La violencia en perspectiva, bajo la mirada de Juan Manuel Echavarría
Cuando la muerte empezó a caminar por aquí es una exposición antológica que presenta el trabajo de casi tres décadas de Juan Manuel Echavarría. La exposición estará abierta hasta el 18 de mayo de 2024 en el Museo de la Universidad de Antioquia.
Vicente Moreno, uno de los colaboradores de la obra
Bocas de Ceniza durante la exposición
Cuando la muerte empezó a caminar por aquí, de Juan Manuel Echavarría. Foto Jaime Pérez Munevar.
No parece haber ficción capaz de superar la violencia colombiana. Todas las formas del horror que cualquiera se imagine aquí han sido realidad, son la historia de alguien, casi siempre su muerte.
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Esos horrores vividos, pero transformados en alguna forma de arte –fotografía, pintura, música, vídeo— es lo que se encuentra en la exposición antológica Cuando la muerte empezó a caminar por aquí, de Juan Manuel Echavarría en colaboración con Fernando Grisales, en el Museo de la Universidad de Antioquia.
Un trabajo que empezó en 1996, cuando Juan Manuel dejó de escribir para ponerse a hacer fotos, y se encontró con la violencia en los primeros retratos que hizo de unos maniquíes en Bogotá. Desde entonces, la violencia colombiana se volvió el centro de su arte y de su vida y empezó a investigar, pero también a pensar cómo había vivido esa violencia, que estalló el mismo año de su nacimiento, en 1947.
La exposición empieza ahí, donde empieza su obra. En la primera sala están los retratos de esos maniquíes y una frase que dice “Estas fotografías fueron la piedra que rompió las aguas quietas de mi inconsciencia”.
Y un poco de todo lo que hizo a partir de ahí: Corte de Florero, El Testigo, La bandeja de Bolívar, Requiem NN, El testigo vivo de la masacre de Las Brisas, ¿De qué sirve una tasa?, Silencios, La guerra que no hemos visto y Bocas de Cenizas. La obra, por ser tanta, está repartida por todo el museo, en las salas y en los pasillos. Está su trabajo individual y el que ha hecho en colaboración con su equipo de trabajo y con aquellos que han padecido la violencia.
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Para describir su la obra, Juan Manuel invoca la historia de Perseo y Medusa.
“Perseo tiene la misión de los Dioses de cortarle la cabeza a la Medusa, que era el ícono del terror en la mitología griega. Quien la miraba de frente se petrificaba, y Perseo para lograr las órdenes de los Dioses usa un escudo con un espejo y ahí ve la cabeza de la Medusa sin petrificarse, o sea, la mirada oblicua, indirecta”, dijo Juan Manuel en un recorrido guiado por la exposición un día antes de inaugurarla.
En su obra no hay cuerpos muertos ni sangre. La mirada es también oblicua, huye al sensacionalismo y de alguna manera busca también evitar esa petrificación, pues la presencia de la muerte de forma tan literal resulta también paralizante.
Se lo dijo Luzmila Palacio, de Juradó, cuando estaban trabajando en el proyecto Bocas de Ceniza, un vídeo que recoge los cantos que algunas víctimas le dedicaron al gobierno para contarles cantando lo que les ha pasado, sus reclamos. Cuando Juan Manuel le pidió a Luzmila que le contara su historia, ella le dijo: hay cosas que no se pueden contar, pero sí se pueden cantar.
Ay Juradó no me hagas más sufrir que me muero de dolor y no puedo resistir (bis)
En Juradó no había tiempo de tristeza toda su gente era alegre y cumbiambera (bis)
Pero la guerra acabó con la alegría y los cilindros cerraron la frontera (bis)
Canta Luzmila.
Recuerdo que el dos de mayo fecha que no olvido yo pasó un caso en Bella Vista el mundo entero se conmovió (bis).
Cuando yo entré a la iglesia y vi la gente destrozada se me apretó el corazón mientras mis ojos lloraban (bis).
Canta Domingo Mena.
Eran aproximadamente las seis de la mañana cuando en el pueblo disparos se escuchaban (bis).
Se levantó la gente muy alarmada y unos a otros se preguntaban (bis) que en el pueblo qué era lo que pasaba (bis).
Y unos a otros también se preguntaban que si sus vidas allí se terminaban (bis).
Canta Vicente Moreno.
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En Bocas de Ceniza cantan varios más. Cantan sus historias, porque la música es una de transformar ese horror y ese dolor, pues hace de él una melodía, lo pone en palabras que otros van a escuchar y a cantar también, y pronunciar las palabras del otro, cantándolas, es una forma de aproximarse a su experiencia, de hacerla propia, haberla vivido. Eso es lo que permite la mirada oblicua de Juan Manuel Echavarría, extrañarse de esa violencia tan normalizada y cotidiana. Escapar a la indolencia, que es una forma de estar muertos en vida, petrificados.
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“Me lleno de orgullo de pertenecer aquí a Bocas de Ceniza porque es un placer para mí, y le doy gracias a mi compadre Juan Manuel Echavarría (...) La gente no le dan el mérito a la inteligencia que tenemos nosotros, por eso me siento satisfecho”, dice Domingo Mena, el hombre que se hizo conocido en su pueblo, Bellavista, y en el país, por recoger los muertos que bajaban por el río, y por enterrar a las víctimas de la tragedia de Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de 2002.
Domingo se comprometió con los muertos. Asumió como su deber impedir que desaparecieran, que se los tragara el río.
“He sido un hombre muy sufrido de aquel que se muere. A mí en Bellavista, mi pueblo, me decían el recoge muertos, porque veía una persona bajando por el río Atrato con el gallinazo montado encima, y espantaba el gallinazo y cogía a esa persona sin saber quién era y la apegaba a la orilla y se la entregaba al alcalde para que le diera cristiana sepultura. El río Atrato es un calvario del olvido del ser humano”, dijo Domingo en un conversatorio previo a la inauguración de la muestra.
El arte no solo ha permitido la transformación de esas anécdotas, sino también el acercamiento a esas realidades que se reducen a ser noticias, porque les ocurre una tragedia, a esas inteligencias que no se valoran, como dice Domingo, pero a las que les ha sobrado el coraje para enfrentar la guerra.
“Hoy por hoy le doy gracias a mi compadre Juan Manuel que sacó adelante estas lindas composiciones que nosotros sacamos y me sentí comprometido a sacarlas para que las cosas que habían sucedido el 2 de mayo en Bellavista no quedaran en el olvido, como así han quedado los que yo recogí”, dijo Domingo.