El único mural que existe en Medellín de Alejandro Obregón se verá en la próxima exposición del Museo de Antioquia, planeada para julio. Es la pieza intacta, sin fragmentar, que hizo el artista colombiano en La Taberna del Ahorcado, a las afueras de El Poblado, como se le llamó al sótano de la casa de María Helena Uribe y Leonel Estrada, donde se reunían artistas e intelectuales desde los 50, años antes de que llegaran las Bienales de Arte de Coltejer (1968-1972). Uno de ellos fue Obregón.
Dejó en esa pared, en 1956, una obra de técnica mixta con corazones, flechas e inscripciones con formas geométricas y figuras deconstruidas (había visitado al español Pablo Picasso dos años antes) como si fueran una oda al amor, según el curador de arte Carlos Uribe.
Para 1961 la influente crítica de arte argentina Marta Traba, describió a Obregón (1920-1992) como “el primer pintor de talento” de Colombia, cuya formación se caracterizaba por rechazar el academicismo y preferir la educación autodidacta, aunque con influencias como Francisco de Goya, Paul Cézanne, Pablo Picasso y los muralistas mexicanos.
El Ministerio de Cultura declaró 2020 como el Año del Centenario del pintor, por su contribución al arte y la cultura nacional. Para unirse a la celebración, EL COLOMBIANO le preguntó a siete reconocidos expertos de arte cuáles son sus piezas más significativas. Una obra por mes, de lo que resta de 2020, para recordarlo