Se ha dicho hasta el cansancio que el arte es un juicio sobre el mundo. Dicha metáfora, que se alimenta de la imaginería del romanticismo, en el caso de Martín Agudelo Ramírez no es una figura literaria, sino un dato, una verdad. En efecto, Martín es de los jueces de toga, martillo para llamar al orden en las audiencias y veredictos que cambian la vida -para bien y para mal-. Él es magistrado de la Sala Civil del Tribunal Superior de Medellín y es el guionista y codirector de Sara, la fuerza del mar, un largometraje que por estos días hace la obligada peregrinación por los festivales de cine europeos y gringos.
Martín se presenta como un juez y docente universitario que en los tiempos libres escribe guiones y los lleva a la pantalla grande. La pasión por el cine la contrajo en 2003, cuando, en medio de sus cursos de doctorado, recibió una clase sobre la relación del cine con los derechos humanos. Desde entonces, incorporó un componente fílmico en las clases que dictaba -dicta- en universidades privadas de la ciudad.
En esa primera etapa de cinefilia, sus intereses de espectador estuvieron centrados en las películas que contaban las historias de los juzgados, que incluían los alegatos de los abogados a favor o en contra de una idea o de un individuo. De ese tiempo recuerda haber visto con la devoción del aprendiz Anatomía de un asesinato, de Otto Preminger, y Doce hombres en pugna, de Sidney Lumet, verdaderos clásicos del género del suspenso.
Con los años, la importancia del cine en la vida de Martín creció al punto de que en 2012 pidió una licencia en el tribunal para irse a Barcelona a estudiar cine. Las clases recibidas en la ciudad condal fueron el paso del papel de espectador al de creador. Al formularle la pregunta por las razones de ese cambio no duda en aludir su temprana inclinación por la escritura como uno de los motivos que tiene para alternar el mazo de la justicia con la claqueta de director.
Luego de pensarlo unos segundos, menciona que su trabajo docente lo llevó a la exploración audiovisual. “Para los muchachos de ahora es muy importante la imagen y el cine. No es fácil el acceso al texto escrito. Entonces quise convertir mis comentarios de las películas en piezas audiovisuales. Traduje mis textos a imágenes. Con la ayuda de la Universidad de Medellín hice documentales pedagógicos”, dice.
El asunto no se detuvo ahí. Como muchos otros cineastas colombianos, Martín pasó de realizar documentales a meterse de lleno en el difícil y costoso mundo de la ficción. En 2017 comenzó su carrera de cineasta con el cortometraje Tríptico de una dama extraviada, en el que contó con la ayuda de algunos actores de teatro. Un año después estrenó Un guardián ante el espejo, proyecto en el que compartió los créditos de dirección con Andrés Ricaurte. Ya en 2019 el equipo presentó Un camino para Tomás, un mediometraje rodado en los senderos del Parque Arví. Estas películas fueron peldaños para pasar al largometraje, la graduación de los directores de cine. Si un torero demuestra su destreza en la alternativa, un cineasta lo hace en la ficción larga.
Y en esta historia esa ficción es Sara, la fuerza del mar. En una hora y cuarenta minutos, los espectadores asisten a la historia de una jueza que se aleja del mundo de los folios y los expedientes para irse a una playa remota a buscar respuestas en el mar. Las preguntas de Sara son las mismas de Martín y de todos los jueces: ¿cuáles son los límites entre la justicia y la ley? ¿Qué ocurre cuando la aplicación de las leyes no necesariamente se traduce en una mejoría de la vida de la gente? En la mente de Sara estas preguntas se desatan cuando falla en contra de una mujer pobre porque su abogado no tuvo la astucia o la diligencia de realizar una defensa digna. Al final de ese proceso, la mujer se queda sin casa y Sara termina con preguntas que taladran su consciencia.
Luego del preestreno en El Colombo Americano de Medellín y del estreno oficial en un festival de cine en Uruguay -en el que recibió el premio al mejor guión-, Sara, la fuerza del mar busca los aplausos de los críticos extranjeros para ganarse un espacio en las carteleras nacionales. Sin embargo, esto no parece trasnochar a Martín, quien dice sentir la satisfacción que da el trabajo bien concluido.
Película con talento paisa
El primer largometraje de Martín Agudelo Ramírez es protagonizado por Gisselle Villada, Sebastián Gómez y Felipe Giraldo. Además, fue el último trabajo audiovisual de Andrés Restrepo, el hijo del también actor Fabio Restrepo (ambos fallecidos). La película se rodó en Medellín y en Necoclí e hizo parte de la selección oficial de la pasada edición del Festival de Cine de Salerno, Italia. Su estreno en los Estados Unidos se dio en el Festival Internacional de Cine de Chandler, en el que compite en la categoría de mejor película latina.