A Giovanni Jiménez Ocampo le faltó poco para vestirse de Marco Polo. La suya fue una aventura que por muchos años permaneció casi inédita, cobijada por el brumoso e inexorable paso del tiempo. Pero hoy, al cumplirse 50 años del primer triunfo de un escarabajo de la categoría profesional en el Viejo Continente, esta hazaña se renueva.
Jiménez es el pionero. El ciclista que, deseoso de conocer nuevas experiencias, dio el paso en nombre de su deporte y tuvo las agallas de emprender una nueva vida más allá de los mares para estar al lado de aquellos héroes de leyenda, cuyas hazañas se escribían en los periódicos y revistas.
La generación colombiana de los años 60 supo de la epopeya de Giovanni en el continente europeo, por medio de VEA Deportes. “Giovanni vislumbró otras posibilidades que ninguno había visto. Le abrió el camino a nuestros ciclistas, cuando a nadie le cabía en la cabeza que ellos pudieran llegar a Europa. Fue nuestro corresponsal con notas de ciclismo durante varios años”, cuenta el periodista Jota Enrique Ríos, quien guarda estrecha amistad con Jiménez desde que eran turismeros.
Con el paso del tiempo, su rastro se fue desvaneciendo, pero los seguidores del ciclismo no le perdían la huella. Por años, la memoria histórica de este deporte colombiano, en el viejo mundo, estuvo confundida. Cuando se hablaba de victorias, casi siempre aparecía el nombre de Martín Cochise Rodríguez porque este, supuestamente, había sido el primer ciclista profesional del país. Sin embargo, la realidad nos lleva a Giovanni Jiménez.
Pasaron tres temporadas en las que, más de una vez, el paisa “había pegado en el palo”, hasta que llegó el éxito. El 22 de julio de 1971, en el Gran Premio de Mechelen, en Bélgica, disputado sobre 140 kilómetros, Giovanni, a los 29 años, saboreó por primera vez el triunfo como profesional, luciendo la camiseta del equipo francés BIC, superando al belga Willy In’t Ven y al holandés Mat Gerrits. “Al final, los tres fuimos al embalaje. Yo me metí por el medio y el belga se recostó hacia las vallas. Lancé el sprint en una vía adoquinada y gané por centímetros con el golpe de riñón. La gente quedó feliz con el espectáculo”, contó Jiménez, quien agrega: “Ese día me premiaron con $5.500 francos belgas, aproximadamente 135 euros de hoy, y un ramo de flores. También me entrevistó el anunciador oficial y me hice entender en el poco flamenco que sabía, pues mi fuerte era el alemán, ya que había vivido seis años allí. Esta jornada terminó con una invitación a un café-bar, como se acostumbra, para tomarnos unas cervezas con los amigos. Ahí, por supuesto, estaba mi novia Yolande, quien años más tarde sería mi esposa”, recordó el ciclista, desde Bélgica, su actual residencia.
Nueve días después, el 31 de julio, repitió la escena triunfante en la Omloop van de Scheldeboorden, en la región de Bazel-Waas, provincia de Oost-Vlanderen. Después de recorrer 178 km y tras desprenderse de una fuga de 7 corredores, tomó una diferencia de 25 segundos para ganar en solitario, cruzar la meta con el brazo izquierdo en alto y “sorprender a los embaladores”, tal como tituló un diario local.
Al acumular estas conquistas, los nombres de Colombia y de Jiménez quedaron en el álbum de oro de la historia del ciclismo nacional y figuraron en los periódicos de la región belga, acompañados de crónicas y fotos, que ilustraron los éxitos del ciclista del BIC, que también tenía en sus filas a Luis Ocaña, Jan Raas, Jan Janssen y a Jean Marie Leblanc, quien años después sería periodista de L’Equipe y director del Tour de Francia en los 90 e inicios de 2000.
Giovanni aprovechó su cuarto de hora. Se codeó con los mejores, entre ellos Eddy Merckx, Felice Gimondi, Francesco Moser, Roger De Vlaeminck, Raymond Poulidor y Joop Zoetemelk. Disputó tres mundiales de ruta para profesionales, en Mendrisio, San Cristóbal y Leicester, en representación de Colombia; dos Vueltas a España – las que no terminó-, una Vuelta al País Vasco, y decenas de clásicas.
“Fue el pionero. Y lo hizo de una manera única, al encontrar el lugar ideal, la región de Flandes en Bélgica, en donde el ciclismo es tan venerado como en ninguna otra parte del mundo. Allá Jiménez estuvo como profesional 13 temporadas, desde 1968 hasta 1979, cuando se retiró. El paisa vistió las camisetas de 8 escuadras y, en su paso por aquel país ganó 7 carreras, obtuvo 13 segundos lugares e igual número de terceros puestos”, resaltó el historiador John Fredy Valencia, de Nuestro Ciclismo.