La profunda reflexión de Felipe Aguirre, defensor de Atlético Nacional, tras la contundente victoria 6-2 sobre Boyacá Chicó en un Atanasio Girardot vacío, ha resonado con fuerza en el fútbol colombiano. Sus palabras no solo representan el dolor por la ausencia de hinchas, sino que son un grito de advertencia ante una problemática que parece cada vez más incontrolable: la violencia en los estadios.
“Fue muy triste salir y ver el estadio vacío”, comenzó Aguirre en su declaración, visiblemente afectado. “En los últimos tiempos es muy triste saber que la gente pone primero el fútbol que la vida y esto es solo un deporte. Sí, mueve masas, es una pasión y una alegría, pero es más importante la vida”.
El zaguero también señaló con desolación la falta de empatía y humanidad que se ha manifestado en las tribunas: “A mí me tocó salir ensangrentado porque intercedí para ayudar a un hincha de Junior. Es muy triste ver que entre las personas ya no hay empatía, no hay amor propio, ni por el prójimo ni por Dios”. Estas palabras ponen de manifiesto un problema que ha trascendido el ámbito deportivo, evidenciando una descomposición social que se refleja en los estadios.
La respuesta institucional: ¿Es suficiente?
Este lunes la Comisión Disciplinaria de la Dimayor se reunió, pero aplazó su decisión sobre las sanciones para este martes. Sin embargo, hubo varios errores en la seguridad del Atanasio que no se pueden repetir, sobre todo del Puesto de Mando Unificado (PMU). La Policía Metropolitana de Medellín reportó que 610 uniformados fueron desplegados para el partido, una cifra significativamente menor a los 800 efectivos que, años atrás, aseguraban estos encuentros de alto riesgo, lo que representó un déficit de 190 agentes.
Además los clubes, las autoridades y los mismos hinchas deben asumir su parte en la responsabilidad. Uno de los mecanismos que aún no ha entrado en funcionamiento es la Mesa de Concertación Nacional del Barrismo Social, una estrategia que forma parte del Plan Decenal de Fútbol y que busca ofrecer soluciones desde la raíz del problema, promoviendo una cultura de paz y convivencia en los estadios.
La advertencia del alcalde y el rol de la Policía
El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, fue enfático en su postura hacia los clubes de la ciudad, advirtiendo que el estadio Atanasio Girardot no será prestado para futuros partidos si no se mejora el esquema de seguridad. “Si los equipos no asumen la responsabilidad que les corresponde para el tema de las requisas, yo no les presto el estadio de aquí en adelante”, declaró.
Sin embargo, la ley también impone una obligación a la Policía Nacional de prestar servicios de seguridad en eventos de gran concurrencia, como es el caso de los partidos de fútbol. El artículo 52 de la ley 1801 de 2016 establece claramente que la Policía debe garantizar la seguridad en eventos de aglomeraciones masivas que puedan generar afectaciones a la comunidad.
Este cruce de responsabilidades entre las autoridades locales, la Policía y los clubes de fútbol pone de manifiesto la necesidad de una coordinación más efectiva. La seguridad en los estadios debe ser una tarea conjunta y no debe quedar solo en manos de la logística privada, como ha ocurrido en los últimos años, cuando el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) ha sido reemplazado por personal de seguridad sin la preparación necesaria para gestionar disturbios de gran escala.
Las soluciones deben ser reales
Felipe Aguirre fue claro en su análisis de la situación: “No podemos pensar que con cremitas vamos a sanar este cáncer tan bravo que viene de años atrás”. La violencia en los estadios colombianos no es un fenómeno nuevo, pero cada episodio parece más trágico que el anterior. Aguirre enfatizó la necesidad de tomar decisiones más drásticas, porque hasta ahora, las sanciones, como las prohibiciones de ingreso a las tribunas o la suspensión de partidos, no han sido suficientes para erradicar el problema.
En este sentido, la idea de implementar sistemas de identificación avanzados, como los que se usan en aeropuertos, en las entradas de los estadios no parece descabellada. Los recursos existen; hace algunos años, se recaudaron 3.600 millones de pesos con el proceso de enrolamiento de hinchas, y estos fondos podrían ser destinados a mejorar la infraestructura de seguridad en los estadios.
Una de las situaciones más insólitas tras los disturbios en el partido entre Nacional y Junior fue la solicitud del club barranquillero de quedarse con los tres puntos en juego. Si el Comité Disciplinario de la Dimayor accede a esta petición, se crearía un precedente peligroso, donde la violencia podría convertirse en una herramienta para influir en los resultados de los partidos.
Es fundamental que los clubes de fútbol asuman su responsabilidad no solo en el manejo de la seguridad en los estadios, sino también en la promoción de una cultura de respeto y paz. El fútbol no puede seguir siendo rehén de las barras bravas y de los actos violentos que las acompañan.
Un frente común para el cambio
Es claro que el problema de la violencia en el fútbol colombiano es complejo y profundo. Como bien señala Aguirre, “no vale la pena dejarlo pasar solo con sanciones”. La solución pasa por un frente común entre la Federación Colombiana de Fútbol, la Dimayor, los clubes y las autoridades locales y nacionales. Solo así se podrá garantizar que los estadios vuelvan a ser espacios de celebración, donde la pasión por el deporte no se vea ensombrecida por la violencia y el miedo.
El antecedente de Unión Magdalena y Junior
Un grave hecho de violencia se presentó en el duelo Unión Magdalena vs Junior, en abril de 2022. Al minuto 73 del clásico costeño que iba 1-1, el árbitro Éder Vergara suspendió el encuentro cuando aficionados de ambos equipos se enfrentaron violentamente en el estadio Sierra Nevada de Santa Marta con cuchillos, botellas y hasta sillas. Unión Magdalena fuera sancionado con “derrota por retirada o renuncia y multa de cuarenta millones de pesos. Junior fue declarado ganador del partido, aunque el duelo iba empatado 1-1 en el momento de la gresca. Unión también fue sancionado con “diez (10) fechas de suspensión de la plaza y multa de quince millones seiscientos mil pesos. Por su parte, Junior fue sancionado con tres (3) fechas de suspensión de la plaza y multa de once millones de pesos tras ser considerado responsable solidario por los hechos violentos que protagonizaron sus hinchas.
¿Quiénes integran el Puesto de mando unificado?
El Puesto de Mando Unificado que se encarga de aprobar la seguridad en el estadio Atanasio Girardot esta compuesto por el Secretario de Gobierno, La directora de Prevención y Atención de Emergencias, el Secretario de Salud, el comandante de la Policía, el secretario de Cultura, el representante de programas de convivencia de la Alcaldía, el el director del Inder, el director del cuerpo oficial de Bomberos, un representante de la Dimayor, los oficiales de seguridad de los clubes, representante de la empresa de logística. Este PMU se apoya en la Comisión Local para la Seguridad y Convivencia en el fútbol presidida por el Alcalde, el Secretario de Deportes, presidente de la Liga Antioqueña de fútbol, los presidentes de los clubes locales y y el director local de prevención de emergencias y desastres.