Dos meses lleva la criolla Colombina meneando la cola en su nuevo hogar, los mismos que Chocó jugando en su nueva casa o la gata Trufa brincando de lado a lado. También están las gatas Miel, Frida y los perritos Ramón, Morgan y Gaia, mascotas que llegaron a sus nuevas casas en medio de la pandemia (Ver recuadros).
“Yo siempre he considerado que ellos nos eligen a nosotros y por eso vemos que llegan ahora para compartir momentos en familia, que no están siendo fáciles, con toda su sensibilidad y alma animal a enseñarnos muchas cosas”, detalla María Camila Gómez Díaz-granados, veterinaria y docente de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad CES.
Si está pensando en llevar a casa una mascota, debe saber que trae muchas experiencias y sonrisas, pero también requiere responsabilidades. La primera: no es un objeto que pueda devolver.
Los beneficios
Para la veterinaria y el psicólogo César Núñez Rojas, profesor del programa de Psicología de la Universidad de Medellín, son muchas acciones positivas las que se generan al tener una mascota en casa. Lo primero, detalla Nuñez, es la sensación de acompañamiento distinto al que se siente al estar con otros seres humanos. “Estamos hablando de un acompañamiento incondicional y auténtico y a eso hay que añadirle la regulación del estrés y ansiedad en las personas que se da al tener la posibilidad de un nuevo vínculo”.
Agrega el profesional que la presencia de una mascota ayuda a fortalecer la seguridad de la persona que está conviviendo con ella o bien le brinda elementos para desarrollarla y, más ahora que son considerados parte de la familia. “Están en la dinámica diaria, ya no solamente se compra mercado para las personas de la casa sino también para las mascotas”, precisa.
Las responsabilidades
Más allá de ese alimento que hay que brindarle, puntualiza la doctora Gómez, hay obligaciones que van más allá de un techo, alimentación o un ambiente seguro: hay que darles el beneficio de disfrutar de su propia conducta, “que sean libres de expresar su comportamiento natural, el que es perro déjelo ser perro, que juegue, que interactúe con otros. Si es gato que esté en su territorio de manera segura sin estrés”.
A ese presupuesto para mantener su alimentación, sus gastos de salud y veterinarios, de higiene y aseo hay que sumarle el dedicarles tiempo, “y de calidad para acompañarlos en las actividades que disfrutan, tanto las de estimulación física como sensitiva o sensorial, la socialización con otros individuos y la disposición para entender cada una de las etapas fisiológicas por las que pasa, desde cachorros, hasta adultos geriátricos”.
Concluye la veterinaria que si tiene la idea de adoptar una mascota en medio de esta contingencia, entienda que es una responsabilidad a largo plazo “y no solo para llenar un espacio si estamos aburridos en casa, es un integrante más al cual debemos tratar con mucho respeto, protegerlo en toda circunstancia y saber cómo vamos a actuar con ellos si regresan las rutinas de trabajo fuera de casa”.
Y si la idea le ronda por su cabeza conozca estas historias de mascotas adoptadas en la pandemia que compartieron los lectores en las redes sociales de EL COLOMBIANO.
Colombina y su cariño
Luis Rodrigo Gómez, de 65 años, cuenta cómo el haber perdido a su esposa hace dos años dejó un gran vacío en casa. “Desde ese momento pensé en tener una mascota y quería una perrita”. Llegó la oportunidad de adoptar a Colombina y con dos meses juntos ya identifica las rutinas de esta criolla a la que nombró así en honor a otra mascota que tuvo su esposa en su juventud. “A las 7:00 de la noche está buscando cama y una vez que me subí a acostar a mi habitación y ella quedó profunda en el piso de abajo se levantó en medio de la noche llorando, asustada, pero me sintió arriba y de una subió a hacerme compañía y voleando la colita a los lados. Colombina llena un espacio muy grande en esta casa. Eso sí, cuando llega mi hijo Alejandro a saludarme ella me olvida”.
Avocato, el gato bicolor
A la casa de Ana Cris Ángel llegó este minino. “Adoptamos a esta belleza en esta cuarentena. Ha sido lo mejor que nos ha traído la pandemia, es juicioso, amoroso, la mascota perfecta”.
Morgan superó su miedo
Cuenta S-ly Perilla en Facebook que lo adoptaron en mayo. Fue uno de esos perros que en medio de la pandemia alguién abandonó y lo dejó amarrado a un árbol, “mi esposo lo encontró, llegó muy flaco, desconfiaba de la gente, le tenía miedo a la escoba y a la trapera. Ahora está recuperado, ama que lo consientan y ya no le muestra ese temor a las personas”.
Dos meses con Frida
Llegó a la casa de Alejandra Zapata a comienzos de junio. “La adoptamos en un hogar de gatitos y ha sido la mejor decisión y lo más bonito que nos ha sucedido en la cuarentena, pues su compañía y su amor son un gran regalo. Es activa, juguetona y cariñosa. Definitivamente cada día más enamorada de esta gatita y sus ocurrencias”.
Lola y sus patas
Aunque se llama Lola, en donde vive la conocen como la perrita de los guantes blancos. Alexander Meneses detalla que la habían abandonado y ellos la rescataron. “Llegó con sus locuras, desesperos de salir a jugar y después de unos juguetes, unos zapatos y una colcha me di cuenta de que era una cachorra entrenada, llena de energía para jugar y saltar. Es muy mimada. Su adaptación tomó unos meses, pero logramos ganarnos su confianza y ella la de nosotros. Es muy juiciosa”.
Trufa, la gata más dulce
María, de 4 años, le dijo a su mamá Ana Cardona Correa que quería un gato. Ella y su esposo, que siempre han sido de perros lo pensaron muy bien. “Una amiga me contó que adoptó a una gata y que la hermanita estaba buscando hogar, todo se fue dando, fuimos por ella y ha sido toda una compañía. María la carga, juega con ella, fue quien le puso el nombre y es totalmente enamorada de su gata. Nos tiene cautivados a todos por esa personalidad de los gatos y ese orden que tienen para todo. María estaba un poco ansiosa extrañando esos lugares y las personas que ama y no puede visitar, pero con Trufa le ha bajado la ansiedad”.
Chocó y su historia
David Vásquez siempre quiso tener una mascota y se dio la oportunidad viviendo solo y en medio del coronavirus. “Tengo todo el tiempo para dedicarle y darle su educación”. Llegó gracias a una camada de una perrita criolla llamada Tokio, que tuvo cinco y que estaban cuidando en una fundación. “Yo escribí y fueron superrigurosos con las entrevistas, que tuviera claro el tiempo de inversión y que tuviera un entorno acorde”. Chocó llegó después de destetarse de su mamá y “es otra manera de relacionarse, es un amor que se comunica con acciones”.
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