Diógenes lleva años trabajando en el cine, pero no había emprendido su primer proyecto personal porque no estaba seguro de qué historia quería contar. Podía escribir por encargo, podía se asistente de dirección, trabajar en sonido o en el departamento de arte, pero no se animaba a estar detrás de las cámaras, dirigiendo sus propias palabras. “Uno se va preguntando a medida que va creciendo de qué quiere hablar. Entendí que quería hablar de la familia, sentía que siempre había algo ahí y quería sanar el ‘desorden’ en los vínculos con lo que escribo. La necesidad de ser reconocido como hijo”, explica.
La cinta no es una historia real, literalmente. Cuando empezó a escribirla, sí surgió del impulso de contar algo que había sucedido en su familia, pero mutó para convertirse en una historia sólida desde la dramaturgia, planteada en tres actos y con un antagonista, que permitiera enriquecer el relato.
Precisamente de la dramaturgia, del teatro, fue que también aparecieron sus protagonistas: Marcela Valencia en el papel de Dora, la madre, y Jose Restrepo en el de Alejandro, el hijo. La historia comienza cuando fallece el padre de Alejandro y este decide ir a buscar a su mamá, que lleva años internada en una institución psiquiátrica y a quien se le ha prohibido visitar, incluso a la fuerza.
Una vez en el instituto, que es regentado por una comunidad religiosa, Alejandro pretende llevarse a su madre, que apenas reconoce, pero al encontrarse con una negativa, decide llevársela para de alguna manera recuperar su relación. Lo que no será fácil, pues Dora en realidad tiene una condición psiquiátrica, al igual que el mismo Alejandro. La salud mental, un tema del que poco sabe el público general y al que muchas veces “no queremos mirar de frente”, como dice Diógenes, es otro de los grandes temas.