La filosofía brinda herramientas para comprender la vida individual y las relaciones sociales. El ensayista y docente universitario Mauricio García Villegas tomó uno de los conceptos del filósofo Baruch Spinoza para entender por qué las sociedades en América Latina tienen el destino que han padecido.
La idea de las emociones tristes la ha aplicado en el análisis de los fenómenos colombianos y de las complejas urdimbres de un continente que todavía no responde satisfactoriamente a las preguntas por su pasado y por el futuro. El libro El viejo malestar del Nuevo Mundo se presenta este jueves, 15 de junio, a las seis de la tarde, en el Mamm.
Usted ha desarrollado una idea que toma del filósofo Spinoza y que le sirve para la comprensión de las sociedades. Comencemos por hablar de esa tesis...
“Baruch Spinoza, que era un filósofo holandés del siglo XVII y fue uno de los precursores de la modernidad, decía que él siempre intentaba prevenirse contra las emociones tristes, y por emociones tristes entendía la tristeza, el odio, la venganza, el resentimiento, el miedo. Él decía que esas emociones apocaban o disminuían a las personas y que era bueno prevenirse contra ellas. Yo creo que ese concepto es aplicable a las colectividades. Todos los países tienen emociones tristes, es decir, tienen sentimientos de venganza, de miedo, de resentimiento, etc. Lo que pasa es que en algunos países esas emociones tienen más peso que en otros”.
¿Y fue muy difícil abordar este asunto en particular? Al menos para el caso colombiano...
“Podría perfectamente haber escrito un libro sobre las emociones tristes que hay en Francia o incluso más fácilmente en los Estados Unidos, pero hice El país de las emociones tristes, un libro sobre las emociones tristes en Colombia. Ahora, este segundo libro, que se llama El viejo malestar del Nuevo Mundo, es sobre las emociones tristes en América Latina. Allí sostengo que el peso que esas emociones tienen explica o ayuda a comprender algunos de nuestros pesares y de nuestros fracasos. Esa es la idea”.
En 2021 publicó El país de las emociones tristes, un libro en el que reflexiona sobre la realidad colombiana...
“Ese es un libro que empieza con los avances recientes de las últimas décadas de la ciencia cognitiva, que comenzaron hace unos 45 años con un científico que se llamaba Edward Wilson. A partir de él y de todo un movimiento que se llama el neodarwinismo, es decir, la comprensión de nuestro cerebro a partir de la evolución, hago un recuento de la mayor parte de esos descubrimientos y de cómo la mente humana está muy predispuesta, sobre todo, para los sentimientos, los afectos, las emociones y la imaginación”.
¿Eso indica que somos muy emocionales y pocos racionales?
“Siempre se nos han enseñado que los seres humanos somos animales racionales, pero más que eso somos animales emocionales, animales que imaginamos, que nos inventamos mundos y, sobre todo, animales tribales que dependemos mucho de nuestro grupo, de cualquier grupo que se sea: el equipo de fútbol, los amigos del barrio, los compañeros de la oficina, los miembros de una iglesia, un pueblo, un partido político o una nación. Los seres humanos dependemos mucho de las emociones asociadas con esos tribalismos, con esos grupos. Y entonces en El libro de las emociones tristes intento mirar la historia colombiana desde el punto de vista emocional y, particularmente, de esas emociones tristes y la importancia que han tenido en nuestra historia”.
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Y amplía el espectro de esa reflexión en El viejo malestar del Nuevo Mundo...
“Así como las personas tienen emociones tristes, y algunas sienten más esas emociones tristes, también se puede hablar del peso o de la importancia que tienen esas emociones en las colectividades y particularmente en los países. Los sociólogos suelen referirse a eso como identidades colectivas, que es un término que ha suscitado mucha polémica. Yo prefiero hablar de arreglos emocionales, en los que esas emociones tienen una particular importancia. Lo que hago en este en este último libro es mirar la historia de América Latina desde la colonia.
Es un libro sobre Iberoamérica, porque tiene mucho de España también. Una de las tesis es que nos hemos olvidado de España y creo que no podemos entender nuestra historia, nuestro presente y las posibilidades que tenemos en el futuro sin entender a España”.
¿Y qué nos queda de los españoles?
“Nos metimos la mentira de que con la salida de los españoles ya nos habíamos liberado de España y que España ya no importaba y que podíamos mirar a otras partes que considerábamos más desarrolladas, más ilustradas, como Francia o los Estados Unidos a principios del siglo XIX.
Pues bien, eso es una mentira y creo que es fundamental entender a España, lo que era España, la España barroca que vino a América. Otra de las hipótesis del libro es que nosotros somos más españoles del barroco que los españoles actuales. Y entonces, a partir de esa historia, de la Conquista y de la Colonia y, luego, del siglo XIX, en el que se consolidó la Independencia, trato de mirar cuáles son las emociones predominantes, más importantes. Y a partir de ahí hago el análisis del momento actual en América Latina”.