En el boceto están el gorrión-montés paisa, un pájaro endémico de Antioquia y que se creía extinto, y la rana chocolate, descrita por primera vez en el departamento y nombrada así por el olor que desprende. Ambos se pueden encontrar, junto a otras especies, en un mural en la calle 10.
Natalia Uribe pasa las hojas de su cuaderno mientras narra la historia detrás de sus dibujos. La sonrisa y la emoción por cada organismo se acompañan por pequeñas caminatas hacia su cuarto donde trae otros bocetos que enriquecen la historia de sus ilustraciones.
El mismo entusiasmo por conocer lo ha tenido durante toda su vida. Hija de artistas plásticos, nació en Medellín y pasó su infancia entre las colecciones del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia. Allí esperaba que su madre saliera de clases, mientras como ella misma lo describe, “me hacía amiga de las plantas y los libros”.
Soñaba con ser la versión femenina de Indiana Jones, pero al final se decidió por la biología e inició su pregrado en el 2001 en la Universidad de Antioquia. Deseaba dedicarse a la ecología, pero con la idea de conocer más matriculó una materia sobre insectos. La belleza de seres tan pequeños la enfocó en ellos.
Su acercamiento a la ilustración fue similar. Mientras realizaba su tesis, tomó un curso para desestresarse del ambiente del laboratorio. “Y eso me cambió la vida, era algo que podía hacer con intuición. Conocía mejor los organismos porque era fijarse en cada detalle”, relata.
A partir de la observación en campo y fotografías siguió explorando. Tomó más cursos en ilustración y se fue especializando en esta área.
BioGrafos
Amante de los deportes individuales como la natación, en la ciencia a Natalia le gusta trabajar en equipo. Reconoce que para divulgar se necesitan grupos interdisciplinarios. En 2012 comenzó a dictar el curso de ilustración científica en el Instituto de Biología de la U. de A.
Cuatro años después, con algunos de sus estudiantes, creó el Colectivo de Ilustración BioGrafos, grupo que nació como un espacio para explorar técnicas de ilustración. Y con ellos representó a Colombia en el Botanical Art Worldwide 2018, uno de los eventos más importantes de ilustración científica.
“Colombia tuvo la expedición botánica y tiene mucha diversidad, ¿cómo no vamos a estar ahí? Nos unimos, convocamos por redes a otros artistas y así el país participó en el evento, donde se podían encontrar obras de ilustradoras como Consuelo García y Lisa Anzellini”, dice Uribe.
La divulgación es uno de los pilares personales de Natalia. Por ello en los talleres que dictan en el colectivo, se enfocaron en ilustrar esas especies que hay a nuestro alrededor pero que desconocemos.
“Es darnos cuenta que esos seres que no son taquilleros interactúan con otros. Por ejemplo, las orquídeas necesitan polinizadores, árboles con ciertas características. En nuestras obras mostramos esos seres que todavía están ocultos para el público”, declara la bióloga.
De los libros a los muros
Los machos de la mosca Plagiocephalus latifrons a medida que crecen la presión sanguínea les va alejando los ojos hasta que terminan parecidos a los del tiburón martillo. Natalia mueve las manos para imitar cómo se estiran los ojos, la emoción la invade. La ilustración se puede ver en el puente peatonal de la Biblioteca Pública Piloto.
El paso de la acuarela a la pintura de exteriores la había realizado en el 2018 cuando el Instituto de Biología le pidió intervenir los casilleros y con el colectivo pintaron la historia evolutiva y las especies amenazadas del país.
De allí continuaron con intervenciones en Amalfi, San Pedro de los Milagros, San Rafael, Urrao, Marinilla. Ilustraciones que resaltan al oso de anteojos, páramos, frailejones, orquídeas y otros ecosistemas.
“Y lo sorprendente es que todo está cerca de lo urbano, pero lo desconocemos. Y eso es lo que buscamos ponerlas en ese imaginario social, para que salgan de ese anonimato y la gente comience a identificarlos”, puntualiza la ilustradora