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Aranjuez, ese barrio que está hecho de palabras: un diálogo entre Gilmer Mesa y Gambeta

Se ha reconstruido a través de las historias que Gilmer Mesa y Alcolirykoz han escogido para retratarlo. Una charla íntima.

  • El rapero Gambeta y el escritor Gilmer Mesa comparten puntos de vista sobre la realidad de Aranjuez y la vida en el barrio. FOTO Manuel saldarriaga
    El rapero Gambeta y el escritor Gilmer Mesa comparten puntos de vista sobre la realidad de Aranjuez y la vida en el barrio. FOTO Manuel saldarriaga
17 de septiembre de 2023
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Aranjuez es un barrio, pero también un disco de Alcolirykoz y una novela, la última de Gilmer Mesa. Ahí, entre letras y con los años, ese barrio se ha ido transformado. Pasó de ser el barrio de los pillos, el de Los Priscos, reconocido hace un par de décadas por la violencia, a ser el mundo, donde una historia personal, mínima, contiene a la sociedad completa, a la ciudad, al país.

Para saber más de ese tránsito que los llevó del menosprecio al orgullo, EL COLOMBIANO habló con Gilmer Mesa y Gambeta, de Alcolirykoz, porque ellos se han encargado de reescribir el barrio. Mucho de lo que hoy es Aranjuez, lo es por su música y sus libros.

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Ustedes se conocen del barrio hace muchos años, pero la amistad pasó después. ¿Cómo se dio?

Gilmer Mesa: “Yo siempre tuve a Gamba en el radar, y a esa familia, sobre todo a los Fonnegra, porque yo fui muy amigo de Alex, el hermano mayor de Carlitos (Kaztro).

Pero fue ya grande, como a los 30 años, que un parcero muy parcero de los dos que se llama Diego, el loco, me mostró una canción de ellos que era Acrobacias y cuando yo escuché esa letra yo, ay marica, estos manes quiénes son y me dijo esos son los Fonnegra... Y como a los 2 o 3 días parchamos y ya y ahí si nos hicimos muy, muy, muy amigos y yo me volví un fanático”.

Gambeta: “Yo a Gilmer siempre lo recuerdo como a los primos mayores, como esos manes que se terminan volviendo referencias para uno en ciertas cosas. Tengo el recuerdo de Gilmer siendo amigo del hermano de Kaztro y yo los iba a ver jugar baloncesto, íbamos Kaztro y yo todos peladitos”.

Entre ustedes, en las canciones y las novelas hay ecos de personajes, de historias. Ustedes hacen una lectura del barrio similar...

G.M: “Yo desde que hablé la primera vez con Gamba entendí o sentí que era un man muy cercano a mí y que teníamos no una percepción del barrio, sino una percepción de la vida muy parecida.

Me deslumbró mucho hablar con él, pero sí, lo que más me impresionó era que yo decía este marica es muy parecido a mí, pues, tenemos los mismos códigos de la amistad, del barrio, de la familia, de las cosas importantes de la vida y una cosa que me deslumbró también es que teníamos rabias muy parecidas”.

G: “Chimba eso que dice Gilmer porque, me parece, se lo escuché la primera vez a él y es como de crecer con una información, pues, nacer con una información sin haber vivido nada, ya venir como con los juegos incorporados...

Y lo otro es que yo sí comparto rabias y dolores con Gilmer porque, se lo he dicho mil veces, yo lo escucho hablar en una charla y lo primero que siento es ganas de llorar, es como si yo no solo entendiera el dolor, lo cargo también”.

Ustedes han hecho una lectura del barrio no sólo como origen, sino como destino...

G.M: “Los dos habíamos empezado a ver una cosa que yo no encontraba en otra gente, era como una necesidad de decir yo soy de aquí, yo me siento bien estando aquí.

Con este marica empecé a entender un montón de cosas mías que yo tenía ahí, que después también han salido en los libros y en las canciones y era eso, como que nosotros nos sentíamos muy de aquí, muy cómodos... “

G: “Nosotros no somos del barrio, nosotros somos el barrio, porque lo que representa el barrio, más que todo ahora, es justo lo que le estamos dando al barrio y se lo dimos no solo nosotros sino esa gente que también rodeaba todo eso, la gente que no quería ser bandido, la gente que estaba en otras cosas y que estaba cómoda ahí, pero nos vendieron todo el tiempo una incomodidad. Todavía hay gente que se incomoda demasiado con que digamos que estamos bien ahí.

“Un día estábamos ahí donde el Popes, ahí afuera parchados, y llegó un man bandido vieja guardia, y estaba como con los chorros y me dijo: “Vea, hermano, ustedes han hecho por este barrio más que cualquier gonorrea de por acá” y salió y se fue, ni espero a que yo le respondiera... un man que ni escucha rap”.

G.M: “Yo hablé con bandidos muy vieja guardia que se sentían muy orgullosos de que este barrio tuviera una fama de bandidos muy bandidos.

Y eso era también, desde otra esfera obviamente equivocada, lo que ellos quisieron hacer desde las balas, que estos maricas lo estén haciendo ya desde la música, eso es una cosa la hijueputa. O sea, enorme”.

Al barrio le faltaba quien lo contara también de otra manera...

G: “Que se ganara el respeto de otra manera. Que hubiera un orgullo de otra manera”.

G.M: “Es un poco haber entendido que el barrio estaba adentro, no afuera. Porque eso hizo mucho daño del capitalismo, que creó un individualismo a ultranza, entonces la gente prefería ir a un barrio que estuviera ya instalado con un buen nombre y tal y el cambiar de barrio para meterse allá y no cambiar el barrio para que la gente se metiera en él”.

Siempre ha habido como una lectura desde afuera, sobre todo por el contexto que vivió Aranjuez como en los años 80 y 90...

G: “Aranjuez ya no es lo que estamos hablando del pasado. Uno empieza a hablar tanto de cómo fue, de lo que costó y se le olvida hablar del presente, entonces la gente se desconecta y siente que eso está igual. El asunto con la visión que tiene la gente de afuera es que es muy superficial. Para la gente que está como espectador todos los barrios son idénticos.

Uno desearía que en el mismo barrio hubieran manes haciendo cine teso, ya está Gilmer haciendo sus libros y nosotros haciendo música y así puede salir mucha gente, pero ahí es donde uno entiende la grandeza de la gente que está adentro, que lo vivió, esa narración de esa gente son las que hacen falta que se den a conocer”.

G.M: “Hay una cosa que me sigue molestando, aunque ya no me empute, y es esa discriminación positiva. A mí, por ejemplo, cuando me quieren alabar, siempre se les cuela como, este man es un gran escritor y es del barrio, como si eso fuera un atributo, o cuando me dicen sobreviviente, o víctima... Necesitan adjetivar para restarle valor, supuestamente dándoselo, y eso es una forma de arribismo muy sutil y muy sofisticada.”

G: “Ser de un barrio no es un talento o un mérito, y eso toca aclararlo porque hay gente que sabe sobre explotar ese discurso sobre, no, nos tocó muy duro y miren ahora somos millonarios.

Para allá no iba el asunto, nosotros podíamos haber quedado sin un peso con lo que hacemos y el orgullo iba a estar intacto, el orgullo no dependía de la plata que hiciéramos. A la gente le encanta el discurso del que lo tuvo todo en contra y salió adelante, hay gente sobre explotando eso, gente que no tiene nada que ver con esto. Cójala suave, que eso no es un disfraz”.

Es el barrio como estética y eso anula la experiencia, lo que ustedes han vivido y están construyendo.

G: “Se anula lo importante”.

G.M: “A mí Maluma me llamó para que participara en un video que de un barrio, que Medallo City, y yo, oigan a este parcero. Ese manager fue muy formal, pero ahí mismo le dije, parce nosotros estamos en orillas distintas, pues, como se le ocurre, guevón.

G: “Vuelvo y digo, no es un disfraz.

Hoy te favorece porque ahora está bien hablar del barrio, está cool, está de moda, está permitido. Y el día que les vuelve a dejar de gustar nosotros vamos a seguir siendo esa misma gente. En cambio hay gente de afuera viniendo a llevarse lo que le funciona y ya. Es lo más parecido a las campañas políticas, es igualito. Yo he visto ya más de uno por ahí utilizando la música de Alcolirykoz en campañas, que yo no sé si la intención es decir que estamos con ellos de una manera indirecta cuando no conocemos a ninguno, ni vamos a votar por ninguno”.

G.M: “Y qué quede claro aquí”.

G: “Que quede claro, porque píllate la manera en que tienen de explotar todo. Discursos que van en contra de ellos y a ellos no les importa”.

G.M: “El colmo de la banalidad, es decir, es reducir todo un proyecto a un eslogan. Estamos en la época de los eslogan y cuando eso pasa, se corre el riesgo muy fácilmente de volver el orgullo un eslogan. El orgullo no es un eslogan. Eso es capitalismo puro y duro y del más malo”.

¿Qué los llevó a escribir?

G: “Mi primera sensación de escribir algo nunca fue, voy a escribir algo sobre lo bonito que está el día o sobre la comida favorita mía o sobre mi color favorito, nada.

Voy a escribir algo que no soporto tener más conmigo y me está matando. Cuando puse la primera palabra y sentí como un alivio, yo dije esto es más que hacer canciones o que hacer un álbum o ser famoso, eso nunca nos pasó a nosotros por la cabeza. Era una necesidad. Yo soy muy sensible para el mundo que me está mordiendo”.

G.M: “Amen. Yo encontré como una intimidad ahí, muy tesa, porque para mí lo más importante que hay en la vida aparte de mi mamá y mi familia son los amigos. Son otra familia y todos los días nos encargamos de recordarnos eso, por suerte.

Pero yo no tenía un interlocutor con los amigos, o sea había cosas que yo no era capaz, en cambio la hoja en blanco sí me daba esa intimidad, yo ahí sí podía decir lo que me daba la puta gana. Yo nunca pensé que iba a publicar libros era simplemente como volcar ahí cosas.

Esa honestidad en lo que ustedes escriben es lo que hace a la gente querer habitar ese universo que ustedes han construido y que se siente tan real...

G: “Es como la plata, que estaba sustentada en oro. Todo lo que nosotros decimos está sustentado en oro, todo”.

G.M: “Es una chimba de símil porque ya hace mucho tiempo no está sustentada en oro, ¿en qué está sustentado? Está sustentado en la deuda. Y lo qué pasa es que la gente no sabe, nosotros sí sabemos a quién le debemos, por eso sigue siendo honesto, por eso sigue valiendo oro”.

G: “Amén”.

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