El director de cine antioqueño Theo Montoya está en Italia, y está allá porque hace poco su película Anhell69 recibió tres reconocimientos en la Semana Internacional de la Crítica (SIC), certamen paralelo e independiente del Festival de Cine de Venecia. Son casi las 10:30 p.m. en Europa y cuando enciende la cámara para la videollamada lo primero que hace es darle uno sorbo al trago de whisky que tiene en la mano. Está en un bar.
En su ópera prima no hubo guión estructurado, jugó con la realidad. No hubo actores, sino personajes reales que hablan desde sus vidas sin ficcionarlas. Fueron seis. Él, incluso, también actúa. Este filme todo el tiempo se estuvo rehaciendo porque, entre otras cosas, mientras avanzaba el proceso de grabación murieron un par de amigos suyos que hacían parte del casting original.
Montoya tiene 30 años y estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad de Medellín, aunque no concluyó los estudios, no se graduó. “La única materia de cine que vi la perdí, a los profesores no les gustaba lo que hacía”.
En Venecia, Anhell69 recibió los premios Verona Film Club por ser la película más innovadora de la sección y el Mario Serandrei-Hotel Saturnia por el mejor aporte técnico, además una mención especial por parte del jurado.
¿Qué narra en la película?
“La historia de un director que está muerto y viaja en un carro fúnebre conducido por el director de cine antioqueño Víctor Gaviria. Mientras recorren Medellín, recuerda su vida, su infancia y una película que no pudo hacer con sus amigos porque el protagonista se murió, también desertó porque poco después otros amigos se empezaron a morir, entonces termina entendiendo que la película que no pudo hacer se convierte en otra que no había pensado, se da cuenta de que la realidad termina siendo más fuerte que la ficción”.
¿Cómo fue tener a Víctor Gaviria de actor?
“Fue muy difícil porque Víctor no es muy buen actor, pero lo que más me importaba era él como símbolo dentro de la película, porque es ante todo un homenaje al cine de Colombia. Que él vaya en un carro fúnebre es un símbolo muy importante porque representa la transición del cine que él ha dejado en la ciudad a uno nuevo que es posiblemente el de esta película”.
¿Qué le quedó de esta experiencia junto a Gaviria?
“Me sentí tocado con lo que le pasó en sus películas, sentí que le estaba retratando esa misma Medellín que él trató de mostrar hace muchos años y que todavía tiene un luto”.
¿En cuáles sectores de Medellín grabaron?
“Casi todo fue en el Centro, por la ‘Calle del Pecado’, Niquitao y los alrededores del Museo de Antioquia. Para mí era muy importante que se grabara en esa parte porque ahí es donde están gran parte de mis memorias de Medellín”,
Todas las películas tienen momentos claves, ¿cuáles son los de esta?
“Es totalmente subjetiva y objetiva al mismo tiempo. Habla de la situación política de un país, capta la Medellín, con archivo y puesta en escena, en 2016, año en la firma del Acuerdo de Paz; y el otro momento es las protestas del año pasado en todo el país y en la ciudad”.
También muestra la escena queer de Medellín...
“Nunca tuve la intención de hacer una película queer, Anhell69 es muy personal, retrata mi circulo social, mis amigos y esa población sexual que siempre ha estado en mi vida. Más allá de todo, esta película se pregunta por la no identidad dentro del cine, está peleando porque se entienda que no es un documental o una película de ficción, por el no género o que mezcla muchos géneros; cuestiona sobre qué es el cine queer y un cine verdaderamente sin etiquetas, que se entienda como la visión que trato de tener de los humanos sin importar si son hombres, mujeres, homosexuales, transexuales, espectrofilicos”.
¿Y Theo cómo es?
“Un humano, alguien más en este momento. Soy un alien interesando en mentes. De lunes a miércoles me pueden gustar los chicos, de jueves a viernes las chicas, y los fines de semana me empiezan a gustar otras cosas”.
¿Cuándo será el estreno de Anhell69 en Colombia?
“A mediados de 2023 y la idea es que sea en Cartagena”.
¿Qué preguntas quiere que se haga el público colombiano cuando vea su película?
“Esta no es una película complaciente de la raza antioqueña, no habla de lo lindo que es ser de Colombia o de Medellín, toca llagas de lo que somos, habla del pasado, de Pablo Escobar, las drogas dentro de la ciudad y ese no futuro que Víctor Gaviria trató de retratar hace 32 años en Rodrigo D: No futuro y que se sigue viviendo. Una de las preguntas que quiero que se hagan es entender en qué ciudad estamos viviendo. Me interesa cómo el mismo Víctor, Gonzalo Arango y Fernando González han siempre hablado de lo mismo y años después seguimos hablando de lo mismo, la Medellín pequeñita, conservadora, patriarcal y de empresarios de cualquier nivel, desde Pablo Escobar hasta Álvaro Uribe”.
¿Podría ser una especie de actualización de Rodrigo D: No futuro?
“No. Rodrigo D: No futuro habla de los chicos que participan en el sicariato y trabajan para la mafia, y la mía habla de los chicos que consumen lo que la mafia hace”.
¿Qué representa para usted que esta película haya llegado a la Semana de la Crítica de Venecia?
“Algo muy importante porque muchos de mis referentes en el cine fueron películas que se estrenaron en esta misma sección del Festival, como es el caso de Gummo de Harmony Korine, The wild boys de Bertrand Mandico y Los nadies de Juan Sebastián Mesa. Todo esto es algo muy extraño también.”