El señuelo fue el mismo al usado por las Farc en los años que hicieron la guerra: la llamada de una mujer alertó al coronel Pedro Enrique Pérez, comandante del batallón Enérgico N.° 18 del Ejército en Saravena, Arauca, y le puso una cita.
Con información de “primera mano”, el militar dejó la unidad que comanda a las 6:30 p.m. del pasado 17 de abril, acompañado solo de un conductor, y se dirigió al hotel Saravena Inn. A las 8:10 de ese sábado, una mujer, vestida con una falda azul y una blusa negra llegó a ese lugar y dialogó por tres horas con el coronel Pérez. Poco después de las 11:00 de la noche, el mismo hombre llegó en moto y recogió a la mujer. Minutos después, un comando armado de hombres llegaron por el alto mando militar y se lo llevaron con rumbo desconocido.
Esas son las últimas pesquisas que siguen los investigadores para dar con el coronel Pérez, las mismas que fueron narradas por Inteligencia Militar a EL COLOMBIANO, que, además, aseveró que “el alto mando está en poder de las disidencias del frente 28 de las Farc, comandadas por ‘Antonio Medina’”.
Pérez lleva cinco meses en cautiverio, y se ha convertido en el segundo militar de rango más alto en ser secuestrado por un grupo armado ilegal; esto después de que en 2014 las Farc, en plenos diálogos de paz en La Habana, secuestraran al general Rubén Darío Alzate, en Chocó.
El caso del coronel Pérez no es el único ocurrido en lo que va de este 2021. En este año se han presentado 28 secuestros y retenciones de militares y policías, pero él es el único que sigue en poder de sus captores, el resto ha tenido un retorno a sus hogares.
Ese final feliz lo tuvieron los dos militares que –junto al coronel Pérez– seguían hasta el pasado sábado en poder de sus captores. El sargento segundo Fabián Espitia y el soldado profesional Elvis Andrés Flórez, quienes fueron plagiados hace 13 días en Tame, Arauca, mientras adelantaban “labores administrativas en la zona”, como informó el Ejército.
Dos días después del secuestro, el Eln se atribuyó esta acción y aseveró que el plagio se dio porque ambos militares se encontraban realizando “labores de inteligencia”. Aun así, anunció que estaría dispuesto a liberarlos, acción cumplida hace dos días en zona rural de Arauca, donde fueron entregados a una comisión del CICR, la Defensoría del Pueblo y la Iglesia Católica.
Desde España, el presidente Iván Duque había exigido la liberación inmediata de los soldados. “Nosotros somos claros en que los secuestrados deben ser liberados porque es un crimen censurado por la comunidad internacional y el secuestro no tiene posibilidad de tener conexidad con el delito político”, dijo Duque.
Secuestro vuelve a su auge
En la memoria colectiva –y en los libros de historia– siempre quedará ese 4 de febrero de 2008 cuando 193 ciudades de Colombia y del mundo se dieron cita para gritar “No más Farc”. Este grupo guerrillero, según las estadísticas, se había convertido en el mayor perpetrador de este delito y entre 1970 y 2010 realizaron 9.447 secuestros, de acuerdo con el informe Una verdad secuestrada, del Centro Nacional de Memoria Histórica.
Si bien este tipo de delitos ha venido a la baja, como lo confirma la información registrada por el Ministerio de Defensa –que indica que entre 2011 y lo que va de 2021 se presentaron 2.404 plagios (entre enero y junio de 2021 van 77 casos)–, el fantasma del auge del secuestro ha tomado un nuevo vuelo.
El analista del conflicto armado Juan Carlos Ortega, atribuye este temor al poder que nuevamente han tomado los grupos ilegales en las zonas antes ocupadas por la extinta guerrilla de las Farc.
“El Gobierno tiene que reconocer que organizaciones armadas ilegales como las disidencias han conformado nuevamente ejércitos capaces de llevar el asunto del secuestro a niveles históricos como los que ya vivió Colombia. Además, cuentan con el entrenamiento militar adquirido durante años de confrontación y las áreas estratégicas en selvas profundas que se conocen desde que hacían parte de las antiguas Farc”, señala.
Agrega el especialista que si se observa el crecimiento de estos grupos, y cruzando las bases de datos con información del Ejército, solo las disidencias ya tendrían más de 4.000 hombres en armas en todo el país. “Y eso sin contar con otros grupos como el Eln que también realizan este tipo de prácticas”, añade Ortega.
Sin embargo, para el ministro de Defensa, Diego Molano, la práctica del secuestro de militares y policías en Colombia no es atribuible a la fuerza que han tomado los grupos armados ilegales, en especial las disidencias de las Farc.
El jefe de esta cartera indicó a EL COLOMBIANO que estos grupos armados lo que buscan es afectar la Fuerza Pública y logran materializar algunos casos; pero, asevera, son más los que la Fuerza Pública ha logrado frustrar.
Dice Molano que el secuestro volvió por la intención que se materializa desde Venezuela de desestabilizar al país con este tipo de acciones.
“Las disidencias de las Farc y el Eln actúan combinadamente y planean todo. Aunque aparentan ser dos grupos diferentes tienen acciones coordinadas y planeadas desde ese país. Las afectaciones en secuestro se concentran en la frontera y buscan permear esa zona para afectar la integridad de nuestros soldados, a los que les he pedido que estén en la ofensiva contra estos grupos”, enfatiza Molano.
Alertas en zona de frontera
Los 2.219 kilómetros de una frontera porosa que Colombia comparte con Venezuela, han hecho de ese territorio el espacio perfecto para cometer los secuestros “y llevar el secuestrado a Venezuela”, como dicen desde Inteligencia Militar.
No en vano, de los 28 casos de secuestros y retenciones perpetrados en este 2021, seis ocurrieron en esa zona en la que tienen presencia todos los grupos armados (ver Gráfico).
En Norte de Santander hay presencia del Eln, los Pelusos, el Clan del Golfo y las disidencias del frente 33 de las Farc; en Arauca está el frente disidente 10 de las Farc y ha sido bastión histórico del Eln, bajo el mando de alias “Pablito”, y en el escenario de la confrontación llegaron al territorio de Guaviare, Meta, Vichada y Guainía el grupo denominado Segunda Marquetalia, que, bajo el mando de Iván Márquez, libran una guerra contra los armados de Gentil Duarte, en la misma región.
El ministro de Defensa le reconoció a EL COLOMBIANO que en la zona fronteriza hay una alerta por el recrudecimiento del conflicto armado, en especial de la práctica del secuestro que se ha ejecutado no solo sobre militares y policías, también contra la población civil.
El pasado 24 de julio, tres empleados de una empresa dedicada a la instalación y reparación de aires acondicionados fueron interceptados por hombres armados en la vía que comunica a Fortul y Tame, quienes robaron el vehículo en el que se movilizaban los empleados que viajaban a una planta de Ecopetrol a hacer mantenimiento de equipos. Fueron liberados tres días después del plagio.
Justo un mes antes, el 22 de junio de una finca de la vereda El Rosario, en Arauca, hombres armados se llevaron a Guillermo Acosta Arias y su hijo Jesús Guillermo Acosta Velásquez. Hasta hoy se desconoce su paradero. Según fuentes oficiales, fueron llevados a algún paraje venezolano.
El último secuestro conocido contra un civil ocurrió hace un mes. El médico Fernando Castro Garcés fue raptado por hombres que se movilizaban en un vehículo. Fue dejado libre el 5 de septiembre pasado.
Al respecto, el ministro de Defensa argumenta que “hay una alerta para que todas las brigadas, todos los batallones, todos los soldados estén atentos a las intenciones de estos grupos y así vamos a seguir, en la defensa y ofensiva contra estas intenciones. Tenemos dos situaciones concretas: una es en la zona de frontera, en Arauca”.
Qué respeten sus vidas
Así como ocurrió en los años más álgidos de la confrontación, en los que las Farc fundía a los secuestrados en lo más profundo de la selva y hasta allí llegaban los mensajes de sus seres queridos, así han vuelto a escucharse palabras de aliento y súplicas para el retorno de los secuestrados.
Esa es la petición de Jorge Pérez, padre del coronel Pedro Enrique Pérez, quien pidió al Gobierno y al Ejército que no olviden a su hijo para que vuelva a casa; y de Angie Barrientos, esposa del sargento Fabián Espitia a quien desde una cabina radial envió el mensaje de que sus hijos lo esperan, y pidió, además, bajar la presión militar para que su esposo pudiera “volver a abrazar a su familia”, y pudo hacerlo el sábado, cuando su cónyuge retornó a la libertad
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secuestros fueron registrados por el Ministerio de Defensa durante todo el 2020.