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¿Por qué el odio entre los hinchas de Serbia y Albania durante la Eurocopa 2024?

La pelea entre los aficionados de ambas naciones tiene un origen geopolítico. Se enfrentaron incluso sin estar en el mismo grupo en el torneo.

  • Los aficionados de ambas selecciones se enfrentaron en una calle de la ciudad alemana de Gelsenkirchen. FOTO: CAPTURA DE PANTALLA
    Los aficionados de ambas selecciones se enfrentaron en una calle de la ciudad alemana de Gelsenkirchen. FOTO: CAPTURA DE PANTALLA
20 de junio de 2024
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El fútbol es pasión exacerbada. El nacionalismo también. Ambas cosas se mezclan, por lo general, cuando juega la selección de algún país. Algunas veces la combinación es buena, crea identidad, une a las personas. Pero en otras oportunidades puede ser peligrosa.

Esto pasa cuando, por cosas del destino, los equipos nacionales de dos países que tuvieron algún conflicto político o bélico coinciden en un torneo como la Eurocopa. Eso lo sabían las autoridades alemanas, que organizan esta edición del torneo. Por eso destinaron más de 22.000 agentes de policía para mantener el orden público y evitar peleas entre “hooligans”, grupos extremistas de aficionados.

Pero a pesar del despliegue policial, la mezcla entre nacionalismo y pasión no se pudo controlar de manera absoluta. Por lo menos así sucedió el fin de semana pasado, cuando un grupo de aficionados serbios se enfrentó a golpes con hinchas albanos en la ciudad de Gelsenkirchen.

La situación tomó a todo el mundo por sorpresa. Los dos equipos no están en el mismo grupo. Albania hace parte del Grupo B. Serbia está en la zona C. Por eso no se han cruzado en la Euro. Sin embargo, el origen de ese enfrentamiento viene de un escenario “más hostil, más irrevocable”, como escribió alguna vez el escritor argentino Eduardo Sacheri en su cuento “me van a tener que disculpar”.

¿Por qué los hinchas de Serbia y Albania pelean?

La pelea entre los albanos y los serbios es consecuencia de las heridas abiertas de una guerra que no tuvo un cierre claro. En los últimos años del siglo XX hubo una disputa geopolítica y cultural entre ambos países por Kosovo, un territorio “independiente” que está en medio de los dos e hizo parte del conflicto de las Guerras de los Balcanes, iniciadas en 1991 y finalizadas en el 2001.

Antes de que empezara la disolución de la antigua Yugoslavia, en 1991, Kosovo era un territorio autónomo que pertenecía a Serbia, el país más grande de la antigua unión balcana. Sin embargo, la mayor proporción de sus habitantes son de origen albano, por su cercanía geográfica: tienen frontera terrestre al sur.

Kosovo está en la mitad de los dos países. Por eso su anexión hizo parte del sueño de “Una gran Serbia”, que tuvo el político Slobodan Milošević, mandatario del país entre 1989 y 1997. Pero también formó parte de la misma idea que tenía los albanos desde finales de la década del 90.

En 1996, Milosevic puso fin a la independencia de los habitantes de Kosovo. Eso desató una reacción inmediata de los grupos separatistas de esa región. Crearon el grupo rebelde llamado Ejército de Liberación de Kosovo. Estos emprendieron una guerra contra las fuerzas armadas de Serbia y Montenegro, que en ese momento eran conocidas como la República Federal de Yugoslavia.

El conflicto se extendió entre el 28 de febrero de 1998 y el 11 de junio de 1999. Eso llevó a que más de 20.000 personas se desplazaran. También a que cerca de 12.000 personas murieran. Los serbios estaban ganando la guerra. Pero los albanos lograron tener apoyo de la OTAN. Al final negociaron un acuerdo de paz, que no pasó de un apretón de manos.

Desde eso, Kosovo es un territorio independiente. Así lo reconoció la ONU, luego de que en 2008 el país hiciera una declaración unilateral de autonomía. También es reconocido en el mundo por los países de la Unión Europea. Sin embargo, hay otros como Rusia y China que no reconocen su autonomía. Los serbios tampoco lo hacen. Ellos siguen pensando que es un territorio que les pertenece, aunque la mayoría de la población que lo habita es albana.

En 2013 hubo un acuerdo entre Kosovo y Serbia para tener relaciones institucionales. No pasó. Por el contrario, ambos empezaron a endurecer su trato con el otro. En el territorio autónomo, por ejemplo, los documentos de identidad serbios no se pueden utilizar. La tensión entre los albaneses de Kosovo y los habitantes de Serbia no ha dejado de existir. Por eso el enfrentamiento, la pelea entre sus hinchas.

“Revancha” en la cancha

Las familias de los futbolistas Granit Xhaka y Xerdan Shaquiri salieron de Kosovo con rumbo a Suiza durante la guerra con Serbia. Los dos jugadores lograron ser profesionales. Se destacaron de gran manera. Son habituales convocados al seleccionado suizo.

El destino llevó a que Suiza y Serbia se enfrentaran en el Mundial Rusia 2018. Pero la jugada del hado fue más certera: los suizos ganaron 2-1 con un gol de Xhaka y otro de Shaquiri. Los futbolistas celebraron haciendo con las manos el símbolo del águila albanesa.

Los serbios se sintieron ofendidos. La Federación pidió a la Fifa que suspendiera a los jugadores. No pasó. Solo les puso una multa económica. En Qatar 2022 también se volvieron a medir los dos equipos. Ese día, en el camerino de Serbia pusieron una bandera con el mapa de Kosovo y la frase “no hay rendición”. Suiza sanó 3-2. Shaquiri anotó. Celebró pidiendo silencio a los serbios.

Gritos en la Euro

Los serbios no solo tienen problemas como consecuencia de las guerras balcánicas de finales de los 90 con los albanos. También con los croatas, los bosnios, los montenegrinos. En el duelo entre Croacia y Albania, que se disputó el miércoles 19 de junio válido por la segunda fecha del Grupo B de la Eurocopa 2024, hubo gritos como “matar al serbio”, por parte de las dos hinchadas.

Eso generó críticas. Los serbios, antes del partido que jugaron contra Eslovenia en la mañana de este jueves (quedó 1-1), enviaron una carta a la Uefa en la que pedían sanciones para los aficionados por esos gritos. Si no las tomaban, amenazaban con abandonar el torneo, aunque solo les queda el partido del martes 25 de junio contra Dinamarca, por la fase de grupos.

Con este caso se evidencia que en la Eurocopa no solo se juegan partidos por los resultados. También hay confrontaciones nacionalistas, que algunas veces terminan siendo peligrosas. La política no es ajena al fútbol.

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