El 23 de junio de 1990 ocurrió la masacre del bar Oporto, en la Loma de los Benedictinos, de Envigado, en la que murieron 23 personas en menos de 10 minutos. La escena es recreada en la película Amigo de nadie, la más reciente producción del director Luis Alberto Restrepo.
El antioqueño piensa que, más que hablar sobre esos casos, su cinta va a la raíz de valores arraigados en la sociedad colombiana y antioqueña, que ella misma no ha querido ver: el clasismo, el racismo, la cultura del dinero fácil y la xenofobia. “Colombia se ha encerrado en sí misma y Medellín más”, reflexiona sobre esa forma de ser.
La historia parte del libro Para matar a un amigo (2012) escrito por Juan José Gaviria y Simón Ospina. El largometraje se estrena mañana en las salas de cine del país.
¿No cree que se ha narrado mucho la ciudad igual?
“Lo más cerca es Víctor Gaviria, que lo ha abordado desde las clases populares; a diferencia de esta historia, inspirada en hechos que suceden en El Poblado y que dejan ver esa crisis violenta en Medellín”.
¿Qué encontró en esa sociedad?
“La irrupción del dinero fácil y eso de defender sus intereses por encima de lo que sea es, de alguna manera, de donde nació el concepto paramilitar. Esa mentalidad estaba muy arraigada en este tipo de jóvenes y por eso se despeñaron. Eran gente que hubiera podido tener una vida productiva y agradable”.
En algún momento el abuelo le enseña a su nieto que “hay voluntades más fuertes que otras”, como enseñándole esos valores...
“Es como un mensaje supremacista, es decir, ‘nosotros somos distintos y tenemos qué imponer nuestros intereses’. Esa es una mentalidad que existe en todo el planeta y en América Latina, pero que aquí nos ha impedido desarrollar una sociedad más justa y equilibrada”.
¿Por qué?
“Esta es una anécdota pequeña de unos muchachos sin ninguna importancia en la vida, no eran políticos ni gente que estuviera en el filo de la navaja. Eso es algo que vivimos mucho en esas épocas, había una locura en medio de todas esas crisis. Era gente que no tenía por qué mezclarse en esto y terminó pasando”.
Preocupados por una moto, una novia....
“Había como una locura en medio de todo eso. Les gustaba la vida, la buena música, eran alegres y eso sucedió en todo el país. Estamos llenos de anécdotas que reflejan lo mismo”.
Hay dos corrientes en el cine colombiano, quienes piensan que no debe haber más películas sobre narcotráfico y los que creen lo contrario...
“Creo que el cine y el arte tienen que hablar de lo que vive y sucede a las personas. Uno no puede evitar este tipo de temas en Colombia, están en la cotidianidad”.