El piloto es oriundo de Salgar, tierra cafetera, pero a los 8 años la violencia hizo que su padre vendiera los terrenos para buscar otras oportunidades en Medellín. Ya en la ciudad pudo crear negocios de ganadería y agricultura.
Instalados en el barrio Laureles, Javier Vélez cuenta que vivió una infancia tranquila, estudió en el colegio de la UPB, y desde siempre le han gustado los vehículos, las carreras. Muy joven, a los 11 años, llegaba a volarse con la camioneta de su padre para dar una vuelta o ir hasta la escuela. Lo castigaban, sí, pero valía la pena.
Luego, logró graduarse de Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional, e hizo las veces de co-fundador, con sus hermanos, de la compañía Bosi, que le sigue dando el sustento del día a día, además de financiar su sueño como piloto. Con la marca, y los productos de la línea ADT Motowear, encargada de la ropa de seguridad para motorizados, empezó a relacionarse con el mundo de los motores, patrocinando deportistas, y posteriormente carreras de rallys.
‘Jota’ tiene claro que no puede vivir del deporte, es una pasión que tiene la oportunidad de experimentar por su solvencia económica. “Para ser piloto a este nivel, tienes que tener dos cosas, talento y dinero. A veces, muy pocas, con el talento consigues patrocinadores, pero no siempre es así”.
Las cifras lo respaldan, pues, en su nuevo vehículo T3 fabricado por el equipo FN Speed Team, gastó entre 200 y 300 mil dólares, que serían alrededor de mil millones de pesos colombianos. Además, hay que tener equipación que responda a todas las normativas técnicas, y pagar la inscripción al Dakar que cuesta 35 mil dólares.
Con esto en cuenta, los premios por alcanzar buenas posiciones no cubren ni el 10 por ciento de lo que gasta un equipo en competencia. Es gracias a la compañía, Bosi, que Javier puede invertir estas sumas de su bolsillo.
¿Cuánto cuesta un sueño?
Siempre fue algo de familia, él y sus hermanos crecieron con ese gusto a la gasolina, a las ruedas, sean motos o carros. Es ingeniero, pero toda la vida quiso correr un Dakar, estaba en su lista de deseos por cumplir, sin embargo, fue hasta el año 2018 que dio el paso.
En el norte de Argentina tuvo su primera experiencia oficial tras el volante, el Desafío Ruta 40, donde sorpresivamente ocupó el tercer lugar. Este resultado le animó para seguir sumando puntos en busca de la clasificación al Dakar, por lo cual, al año siguiente, participó en el Atacama Rally de Chile 2019, sumando otro podio.
Con los puntos de ambas competencias pudo clasificarse al Rally Dakar por primera vez en el año 2021, pero ahí tuvo una experiencia agridulce en medio del desierto. Conduciendo sobre una duna, que es una especie de montaña de arena, se encontró un precipicio y cayó. ‘Jota’ lo describe como una vueltacanela, porque tras el accidente volvieron a quedar sobre las ruedas.
Él quería seguir, pero tenía rotas las cuatro suspensiones. Tuvo que llamar al equipo de asistencia y, con el vehículo destrozado, no pudo completar la etapa. Esto hizo que pasara de estar en competencia a terminar en la modalidad ‘experience’, que no da medalla ni posición.
Con esta vivencia adquirió más conocimiento para las otras dos ediciones del Dakar en las que participó, en el 2022 clasificó en el puesto 29 de la categoría SSV, y en 2023 ocupó el lugar 26 en T3. Para la edición de 2024 espera estar entre los 20 primeros.
A pesar de que es catalogada como una competencia peligrosa, Javier la disfruta y su familia está tranquila al respecto. Estar 16 o 18 horas en el auto, solo parar 4 veces para ir al baño, comer algo y recargar gasolina, estar en el campamento con todos los pilotos, dormir unas cuantas horas, pasar por carreteras, desiertos y ríos secos, son momentos que atesora y los vivirá por cuarta vez consecutiva.