La Muchacha, la voz y los dibujos de la inconformidad juvenil
En el trabajo editorial intervinieron los sellos Laguna y Cardumen.
La Muchacha —Isabel Ramírez Ocampo— escribe canciones sobre las violencias cotidianas que enfrentan las mujeres. Publicó un libro con las letras de sus canciones y sus dibujos. Foto cortesía Teatro Mayor
Esta es la portada del libro “la muchacha”. FOTO Cortesía
En un momento de ruptura política –el paro nacional de 2021– tres mujeres hicieron del metro de Medellín el escenario de un acto artístico no consultado ni programado con las autoridades. Despojándose de los tapabocas, Lianna, Briela Ojeda y La Muchacha entonaron una canción que no dejaba duda alguna de su lugar político. Uno de los versos decía: “Si aquí la gente para, el Estado dispara, fue la orden del para”.
Desde entonces, las tres se han convertido en referentes de la nueva música protesta colombiana, muy vinculadas con las actuales reivindicaciones sociales y feministas. La Muchacha –Isabel Ramírez Ocampo–, además de la guitarra, empuña el lápiz para dibujar. Producto de la mezcla de ambas artes, fue editado el libro “la muchacha” (así, en minúscula), una bitácora que reúne las letras de sus canciones e ilustraciones. EL COLOMBIANO conversó con ella sobre la construcción de una obra que le da voz a la inconformidad de la juventud.
¿Cómo fue la creación del personaje de La Muchacha, ese personaje que hace canciones?
“Fue una coincidencia de la vida. El nombre salió de una frase que escuché de una canción, de las baladas de los sesenta: “Muchacha pájaro, mi cielo azul”. Y esa frase se me quedó mucho rato mientras intentaba encontrar un nombre para el proyecto solista en ese momento. Eso fue en 2016, 2017. Empezó como Muchacha pájaro, ya después dije: “el pájaro no”. Fue así, muy espontáneo. Ya después entendí que el término Muchacha tiene un significado que es despectivo para calificar a las mujeres que trabajan en el servicio de las casas. La idea de entender eso es tratar de voltear un poco la torta y decir ‘esta muchacha no sigue órdenes de nadie, sino que va a decir lo que piensa y a trabajar sus miedos y sus inseguridades’. Es eso: tratar de resignificar el asunto de que nos vean vulnerables por ser muchachas. Esta muchacha rompe los platos en lugar de lavarlos”.
El libro tiene fotografías, canciones, dibujos, collages. ¿Cuál fue el primer arte que apareció en su biografía?
“El dibujo. Bueno, la música también, pero un poco más tímidamente. El dibujo estuvo ahí siempre, fue la carrera que estudié. El dibujo fue la columna vertebral de todo esto. También tengo otro seudónimo: La Dibujadora, que trata de darle un espacio gráfico al universo de Isabel. No quisiera tener que escoger ni que una sea predominante, sino que entren en diálogo, que generen una cosa sincrética chévere”.
Esta es la portada del libro “la muchacha”. FOTO Cortesía
¿Cómo fue el proceso de gestación de este libro?
“Este libro fue una provocación de parte de Laguna Libros y de Cardumen. Nunca pensé esto: creí que el ejercicio de tener un libro, de trabajar de esta manera, iba a hacer muy rígido. Y no. Fue todo lo contrario. De parte de Laguna y de Cardumen hubo una propuesta: querían hacer algo con las letras de las canciones. Ahí se dedujo que era una especie de cancionero, pero luego se transformó en una bitácora: junta unas ilustraciones que tenía guardadas, unos textos que tenía guardados mucho tiempo. Entregué eso en una bolsa. Y las editoras hicieron un trabajo muy bello de asociación entre las canciones y las ilustraciones, entre otros pedazos de canciones y los textos. Fue una amalgama de cosas chéveres y este es el resultado”
En el libro se menciona a Violeta Parra. El hecho de que las canciones estén en un libro hace inevitable la asociación con los poemas. Hablemos de su relación con las compositoras y con la poesía.
“La verdad, mi relación con la poesía es descuidada. No sé si tengo una estructura para escribir algo poético, simplemente lo escribo y ya, como he aprendido a hacerlo. Mi relación con la poesía ha sido intuitiva, no ha sido juiciosa o disciplinada de saber cómo funciona estructuralmente y cómo lo aplico a mi obra. Igual, no leo mucha poesía. Siento que las canciones que uno escucha a diario son suficientes también para entender lo poético que puede ser el mundo.
El asunto con Violeta es que siempre ha sido un referente muy grande para mi música, porque escuchaba sus canciones en la voz de mi mamá. Después crecí, entendí quien fue Violeta, qué hizo y siento que atraviesa mucho mi trabajo, no solo por la posición política, sino también por la idea de atender a la ruralidad, a asuntos cotidianos y asuntos oscuros”.
El gran público conoció su producción musical a partir de las redes y del movimiento del Paro. Desde su experiencia, ¿cómo la virtualidad puede servir para la difusión de otros contenidos?
“Hay que adaptarse un poco a estas nuevas posibilidades de compartir la información. Toca tratar de tener una apuesta política con esto. No porque lo sociopolítico sea lo más importante, sino porque la vida en general es política. Uno va a tratar de decir lo que piensa, de aseverarlo. El asunto es que sí hay un elemento sociopolítico que tiene la música y es que penetra un espacio íntimo, toca mucho el corazón de la gente, mueve sensaciones y eso en innegable. Nosotros no estamos salvando vidas útilmente para el sistema, sino poniendo preguntas, trabajando sensaciones, denunciando cosas que son cruciales para nuestra realidad. El arte va ligado por preguntarse por las cosas, por admirar el entorno, por destacarlo para que los detalles se vuelvan gigantes”.