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El futuro de la literatura colombiana tiene rostro de mujer: Diana Obando y Laura Andrea Garzón

Las escritoras se alzaron con los premios Elisa Mújica y María Mercedes Carranza, respectivamente. Sus libros ya están a la venta.

  • Laura Andrea Garzón y Diana Obando han estudiado maestrías en escrituras creativas y se dedican a la literatura. Fotos: Cortesía.
    Laura Andrea Garzón y Diana Obando han estudiado maestrías en escrituras creativas y se dedican a la literatura. Fotos: Cortesía.
  • El futuro de la literatura colombiana tiene rostro de mujer: Diana Obando y Laura Andrea Garzón
  • El futuro de la literatura colombiana tiene rostro de mujer: Diana Obando y Laura Andrea Garzón
23 de abril de 2023
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Una poesía que hace de lo cotidiano un evento místico

Para algunos poetas, la poesía es una plegaria y, al tiempo, un reclamo a los dioses. Con Pan piedra, Laura Andrea Garzón entabla un diálogo con algunos pasajes de la Biblia y con el rito católico que hace del pan y el vino la carne y la sangre del dios nacido en Belén. Con este libro —que es la versión deparada de su trabajo de grado en la maestría de escritura creativa de la Universidad de Iowa— Laura Andrea ganó el Concurso nacional de poesía María Mercedes Carranza.

Comencemos hablando de la poeta que le da nombre al concurso que usted ganó: María Mercedes Carranza...

“He leído poco a María Mercedes, le confieso. Siento que lo que leí, de todas maneras, me marcó en cuanto a la manera en que aborda la cotidianidad Y el afecto. Hay un poema de ella que me gustó especialmente -no sé en qué libro saldrá publicado porque yo lo leí en un periódico- y es sobre el arroz frío. Ese poema me dejó la sensación de que uno podía escribir sobre lo que uno quisiera, y ese poema lo leí en el colegio.

Me marcó que escribiera sobre el alimento, que es algo que a mí me ocupa en el libro Pan piedra, y sobre la memoria que se construye alrededor de ese alimento. Entonces, aunque no he leído con cuidado la obra de María Mercedes Carranza, que me gustaría hacerlo de una manera más juiciosa y devota, siento que esos detalles que encontré en ella en mis pequeñas lecturas sí fueron significativos”.

El jurado menciona que su libro es una propuesta arriesgada, que resalta entre el panorama de la poesía colombiana...

“Me arriesgo a generar una épica familiar ahí, un diálogo con la Biblia, que me parece que a veces consigue que haya una percepción de que lo pequeño se puede engrandecer. Volvemos a esa cotidianidad que de repente cobra un sentido mucho más amplio y mucho más complejo que simplemente abordar el día a día porque se vuelve algo grandioso dentro de su simplicidad.

Esa es una apuesta que a me interesó mucho. Hice un primer libro que se llama Doméstico y en ese libro me voy a los pequeños espacios y a las grietas de las casas y a las dificultades de la convivencia y eso es algo que aún en Pan piedra me ocupa. Lo he convertido en algo más universal y al mismo tiempo quiero hurgar en las particularidades de esa historia familiar, que es mi historia”.

¿Ese diálogo se da con qué texto en particular de la Biblia?

“Hay un fragmento largo que tiene que ver con el Génesis, que es uno de los primeros poemas que aparece en el libro. Por supuesto, con esa idea de que se crea una genealogía de la propia historia. Hay varias citas con las que abren los poemas: en otro fragmento está Job, más adelante están Salomé y Juan el Bautista. Está el cuerpo de Cristo como este ritual de la muerte y resurrección de Cristo que se adapta en la transubstanciación dentro de la misa católica”.

El futuro de la literatura colombiana tiene rostro de mujer: Diana Obando y Laura Andrea Garzón

Uno conecta la poesía con lo mágico y con lo místico. ¿Cómo han sido sus acercamientos desde esa óptica a la literatura?

“Me interesa mucho la poesía mística. Me interesa desde San Juan de la Cruz, me interesa desde Santa Teresa. Me interesa desde poetas contemporáneos como Hugo Mujica, Juan Gelman. La aproximación a la poesía como algo que está hurgando en lo que no se puede decir, en lo inefable que muchas veces es la presencia de Dios y en esa conexión que se puede o no tener con Dios y como se accede a ella a través del lenguaje y a través luego de los límites de ese lenguaje”.

Soy una persona espiritual, pero no soy una persona creyente en este momento de mi vida. Crecí siendo creyente y eso marcó mi poesía porque todo lo que está rodeando la religión está lleno de su propia musicalidad. Recuerdo mucho ir a misa y escuchar la manera en que la repetición de las oraciones les da un sentido más profundo.

Obviamente yo no era consciente de lo que me inquietaba, pero me fascinaba la manera en que eso ocurría y en que todos estábamos unidos rezando lo mismo y en que todos estábamos haciendo una repetición de algo que era como un cántico. A mí eso me encanta, me parece que la poesía está ahí, está viva en ese lenguaje que se repite y por eso me gusta leer mi poesía en voz alta”.

¿Cuáles son sus exploraciones poéticas?

“Me interesa el lenguaje como un elemento vivo y por eso planteo conversaciones con la cotidianidad porque siento que ahí es donde está el lenguaje vivo y donde está la vida palpitante que me interesa hurgar y explorar desde esta mirada íntima.

Me interesa la intimidad y la construcción de esa intimidad y de esas historias que están atadas a lo secreto y volvemos a lo místico: a lo que no podemos decir, a lo que nos marca de una manera en que no sabemos articular del todo, a las narrativas que hacemos de nosotros mismos y de lo que nos rodea”.

Su trabajo de grado de Los Andes se titula Un lugar es cada cosa...

“Yo hice dos carreras: estudié literatura y estudié arte. Mi trabajo de grado de literatura es sobre novela gráfica, sobre la adaptación de la novela de Ciudad de Cristal, de Paul Auster, a la novela gráfica. Y mi trabajo de grado de arte se llama Un lugar es cada cosa y es una instalación con performance. Lo que hice fue reproducir la sala de la casa de mi abuela junto con otras piezas que diseñé y lo que hacía era invitar a la gente a tomar el té. Me interesa mucho esto de la ritualidad, de la repetición. Aprendí a preparar el té, aprendí los rituales que estaban alrededor de eso y lo que hacía era reproducirlos en este espacio e invitar a la gente a construir un diálogo con aquellos que no conocían y que se encontraban ahí en ese lugar que yo había diseñado para el encuentro”

***

Un libro al que se puede entrar por la puerta o por la ventana

Con tres ediciones a cuestas, el Premio de Narrativa Elisa Mújica se ha convertido en un trampolín para las nuevas voces literarias de Colombia. Y con una peculiaridad: en el certamen solo participan libros escritos por mujeres. La ganadora del más reciente concurso es la escritora y canalizadora Diana Obando. Con los textos de Erial —que están por fuera de las etiquetas de los géneros literarios—, Diana reflexiona sobre las historias vividas o que le han contado sus protagonistas o que han escuchado terceros.

En el actual contexto, la idea del cuarto propio, de Virginia Wolff, ¿le dice algo a ustedes, las escritoras?...

“Sí, completamente. Ese libro no solo me conmueve sino que sobre él vuelvo y vuelvo porque hay una cosa esencial que Virginia Wolff aborda ahí y son las condiciones materiales en las cuales producimos las personas que escribimos. Y estas condiciones son bien distintas para las mujeres. Entonces, para mí ha sido súper importante porque las condiciones materiales pasan por el cuerpo y mi cuerpo es el cuerpo de una mujer que materna.

Por ejemplo, el concurso Elisa Mújica tiene dos cosas muy importantes. La primera, por un lado, es generar cierta equidad en término de las condiciones materiales. Muchas mujeres que acudimos a estos concursos somos madres o cuidadoras, y no en el sentido estricto de personas enfermas.

Mucho de nuestro tiempo lo destinados al cuidado de otros y otras. Y por eso no llegamos en las mismas condiciones a los concursos que los hombres. Y estos concursos femeninos aportan que podamos llegar en condiciones similares.

Y, por otro lado, estos concursos le están abriendo campo a una forma de escritura femenina, que no se limita a las mujeres. No me gusta llamarla femenina, sino mejor puedo decir que no es hegemónica. Los géneros literarios, por ejemplo, claramente vienen de una visión hegemónica de lo que la literatura es y cómo puede repartirse en compartimentos”.

El futuro de la literatura colombiana tiene rostro de mujer: Diana Obando y Laura Andrea Garzón

¿Cómo le llegaron a su vida las historias que están en el libro?

“Son historias que me contaron directa o indirectamente. Es decir, que me contaron o que alguien me contó que le contaron. En definitiva, están editadas. En eso hay algo muy particular: he trabajado en proyectos de memoria histórica, partiendo de relatos reales. Y hay una cosa que sucede cuando uno pasa del registro oral al literario y es que hay que ser muy cuidadoso, por supuesto, de respetar y honrar la verdad de las personas, pero, al mismo tiempo, hacer cambios.

Hay cosas en los relatos orales que parecen inverosímiles así sean veraces y toca reconstruirlas en función de la verosimilitud. Eso logra que el texto sea compacto, que no se le vean las costuras. Ese fue también el proceso con estos textos.

Estoy ahora muy inspirada por lo que ha escrito Cristina Rivera Garza, desde hace varios años. Me parece mínimo reconocer que estas historias no vienen del éter, incluso aun cuando mucho del cuerpo de esas historias sí son fabulación mía. Cristina Rivera parte de la idea de que toda escritura es colectiva, en la medida en que quienes escribimos acudimos a diferentes textualidades: de libros leídos, de conversaciones que hemos escuchado, de conversaciones que hemos tenido”.

Hablemos de la escritura del libro, el proceso como tal...

“Este libro le empecé a escribir entre 2017 y 2018, pero no fue un proceso constante. En esos años surgieron uno o dos de los relatos. Luego escribí algunas cosas, pero fueron los últimos dos años en que estuve trabajándole fuertemente. El proceso de escritura no fue lineal, es un libro al que se le puede entrar por cualquier página, se puede entrar por cualquier relato, sin embargo sí hay un orden pensado juiciosamente.

Sí hay unas relaciones y unas tensiones entre unos relatos y otros. Aunque no hay un asunto temático demasiado visible que los atraviese a todos, sí hay unas preguntas y una cierta forma de poner la voz de la narradora en todos. Eso se siente en el texto”.

De las escritoras colombianas —de su generación o mayores—, ¿cuáles son las que particularmente le recomienda leer a la gente?

“En mi adolescencia me encantaba lo que hacía Luz Helena Cordero, a quien conocí a propósito de un premio que gané. Recuerdo la poesía de ella con mucho cariño. La prosa de Mery Yolanda Sánchez es poderosísima. Con Mery tuve oportunidad de trabajar precisamente en un proyecto de memoria histórica.

De las mujeres contemporáneas me fascinó el libro de Cristina Bendek. Me inspira un montón el trabajo de Carolina López Jiménez, que hace escrituras expandidas de formas muy inteligentes”.

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