Este jueves, 15 días después de que se produjera un sismo de magnitud 6.1 con epicentro en El Calvario, Meta y que sacudió a gran parte de Colombia, también se cumplen 106 años de uno de los terremotos más devastadores que se han sentido en el centro del país, especialmente en la capital Bogotá.
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El 31 de agosto de 1917, a las 6:36 de la mañana, los bogotanos sintieron la furia de la naturaleza como nunca antes, cuando un terremoto de magnitud 6.7 en la escala de Richter y con una profundidad superficial de 15 kilómetros, con epicentro en el Piedemonte Llanero, sacudió a la ciudad dejando muerte, destrucción y desolación.
Aunque el epicentro no fue exactamente la ciudad capital, la devastación del terremoto fue muy grande en ella, pues de acuerdo con datos del Servicio Geológico Colombiano, 22 personas murieron a causa del movimiento telúrico, mientras que otras 35 resultaron gravemente heridas.
Entre los daños estructurales se contabilizaron 40 edificaciones destruidas y otras 300 averiadas entre viviendas, iglesias, edificios públicos, como fue el caso de la torre de la iglesia de la localidad de Chapinero, que se derrumbó y dejó varias víctimas.
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Pero no solo Bogotá se vio afectada por este terremoto, Cáqueza, Pasca, Fosca, Quetame, en Cundinamarca; y Villavicencio y San Martín, en el Meta, también tuvieron daños severos a causa del sismo, que tuvo réplicas por un mes.
“En Villavicencio, la mayoría de las construcciones quedaron averiadas y algunas colapsaron, siendo tal la ruina de la ciudad, que las autoridades pensaron reconstruirla en un nuevo lugar”, indicó el Servicio Geológico.
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También se presentaron deslizamientos en el Páramo de Sumapaz (Cundinamarca), y en la parte alta de la cuenca de los ríos Guamal, Ortoy y Ariari (Meta).
Pero, además de este terremoto, la entidad también tiene registro de otros seis sismos que, si bien no tuvieron epicentro en Bogotá, también la afectaron fuertemente. Estos sucedieron en 1644, 1743, 1785, 1826, 1827 y 1966.
El sismo de 1917 evidenció la necesidad de monitorear los eventos sísmicos en el país, ya que se reconoció el alto nivel de sismicidad que se presenta en el país por su ubicación geográfica en el cinturón de fuego del Océano Pacífico, la subducción de la Placa Oceánica de Nazca y la presencia de un complejo sistema de fallas activas locales.
Es por eso que seis años después, en 1923, hace justo 100 años, inició la operación del primer sismógrafo de Colombia, ubicado en el observatorio del Colegio Mayor de San Bartolomé, en el centro de Bogotá y que dio paso, años después al Servicio Geológico, entidad que, entre otras funciones, monitorea los movimientos de las placas tectónicas que generan los sismos en el país.