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Usme, Vanegas, Ramírez y Caicedo: las cuatro historias que demuestran el tesón de la Selección femenina

Al repasar la vida de Manuela, Catalina, Linda y Mayra, y su lucha por sobresalir en el fútbol, el hincha entiende de dónde viene el carácter de estas guerreras.

  • Catalina Usme es una de las líderes de la Selección Colombia que juega el mundial femenino en Australia y Nueva Zelanda. Tiene entre sus manos el récord de ser la goleadora histórica de la Tricolor con 53 anotaciones. FOTO: TOMADA DEL TWITTER DE @FCFSeleccionCol
    Catalina Usme es una de las líderes de la Selección Colombia que juega el mundial femenino en Australia y Nueva Zelanda. Tiene entre sus manos el récord de ser la goleadora histórica de la Tricolor con 53 anotaciones. FOTO: TOMADA DEL TWITTER DE @FCFSeleccionCol
  • Usme, Vanegas, Ramírez y Caicedo: las cuatro historias que demuestran el tesón de la Selección femenina
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  • Usme, Vanegas, Ramírez y Caicedo: las cuatro historias que demuestran el tesón de la Selección femenina
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Muchos las vieron crecer y luchar codo a codo contra la discriminación, y salir corriendo de las canchas y potreros de los barrios porque llegaban los hombres a jugar y ellas tenían que desocupar el escenario. Las sintieron dolidas porque en sus casas les negaban un balón de fútbol, pues ese deporte, les decían, “era para machos”.

Pero también las vieron sonreír cuando en muchos hogares empezaron a recibir en los traídos de Navidad balones en vez de muñecas que pedían, uniformes y guantes de arqueras, y guayos para jugar con los amiguitos de la cuadra. O cuando las mamás empezaron a sacar tiempo y dinero para acompañarlas e inscribirlas en las nacientes escuelas de fútbol, en esas épocas destinadas solo para los niños.

Las vieron festejar cuando la Difútbol, el ente que regula el balompié aficionado del país, creó el primer torneo nacional, en 1991, luego del impulso de la Liga de Antioquia.

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Y también cuando, en 1998, Colombia participó en la tercera edición del Sudamericano Femenino, hoy llamado Copa América, en Argentina. En esa primera actuación internacional, la Tricolor fue sexta y tuvo como goleadora a la antioqueña Sandra Valencia.

Este es, a grandes rasgos, el origen del fútbol jugado por mujeres en Colombia, desconocido para muchos. Luego vendrían actuaciones en torneos del ciclo olímpico y en mundiales juveniles y de mayores. Procesos marcados por alegrías y llantos, controversias y escándalos por la inequidad de género, luchas que, sin embargo, terminaron por darles visibilidad y permitieron que Colombia tuviera una liga profesional.

Toda esta batalla forjó una generación de futbolistas que hoy tiene gozando al país con su presentación en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda, cumpliendo hazañas como la victoria sobre Alemania, dos veces campeona de ese torneo

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Un proceso que permitió el surgimiento de talentos con carácter y convicción, profesionales del fútbol que hoy juegan en ligas de Europa y pretendidas por los mejores clubes del mundo.

Las historias de Manuela Vanegas, Linda Caicedo, Catalina Usme y Mayra Ramírez, reflejan un poco lo que son las 23 integrantes del plantel colombiano, convertidas en referentes para la niñez y la juventud.

Manuela Vanegas, de cuna futbolera y mucha disciplina

Usme, Vanegas, Ramírez y Caicedo: las cuatro historias que demuestran el tesón de la Selección femenina

Manuela Vanegas, a diferencia de muchas compañeras, tuvo la fortuna de nacer en un hogar donde el fútbol es pan de cada día. Su papá, Héctor, es promotor de este deporte en el barrio La Misericordia, de Copacabana, donde tiene su propio club (Cefuco). La mamá, Gloria Patricia Cataño, ama de casa, siempre ha respaldado esa labor. Y el hermano, Franky, un año mayor que Manuela, también intentó llegar a la élite, pero una pubalgia lo sacó del camino.

Héctor cuenta que Manu los acompañaba a los entrenamientos del equipo infantil masculino y que un día faltó el arquero y ella levantó la mano para remplazarlo. Se ubicó en el arco y allí se quedó.

Al ver el buen desempeño de la pequeña los amigos de Héctor le aconsejaron que la llevara a un escuela especializada. Y así fue. Cuando tenía 10 años la presentaron a prueba al club Formas Íntimas de Medellín, con el que jugó un Ponyfútbol como arquera y al año siguiente pasó a ser zaguera central y fue la goleadora del equipo.

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Al ver el talento innato de la zurdita de cabello negro y lacio, Luz Estela Zapata le insistió a Liliana Zapata (dos pioneras y promotoras del fútbol femenino) para que la proyectaran como jugadora de campo. Hoy Luza, como la llaman, sonríe orgullosa por su acierto. Ese fue el comienzo de la carrera deportiva de Manuela Vanegas, hoy figura de la Selección Colombia en el Mundial.

Pero no todo ha sido color de rosa en su ruta para alcanzar un lugar en la élite. Cuando empezó a incursionar en el alto rendimiento tenía que cumplir con los entrenamientos diarios. Viajar desde Copacabana hasta Medellín, tomar el metro y un bus, y rendir en el colegio. Siempre disciplinada y responsable, nunca faltó. El club le daba un auxilio económico para los pasajes, pues en la casa no alcanzaba para tanto gasto.

Cuando tenía 15 años y ya hacía parte de la Selección Antioquia, el infortunio apareció en su camino: una pubalgia la sacó las de las canchas un tiempo, pero ella, con tesón y juicio en la recuperación, la superó.

Su trayectoria continuó hasta llegar a la rama profesional. Jugó con el Envigado-Formas Íntimas y en 2018 el Huila la contrató como refuerzo para la Copa Libertadores. Allí estuvo preparándose casi tres meses, pero a una semana del viaje se fracturó un dedo del pie y no pudo disfrutar del primer título del país en ese certamen.

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Después jugó con el DIM-FI (equipo preferido del que es hincha) y aportó marca y goles de cabeza, como el que el hizo a Alemania. Fue subcampeona de Liga con las escarlatas. También intentó alcanzar una beca para irse a estudiar y jugar a EE. UU., pero en 2019 le salió la opción de irse al Espanyol, antes de la pandemia. Por esos días estaba con la Sub 20 de Colombia en el Sudamericano de Argentina, torneo en el que tenía un gran rendimiento y al final se canceló.

Su club ibérico le dijo que se quedara en Colombia mientras terminaba el confinamiento y en agosto de 2020 pudo partir la Viejo Continente. Jugó una temporada con ese elenco y luego la llamaron de la Real Sociedad, con la que suma dos campañas.

“Manuela es una futbolista diferente. Le gusta capacitarse, se adaptó fácil al medio europeo, y es un ser humano maravilloso”, dice Luza de la defensora nacional, a la que clubes de Inglaterra ya le hacen guiños.

Mayra Ramírez, una vida llena de sacrificios

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Hace 5 años Mayra Ramírez, que hoy es considerada una de las mejores delanteras del mundo, no quería jugar fútbol. Eso se lo manifestó en varias ocasiones al entrenador Jean Albert Martínez, que fue quien la descubrió en 2009, después de que sufrió una lesión en el ligamento cruzado de una de sus rodillas mientras estaba entrenando en un Microciclo con la Selección Colombia femenina.

Para ese momento, Ramírez, que tiene 24 años, ya había debutado como futbolista profesional. Lo hizo en 2017, con Fortaleza F.C, en la primera Liga femenina que se disputó en el país. En esa oportunidad se destacó y marcó varios goles aprovechando su estatura, potencia física, velocidad y capacidad técnica. Por eso, estaba ilusionada con que para 2018 la buscaran de varios equipos.

Pero no fue así. Después de la lesión todos los clubes se olvidaron de ella, le dieron la espalda. Además, su tristeza era más grande porque ese año, antes de la lesión, la estaban buscando del PSG para que se fuera a jugar a Europa. El negocio se cayó por el problema físico. Mayra sufrió mucho. Pero encontró en el Club Real Pasión de Funza, Cundinamarca, que fue su primera casa deportiva, el lugar, no solo para terminar de recuperarse; sino para sentirse querida de nuevo y tomar confianza.

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Allá le recordaron que era una guerrera, que esa situación era solo un obstáculo en el camino y que ya había superado varios obstáculos para cumplir su sueño de ser futbolista. Mayra nació en Sibaté, Cundinamarca, un municipio ubicado a las afueras de Bogotá. Allá empezó a jugar. Lo hacía con mujeres mayores en la cancha de micro de su barrio. Ella, que siempre fue alta, marcaba diferencia a pesar de apenas ser una niña de 10 años.

Fue durante uno de eso juegos que el entrenador Albert Martínez la vio y le propuso que se uniera a Real Pasión en Funza. Le ofreció una beca para que entrara a estudiar a un colegio que antes se llamaba Oliva Caicedo y ahora Corazón de María. Ella aceptó, pero tenía que hacer muchos sacrificios: salía de su casa en Sibaté en la madrugada para llegar a clases a las 6 de la mañana en Funza, después entrenaba hasta las seis de la tarde y tenía que regresar a su pueblo natal en la noche. Cuando llegaba a su casa eran las 11 p.m.

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Por eso, le ofrecieron que se fuera a vivir a una casa hogar en Funza. Aceptó. Vivió allá durante 8 años. En ese tiempo fue campeona con Cundinamarca de dos torneos Nacionales consecutivos, ganó con su colegio siete años seguidos los juegos Superate Intercolegiados, fue convocada a la Selección Colombia y llegó al profesionalismo. Después jugó en el DIM y migró a Europa. Primero al Spoting Huelva. Después al levante y, aunque tuvo otra lesión en el rostro (una fisura en la nariz después de recibir un codazo en un partido contra Nigeria), ahora brilla con la Selección en el Mundial de mayores y es el orgullo de Sibaté.

Linca Caicedo superó un cáncer y está fortalecida por el amor

Todo en la vida de Linda Caicedo ha sido rápido, prematuro. La talentosa jugadora que creció en las calles de Villagorgona jugando fútbol con los niños de la cuadra y del barrio, siempre tuvo claro que quería ser futbolista. Por eso en su casa la apoyaron, pues no había manera de sacarle esa idea de su mente, recuerda su padre Mauricio Caicedo.

Y es que Linda, quien se destacó con la selecciones Valle en todas las categorías por su talento y habilidad, llegó muy pronto al fútbol profesional. Con tan solo 14 años hizo parte de América de Cali, equipo con el que se abrió camino en la Liga Femenina demostrando enormes condiciones.

Pero no todo ha sido felicidad en la casa de Linda. Cuando cumplió 15 años, en plena pandemia del covid-19, empezó a sentir dolores intensos en la parte baja del vientre y fue diagnosticada con cáncer de ovario.

Respaldada por su familia, comenzó con el tratamiento médico. A pesar de las quimioterapias con las que empezaron a tratar su enfermedad y las cirugías a las que se tuvo que someter, Linda nunca se quejó. Siempre fue positiva y en su casa la fe en su recuperación fue total.

En una entrevista dada a Fifa durante el Mundial de Australia, la colombiana confesó que pensó que no podría volver a jugar fútbol por los tratamientos y todo lo que vivió, pero que cuando pudo regresar a la cancha lo dio todo, pues su sueño siempre ha sido jugar.

Caicedo jugó un tiempo con peluca, y aunque su rendimiento era bajo y fue criticada, nunca contó por lo que estaba pasando mientras hacía parte de la nómina del Deportivo Cali. Su familia y el club la respaldaron y guardaron silencio, nadie diferente a su familia y allegados habló del tema mientras estuvo en tratamiento.

Tras recuperarse totalmente, la talentosa deportista volvió a ser la goleadora de siempre y salió campeona con el Cali. Ahora está haciendo historia, ha disputado tres mundiales, ha marcado gol en las tres citas y es declarada por la Fifa como una de las jugadoras a seguir a nivel mundial por su talento y capacidad goleadora.

Catalina Usme, dos lesiones que la hicieron más fuerte

Usme, Vanegas, Ramírez y Caicedo: las cuatro historias que demuestran el tesón de la Selección femenina

Cuando Catalina Usme aún era una niña le dijo a doña Luz Marina Pineda Giraldo que iba a ser jugadora profesional. Su mamá le respondió que no existía el fútbol femenino y ella, con determinación, le respondió: “Como que no, no ve que yo juego fútbol”.

Esta anécdota es algo que siempre recuerdan en la casa de Catalina. Su mamá y sus hermanos son unos convencidos no solo del talento y la disciplina que tiene la goleadora de la Selección Colombia, sino de esa determinación que la ha llevado, entre otras cosas, a superar dos lesiones de rodilla para cumplir su metas.

“Cuando se dieron las lesiones del ligamento cruzado, que fueron prácticamente seguidas, Catalina nunca bajo los brazos. Ella es muy positiva y así como la ves ahora por televisión, decidida, segura, y terca, ha sido siempre”, reconoce su progenitora, quien resalta, que a pesar del diagnóstico que recibió, Catalina nunca pensó en dejar el fútbol.

“Ella siempre es muy positiva y nunca se rinde, por eso cuando se presentó la primera lesión a pesar de no tener mucha ayuda, buscó y buscó hasta que la operaron y empezó la recuperación para volver a jugar. Luego, cuando se dio la segunda lesión, me dijo: ‘mamá, ya me recuperé de una lesión, ya sé cómo es esto y voy para adelante, porque quiero jugar el campeonato mundial”, recuerda Luz Marina.

Y es que en la segunda lesión, cuando el médico le dijo a Catalina que no debía jugar más fútbol, surgió el carácter de la antioqueña y ese tesón que siempre la ha caracterizado para decirle: “no señor, yo me voy a operar, me recupero y juego el Mundial”.

Y así fue, en tiempo récord Catalina se recuperó y de tanto insistirle a Felipe Taborda (seleccionador nacional) la llamó para el Mundial de Canadá en 2015.

Ahora, Catalina Usme, nacida en Marinilla, disputa con Colombia el Mundial de Australia y Nueva Zelanda, y Luz Marina dice, convencida, que la madurez que tiene su hija, unido al talento y a la gran familia que han conformado, las va a llevar lejos. “Cata dice que quieren ser campeonas y yo le creo, las veo fuertes, unidas, con ganas y ella nos ha demostrado que cuando se propone algo lo consigue, así que desde acá estamos todos apoyándola”, comenta la mamá.

En el hogar de Catalina, en Cali, las imágenes de ella por toda la casa hablan de la admiración y el amor que le tienen. Su mamá afirma que, además de orgullo, siente felicidad enorme de que su hija esté en estos momentos viviendo lo que siempre soñó, un Mundial con estadios llenos de hinchas apoyándolas y un país pendiente de lo que están haciendo porque así lo sienten Catalina y sus compañeras desde Australia.

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