El fútbol, en su esencia más pura, debe estar guiado por la imparcialidad y el respeto a la integridad del juego. Sin embargo, un nuevo episodio en la primera división del balompié búlgaro ha encendido las alarmas y reabierto viejas heridas sobre la credibilidad del arbitraje, justo cuando el mundo exige transparencia y rigor.
Durante el partido entre el CSKA de Sofía y el Lokomotiv de Sofía, disputado el miércoles, las cámaras de la transmisión oficial captaron una escena que desató polémica inmediata: un miembro del equipo VAR fue sorprendido revisando una página de apuestas desde su celular en plena revisión de jugadas. El hecho, que sucedió en tiempo real, quedó expuesto ante millones de espectadores y rápidamente se viralizó en redes sociales.
Los cuartos donde operan los responsables del VAR están equipados con cámaras precisamente para dar transparencia al proceso de análisis. Ironicamente, fue esa misma herramienta la que permitió que los televidentes fueran testigos de lo que podría ser una grave infracción al reglamento y al espíritu del deporte.
Aunque el partido finalizó sin decisiones arbitrales polémicas y el CSKA de Sofía ganó 1-0, la situación no pasó desapercibida. La imagen del asistente técnico del VAR manipulando su teléfono y navegando por un sitio de apuestas durante un compromiso profesional ha generado fuertes críticas, cuestionamientos y, sobre todo, desconfianza.
La FIFA, en su Código Ético, es clara y tajante al respecto: “Todos los oficiales, árbitros y futbolistas, así como los intermediarios y organizadores de partidos tienen prohibido participar en apuestas, juegos de azar, loterías o actividades y transacciones similares, de forma directa o indirecta, que estén relacionados con los partidos de fútbol o cualquier otra actividad vinculada con el balompié”.
Este tipo de incidentes no solo infringe el reglamento, sino que también golpea el corazón de la credibilidad del deporte. En una era donde el VAR fue creado precisamente para reducir la polémica y garantizar justicia en el campo de juego, este acto refleja una contradicción alarmante.
Hasta el momento, las autoridades del fútbol búlgaro no han emitido un pronunciamiento oficial sobre posibles sanciones o investigaciones. No obstante, el eco de lo sucedido ya ha traspasado fronteras y vuelve a poner sobre la mesa la urgente necesidad de establecer mecanismos más estrictos de supervisión, capacitación y control en el uso del VAR a nivel mundial.
Más allá del resultado del partido, lo que queda es una imagen inquietante: la de un asistente del VAR desatendiendo su labor para consultar apuestas mientras los jugadores y los hinchas depositaban su fe en la justicia deportiva.
Este episodio se suma a una creciente lista de controversias que demuestran que, incluso con tecnología de punta, la integridad humana sigue siendo el factor más determinante —y frágil— del juego.