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En Irán 27 personas fallecieron por infodemia. Otras 200 más resultaron gravemente afectadas. Desde marzo su caso envió una alerta mundial, pero el cuadro de contagio de esa condición se sigue repitiendo: creer en información no verificada, cadenas de redes sociales o de WhatsApp y cuentos que ni los médicos ni los medios han compartido.
A esas personas en Irán la infodemia se les manifestó cuando creyeron en una noticia falsa que decía que tomar licor adulterado ayudaba contra el coronavirus. Le hicieron caso y su cuerpo no soportó los embates de una supuesta cura que no tenía ningún argumento científico. El problema es que, tal como con la pandemia, en todo el mundo hay un riesgo alto de contagio de esa otra condición.
Infodemia: término del 2020
El concepto lo acuñaron a mediados de febrero desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando comenzaba a propagarse la covid, y significa desinformación frente a la Medicina. Al brote, dice la OMS, lo ha acompañado “una cantidad excesiva de información, en algunos casos correcta, en otros no, que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando la necesitan”.
A Naciones Unidas le preocupa la expansión de esa epidemia que crece paralela al covid. “La desinformación se propaga en línea, en aplicaciones de mensajería y de una persona a otra. Sus creadores utilizan métodos inteligentes de producción y distribución”, asegura el secretario General, António Guterres.
Por eso lanzaron el programa Verified: para combatir las noticias falsas que, en casos como el de Irán, se salen de control. La Cruz Roja ya le había puesto la lupa al tema creando una red mundial de influencers para divulgar contenidos verificados sobre la enfermedad.
Epidemia de la era digital
La infodemia se propaga por redes sociales y chats, pero ese texto o imagen que parece inofensivo en un principio puede traducirse en acciones reales. En marzo, por ejemplo, migrantes venezolanos acudieron a la Alcaldía de Medellín impulsados por un anuncio que decía que les darían auxilios para pasar los malos tiempos de la pandemia.
Joaquín Gómez Meneses, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana y coordinador de la Red Colombiana de Periodismo Universitario, considera que en “la propagación de información falsa, si bien tienen un papel relevante las tecnologías digitales, también hay factores culturales arraigados que usan el miedo como sustrato para afianzarse y propagarse”.
Sí, hay gente indelicada que crea contenidos amañados para divulgarlos sin discriminación, sin considerar las consecuencias que esto tiene. En el contexto actual, de una pandemia que deja casi 5,4 millones de contagiados en el mundo según Johns Hopkins University, y de la que hasta ahora se desconoce una vacuna que ponga freno a su expansión, que esa información se siga expandiendo también es letal.
Engaño: el síntoma
Si usted ha escuchado alguna de estas informaciones o, por qué no, la replicó, ya tuvo su primer contacto con la infodemia. ¿China creó el coronavirus en un laboratorio? La respuesta, hasta ahora, es negativa, porque no hay pruebas científicas a esa afirmación. Si posiblemente lo escuchó de algún funcionario de la Casa Blanca, como el presidente Donald Trump, debe saber que él tampoco las ha presentado.
Ya la OMS aclaró ese debate y también otros más: es falso que el coronavirus no pueda transmitirse en zonas calientes con climas húmedos, tampoco por los mosquitos o los perros, consumir ajo no le ayudará a prevenirlo y los antibióticos no funcionan para tratarlo porque no se trata de una bacteria. Mucho menos esos tratamientos milagrosos, que aún no han sido evaluados por otros pares académicos ni ha sido comprobada su efectividad para controlar la covid-19 en un ensayo clínico controlado.
Francisco Javier Díaz, virólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, comenta que para un ciudadano que no tiene acceso a información científica es difícil distinguir qué es real y qué no, por lo que recomienda buscar fuentes oficiales como la OMS, los centros de control de enfermedades, el Ministerio de Salud o los medios porque “lo que sale de redes sociales, más cuando son opiniones muy radicales, son motivo para desconfiar”.
El profesor Díaz hace una lista de otras informaciones que, si decide creer como la de Irán, lo pueden contagiar de infodemia: el agua caliente con limón o bicarbonato para tratarlo y otras curaciones milagrosas que le resulten difíciles de creer.