Músicos y escritores le temen a hablar de amor, sobre todo, por los discursos contemporáneos de empoderamiento y fortaleza personal que nos aíslan de los otros: nos hacen creer que somos autosuficientes, que no necesitamos amar ni ser amados, que es mejor no mostrarse vulnerables.
Ya bastante se ha intentado por derrotar al romance: emplear letras lacónicas y evitar a toda costa el embelesamiento. Algún efecto ha habido sobre los discursos románticos. Aquellos que escribían tangos y boleros con la sangre, con la fibra, ya no existen –o han empezado a esconderse–. Están siendo remplazados por los que cantan de la simpleza del deseo, los dueños de las melodías provocativas, los que sienten desdén por el detalle. Y, aunque algunos dirán que algo se ha perdido, todavía queda mucho por narrar, por sentir. El amor y su discurso se transforman, como la música, y nunca se acaban.
El álbum Future Nostalgia de Dua Lipa es una muestra de esto. Su segundo largo se estrenó el 27 de marzo de 2020, a principio de la pandemia, cuando nos gustaba creer que el asunto duraría poco. A pesar de que muchos artistas aplazaron sus lanzamientos, Dua Lipa —entre lágrimas y por medio de un video en sus redes sociales— anunció que no esperaría más y que presentaría el disco para alegrar un poco el ambiente.
El álbum
Con 11 canciones la cantante de ascendencia albanokosovar se ganó el reconocimiento a Mejor Disco de 2021 según la Revista Rolling Stone, a pesar de haber sido lanzado un año antes, lo que podría traducirse como que el disco sonó y triunfó a lo grande por dos años seguidos (y quizá todavía más). Lo que tenemos entre las manos es una gran producción, con armonías no muy complejas pero potentes y bien interpretadas, lleno de pequeños arreglos rítmicos: claps, percusión menor, baterías reales y electrónicas, líneas de bajo dignas de la buena época del funk y una atmósfera ochentera y disco con un aire moderno. Todo podría sonar como algo que ya conocemos, que ya se hizo. Y sí, pero no del todo.
Dua Lipa es una exploradora del amor y la música. En el amor describe apenas lo necesario, se queda en lo que siente la carne, en la forma en que le revuelve la sangre cuando ve al amado. Lo invita a bailar, lo seduce. Le promete una sola noche, le suelta la correa. Lolleva a la obsesión, al desespero, con tan solo unas cuantas palabras. Un acto mágico y cruel.
Physical es una descripción muy precisa de aquel romance contemporáneo. Ese que habla de cómo el amor nos acapara y nos envuelve: You got me feeling diamond rich, nothing on this planet compares to it... don’t you agree? (Me haces sentir rico en diamantes, nada en este planeta se le compara. ¿Estás de acuerdo?). Simple, preciso. Más adelante, la cantante asegura que aquel que puede ser un amor fugaz, de una sola noche, puede contar con ella y ella con él. Y en su boca no cabe la duda. La frase es firme: I know you got my back, and you know I got you, so come on (Sé que me respaldas y sabes que yo a ti, así que adelante). Una complicidad y confianza que poco se ha visto. ¿Somos, acaso, la generación del amor firme y corto?. Los que nos dejamos llevar de la mano sin preguntar, a los que nos tuvieron que repetir desde pequeños: no te vayas con extraños. Los ingenuos, los crédulos.
Quizá por eso, en el video de la misma canción, el gesto de intentar llegar a la mano del ser querido, del deseado, es tan conmovedor. En tiempos de simpleza, el acto más superficial puede significarlo todo. Más adelante, cuando la pareja logra un abrazo en el aire, y el hombre se queda casi acostado, sosteniéndose apenas en las rodillas, y ella descansa y se deja llevar a toda velocidad, y le cae apenas una lágrima, pareciera que han llegado al amor, lo han logrado. Y su triunfo desata una fiesta de color, y la cantante aparece en medio de todos vestida de negro con brillos (quizá la única incrédula), y por fin vemos una sonrisa en su rostro. Todo ha ocurrido en pocos minutos, menos de cinco. El éxtasis es corto, la fantasía es efímera. Y así mismo el amor.