Si a usted lo invitan a recostarse en la manguita y le preguntan si está amañado en el parche y no entendió de lo que le estaban hablando, con seguridad nació por fuera del departamento de Antioquia, así que le vamos a traducir: lo están convidando a acostarse en el pasto, prado o césped y le indagan si la está pasando bien.
Igual le debe suceder cuando le preguntan cómo siguió del aporrión, lo invitan a comer parva o a comprar la ropa para el estrén.
Claro está que al igual que en Antioquia estos vocablos resultan incomprensibles para los extraños en estas tierras, lo mismo le puede pasar a un antioqueño cuando traspasa las montañas del departamento.
Esta característica del idioma se conoce como lenguaje diatópico, tal y como lo define Luz Stella Castañeda, doctora en Filología Hispánica y coordinadora del Grupo de Estudios Lingüísticos Regionales, y lo define así: “El que se relaciona con el lugar de donde nacieron y habitan los hablantes, por esto hay diferencias entre el habla de costeños, bogotanos, antioqueños, llaneros, etc”.
Más formal
Sobre esta forma de comunicación, Adriana Ortiz, la coordinadora del pregrado en Filología Hispánica de la Universidad de Antioquia y también doctora en Lingüística, explica que este tipo de lenguaje es heredado y aprendido.
De su aplicación anota que son formas usadas en ciertos momentos comunicativos, donde las relaciones sociales son más horizontales (familia y amigos) y no hay jerarquías. “Se usa de una manera más coloquial, más libre, más espontánea, de cierta manera, menos cuidada, es más rápida y nos valemos del vocabulario que tenemos a la mano, en la memoria”, comenta, a la vez que aclara que coloquial no es igual a parlache.
Sobre esa diferenciación (coloquial-parlache), la doctora Luz Stella, que también es coordinadora de la Revista Lingüística y Literatura, agrega que parlache tiene objetivos muy precisos, surge en sectores marginales con el interés de encubrir información. “Cuando pierde ese carácter y se generaliza entra a mezclarse con el lenguaje coloquial o popular”. Esa mezcla permite que palabras como tamal o tamalero, términos estrictamente culinarios y coloquiales, en el parlache hayan sido adoptados para definir las dosis de droga, básicamente cocaína.
Igual sucede con parce, que viene del parlache parcero, que se generalizó tanto, que es ya es considerada como coloquial.
Una sola lengua
Para la docente Ortiz es el contexto comunicativo el que determina qué tipo de lengua se usa. “Tenemos un solo idioma, el español o castellano, y hay variedades dentro del mismo, que recibe el nombre dialecto o variantes dialectales, que son diferencias que hay al interior de una misma lengua”, explica que este fenómeno pasa en todas las lenguas y lo bonito es que si se viaja a otro país de habla hispana se es capaz de comunicarse, habrá diferencias, sí, pero finalmente se logra la comunicación porque es una misma lengua.
Lo que no hay que confundir tampoco es el tipo de lenguaje con la pronunciación o el acento, que depende netamente de una razón física por el tema de la altura al nivel de mar. “No es capricho, tiene su lógica en el clima, la oxigenación y la geografía”, comenta la lingüista Adriana Ortiz.
Esas palabras
A propósito de la palabra manga, la filóloga Luz Stella Castañeda cuenta que en el Diccionario de la Academia Española tiene 25 acepciones y la 23 la define como “un terreno con prado”, y tiene marca diatópica (el lugar donde se usa), y dice que se escucha en Colombia, especialmente en Antioquia y Caldas. También en Panamá.
Sobre la parva menciona que es un colombianismo, y que el diccionario de la Academia, el actualizado, en la acepción 4, dice que equivale al desayuno. Dentro de la hipótesis que ella tiene es que hace muchos años al desayuno se le decía parva, que casi siempre está asociada con las harinas y de ahí su aplicación al pan.
De aporrión dice que es una palabra castiza, que existe el verbo aporrear, “pero los hablantes de unas palabras formamos otras y de este verbo sacamos un sustantivo, el aporrión, se da por derivación”.
Ya identificando los vocablos aporrión, parva y manga, estas son algunas palabras coloquiales, de esas que identican a un antioqueño.
Achantao: apenado
Aguapanela: bebida hecha con panela.
Aguamasa: sobras de comida que se les da
los marranos.
Amañar: disfrutar
Amarrao: tacaño
Algo: comida entre el almuerzo y la comida
Alumbrao: adorno navideño con luces
Alzao: altanero, grosero
Aporriar: golpe
Arepazo:
golpe de suerte
Arrancao: pobre, con necesidades
Atembao: sonso, lento
Atrapapulgas: ropa interior de gran tamaño
Burletero: que se ríe de los demás
Camaján: malandro
Casao: combinación de comidas
Charro: divertido, chistoso
Chévere: esa sensación positiva, buena
Creído: soberbio
Descache: mal chiste o mal movimiento
Devuelta: lo que sobra en dinero de un pago
Estrén: ropa nueva
Fundillo: nalga
Garetas: que tiene las piernas abiertas
Gurre: feo
Jetón: de boca grande
Loliar: ir de compras, a vitriniar
Manga:
pasto, césped, grama
Marranero:
pantalón por encima de los tobillos
Melona: comida en abundancia
Merienda: aperitivo antes de dormir
Mica: Bacenilla, orinal
Minisicuí: Golosina
Ole: Saludo
Olleta: Olla para hacer el chocolate
Parce: Amigo
Parche: Plan, programa
Parva: Comida a base de harinas
Petacón.
Insulto a los niños
Pereque:
Poner probelma
Pispo: Bonito,
atractivo
Pucho: Pedazo pequeño de cigarrillo
Ronciar: Procastinar
Sapiar: Delatar
Sobraos: Las sobras de las comidas
Zonzo:
Lento mentalmente
Tragao: Enamorado
Tumbis: Engaño
Velita: Golosina a base de panela
Voltiarepas: Que cambia fácil de opinión
Yeyo: Desmayo
Yiyos: Calzoncillos
Zumbambico: Insulto
Zunga: Mujer alegre y coqueta