero y competir. Eso me dio mucha alegría, lo compartí en mis redes y se volvió viral. Mucha gente empezó a comprar los cojines de Rosita. Me di cuenta que ese era el día a día de los deportistas entonces pensé en la fundación para apoyarlos. Trabajamos en la línea social, ecológica y educativa con atletas y niños víctimas del conflicto armado en zonas rurales en el Valle del Cauca”.