El antecedente del museo es la cámara de las maravillas, salones donde príncipes y nobles guardaban los objetos raros y valiosos que coleccionaban. Artículos geológicos, históricos y de ciencias naturales que recolectaban y se les convertían en una afición. En alemán se dice Wunderkammer y así se bautizó el nuevo espacio expositivo que se inauguró en la librería Bukz.
La referencia surgió porque el área de la librería no es muy grande, así que da la sensación de estar en uno de estos cuartos que esconden tesoros y curiosidades. Además, el concepto se llevará en el diseño del lugar, con estanterías y cubos de vidrio que dan la idea de gabinetes.
La primera muestra está a cargo del arquitecto David Bonilla, y los artistas Hernán Marín y Miler Lagos, bajo la curaduría de Lucrecia Piedrahíta. La idea es no solo ocuparse de las artes plásticas, sino ampliar la conversación a otros saberes que tienen un alto contenido estético, pero que no se acostumbra a contemplarlos de igual manera que una escultura o un cuadro, como la arquitectura.
Bonilla va a presentar trabajos como el tratamiento urbanístico del barrio La Porciúncula en Bogotá y el Edificio D Aulas Sede Bicentenario de la Universidad Industrial de Santander. Maquetas físicas que dan cuenta de su filosofía de trabajo, siempre apostando por la singularidad y la construcción de un paisaje colectivo, de ahí que para él sea de gran importancia que la arquitectura reclame un lugar dentro de los espacios expositivos.
“Es fundamental la difusión de la arquitectura porque, entre otras, todos habitamos arquitectura, en las viviendas, en nuestro sitio de trabajo, a donde vayamos siempre estamos rodeados de ella, vivimos arquitectura, por lo tanto es importantísimo que el colectivo de la sociedad aprenda sobre ella y la entienda”.
Piedrahíta, que no solo es la curadora de esta exposición sino del espacio en general y se encargó con su firma del diseño, es arquitecta de profesión, por ello le resulta importante abrir estos espacios con un enfoque diferente, que amplíe la conversación.
Al igual que Bonilla, para Piedrahíta está muy relacionado el paisaje con la arquitectura y la naturaleza, por lo que los otros dos artistas invitados se encargaron de explorar esos ejes.
Un paisaje que se escapa
Miler Lagos, quien recientemente inauguró una instalación en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque de Madrid, es un artista bogotano que se caracteriza por experimentar con los materiales y a través de ellos expresar cuestiones que le atañen en relación con la naturaleza y el espacio, que son algunas de sus inquietudes más frecuentes.
Para la Wunderkammer trabajó una obra especial, se trata de una instalación en papel, que recoge las aguas de un glaciar, para llamar la atención sobre los estragos del cambio climático y la fragilidad de la naturaleza.
Por su parte, el dibujante Hernán Marín expondrá unas piezas de su serie alrededor del vacío, el tiempo y el anonimato.
Al explorar archivos de principios del siglo XX de todo el mundo, Marín selecciona personajes que pueden pertenecer a cualquier lugar y los ubica en entornos arquitectónicos que tampoco son reconocibles. “Me interesa precisamente suprimirles cualquier referencia de locación y de identidad. A menudo están en el vacío o los rodea una niebla que nos permite verlos hasta cierto punto o los va ocultando”, explica.
Mientras tanto Bonilla muestra un trabajo desde lo tangible, presente en la cotidianidad, con mucho énfasis en la potencia de lo manual, para hacer aún más cercana la presentación de estos proyectos arquitectónicos al público.
Lagos y Marín apuntan, a través de sus obras, a que estos espacios pueden llegar a ser genéricos e irse vaciando de significado, hasta eventualmente desaparecer.
Son encuentros y diálogos que se abren en un nuevo espacio que quiere ser un reflector para visibilizar personajes que no tienen acceso tradicionalmente al circuito expositivo del arte en la ciudad.