La trayectoria de Daniel Samper Pizano está ligada a los medios noticiosos importantes y a los periodistas colombianos sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX, siendo él uno de ellos.
Todo inició con el arrojo de un veinteañero de pedirle trabajo a Eduardo Santos, el último de los presidentes de la república liberal y dueño de El Tiempo. En mayo de 1964 comenzó la carrera de Samper Pizano en la que sería su casa editorial durante medio siglo. En las páginas del diario capitalino ofició de “redactor, editor, columnista, editorialista, creador de la Unidad Investigativa”, cuenta una nota publicada por el periódico con motivo de su retiro. Alberto Donadio confirma la capacidad de trabajo de Samper Pizano: “Salvo la caricatura podía hacer todo el periódico”.
A la sazón, El Tiempo se convirtió en la escuela de tres plumas notables y una personalidad descollante: Enrique Santos Calderón, Daniel Samper Pizano, Antonio Caballero y Luis Carlos Galán, en su orden. Mientras los dos primeros y el último compartían oficina, Caballero se estrenaba en el arte de la caricatura política. Por indicaciones de Enrique Santos Castillo –padre de Enrique y Juan Manuel Santos–, Samper Pizano asumió la escritura de la columna “Reloj del tiempo”, que se resumiría en “Reloj” por un jalón de orejas lingüístico de Lucas Caballero –el temible y delicioso Klim–. Con los años llegarían “Cambalache” y “Postre de notas”.
La columna “Reloj” y las pesquisas hechas alimón con Donadio –tras las huellas del fenómeno Watergate– lo convierten en un referente de las facultades de periodismo del país. Sin embargo, la labor de Samper Pizano no se restringió a la de sabueso. Quizá por la influencia de Lucas Caballero pronto incursionó en los registros humorísticos. En 1981 compiló en “Dejémonos de vainas” sus columnas publicadas en Carrusel. Dicho título sirvió de base para los libretos de la serie televisiva del mismo nombre que estuvo al aire entre 1984 hasta 1998. Escritos a cuatro manos con el director Bernardo Romero, los textos dramáticos del programa eran enviados por Samper Pizano desde España donde se exilió en 1986 después de recibir amenazas. El éxito del show llevó a los productores a realizar el spin off “Te quiero, pecas”.
Renglón aparte merece su amistad con los integrantes de Les Luthiers, grupo musical y humorístico. Con Jorge Maronna –compositor y uno de los fundadores– ha escrito “Cantando bajo la ducha”, “Parapapá”, entre otros libros. La biografía oficial del grupo es “Les Luthiers de la l a la s”, de Daniel Samper Pizano, por supuesto.
Dato curioso: tras casi seis años sin publicar con frecuencia en un medio de comunicación, Daniel Samper Pizano volvió al ruedo mediático el dos de mayo de 2020. Cincuenta y seis años antes –el primero de mayo– estrenó armas en la sala de redacción del diario de los Santos. Esta vez su columna se lee cada domingo en el portal Los Danieles, fundado por Daniel Samper Ospina –su hijo– y Daniel Coronell, luego de estos salir de las páginas de la revista Semana.
Su bibliografía da cuenta de variados intereses: le ha entregado a la audiencia dos novelas, “Impávido coloso” y “Jota, caballo, rey”, títulos humorísticos de una amplia gama de temas y algunas de las antologías de periodismo consultadas por los lectores de la no ficción y los cronistas en ciernes– “Antología de grandes reportajes colombianos” y los dos volúmenes de “Antología de grandes crónicas colombianas”–.
En “Locos lindos”, su más reciente obra, Samper Pizano propone una etiqueta para entender el proceder de aquellos que en lugar de dejar a su paso estropicios y desastres esparcen sonrisas y curiosas anécdotas. “El loco lindo es capaz de provocar situaciones poéticas sin darse cuenta y a menudo anda envuelto en un aroma cómico”, escribe en el prólogo del libro editado por Aguilar. Este comportamiento es contrapuesto al del loco de mierda, acaparador de titulares y, en no pocas ocasiones, de aplausos. “El loco de mierda no toma en cuenta el daño que pueda causar a las demás personas o a sí mismo”, concluye Samper Pizano.
“Locos lindos” contiene las historias vitales de diez personajes insólitos, nimbados por el halo de la genialidad y la extrañeza. El abanico es multicolor: incluye un futbolista, un cocinero, varios científicos y otras especies entrañables de los oficios.
EL COLOMBIANO conversó con Daniel Samper Pizano sobre su carrera, el “Nene” Cepeda y otros “Locos lindos”.
Antes de hablar propiamente del libro, me interesa preguntarle por su carrera en la prensa. En un principio estuvo muy cercano al periodismo de investigación y luego se inclinó a la escritura de lo que usted llamó notas ligeras. ¿Cuántos Daniel Samper Pizano hay en usted?
“Yo he procurado aprender de grandes maestros. Uno de ellos es don Francisco de Quevedo y Villegas, quien me enseñó, a través de la variedad de su obra, que el escritor tiene un campo de desplazamiento tan amplio como lo desee. Él ha sido el más grande poeta humorístico y al mismo tiempo uno de los más grandes poetas amorosos y metafísicos de nuestra lengua. También fue ensayista, panfletista, parodista, moralista, figura política, cortesano y exitoso espadachín. Gracias a él no me siento inhibido para hacer periodismo de investigación, crónicas, novelas, ensayos y notas de humor”.
Los locos lindos, por la descripción que usted hace de ellos, se parecen a los cronopios de Cortázar. ¿Cómo se encontró con esta categoría de personajes?, ¿cuál fue el primer loco lindo que lo flechó?
“Es verdad, no se me había ocurrido la semejanza de los cronopios de Cortázar (por lo demás, loco lindo) y los locos lindos. Yo creo que uno de los primeros locos lindos de la vida real que me flechó fue Givannino Guareschi, autor de ‘El pequeño mundo de don Camilo’ y muchos libros más. Este italiano (1908-1968) fue dibujante, periodista, humorista, escritor, agitador, activista y prisionero de los alemanes durante la II Guerra. Siempre mostró voluntad para luchar por lo que creía justo y tuvo el talento de crear una obra en que el humor y la ternura van de la mano. Sufrió persecuciones y tuvo siempre una sonrisa como respuesta”.
Al leer la introducción, creí encontrarme con Álvaro Cepeda. ¿El Nene era un loco lindo?
“Sí, sí, Cepeda era un loco lindo; talentoso, generoso, exuberante, divertido. Al mismo tiempo, daba ejemplo como trabajador y jefe. Era el último en salir de la parranda a las tres de la mañana y era el primero en abrir a las ocho las oficinas de El diario del Caribe, periódico que dirigía”.
Los dos primeros personajes abordados en el libro – François Vatel y Aimé Bonpland– tenían otros nombres. ¿La identidad cambiante es otro de los rasgos de los locos lindos?, ¿un solo yo les queda estrecho?
“No creo. Lo es, más frecuentemente, de los locos de mierda, coleccionistas de alias, usuarios de diversos nombres e incluso poseedores de varias identidades, siempre en función de beneficiarse ellos y perjudicar a otros”.
Al lado de un loco lindo hay casi siempre un genio que lo eclipsa: Bonpland y Humbold, Ezequiel Uricoechea y Cuervo, Garrincha y Pelé. ¿Son acaso los locos lindos genios con poca prensa?
“Siempre han despertado más interés los locos de mierda que los locos lindos, así como resulta más atractivo el mal que el bien. A estas alturas, casi nadie sabe en Colombia quién fue Ezequiel Uricoechea y en cambio se han producido una docena de películas sobre Pablo Escobar”.
Volvamos a Ezequiel Uricoechea. Menciona que con él se inicia en Colombia la fuga de cerebros. ¿Qué tipo de sociedades son más fecundas para la aparición de los locos lindos? ¿Colombia lo es?
“Pienso que locos lindos florecen en todas partes, y aspiro a demostrarlo así en mi libro. Igual ocurre con los locos de mierda. En la Grecia antigua son coetáneos Sócrates, loco lindísimo, y Critias, jefe de los famosos Treinta Tiranos, enemigo de la democracia. En Chile coexistieron (aunque nunca llegaron a conocerse) Violeta Parra, loca relinda, y Augusto Pinochet, loco de remierda”.