Después de semanas de cuestionamientos y revuelo político, finalmente Concepción Baracaldo dio un paso al costado y renunció a la dirección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Su renuncia, confirmada por el propio Gustavo Petro, supone un golpe a la influencia y poder de la Primera Dama, Verónica Alcocer.
“He aceptado la renuncia de la directora del ICBF”, se limitó a decir en Twitter el Mandatario, al tiempo que nombró en su reemplazo a Astrid Cáceres –hasta ayer subdirectora de la entidad– quien, a diferencia de Baracaldo, sí cuenta con experiencia en temas de niñez.
“Un honor servir a materializar los sueños de un país para los niños. Gracias por abrir la oportunidad de hacer realidad el cambio”, manifestó la ahora directora, quien goza de una destacada cercanía con el jefe de Estado.
La renuncia de Baracaldo fue aplaudida tanto por el petrismo como por la oposición, quienes –contra todo pronóstico– coincidían en poner en entredicho no solo la trayectoria de la funcionaria, sino sus capacidades y gestión.
Fin de la tormenta política
Incluso desde antes de asumir la entidad encargada de la protección de menores y el fortalecimiento de las familias colombianas, el nombre de “Concha” Baracaldo levantaba ampolla. Uno de los mayores cuestionamientos fue su experiencia en el sector y el mérito para llegar a una entidad que solo este año manejará recursos por el orden de $8,5 billones.
La exdirectora, vecina de la casa de la familia Petro Alcocer en Chía (Cundinamarca), reveló en diciembre pasado que llegó al cargo luego de que la Primera Dama la llamó y le ofreció el puesto.
“Estaba tranquila en mi casa y me dijo: ¿quieres colaborarme en el Instituto? Tienes un día para pensarlo”, confesó Baracaldo en una entrevista con el diario El País de España, admitiendo además que no tenía experiencia alguna en temas de niñez y presumiendo que había estudiado el bachillerato con el ahora Jefe de Estado.
Que “el gobierno del cambio” se la jugara por la vecina de Petro –en contravía del discurso del mérito y las promesas de transformación– fue un caballito de batalla frecuente de la oposición, pero también generó críticas y ruido en la propia bancada de gobierno, el Pacto Histórico. No obstante, lo que hizo insostenible su permanencia el el ICBF fueron las alarmantes cifras sobre abuso de menores indígenas en Guaviare, así como la desnutrición rampante en La Guajira.
Aunque la renuncia de Baracaldo supone una estocada para el círculo de la Primera Dama, no significa que Alcocer pierda su caudal burocrático en el Gobierno. Actualmente, siguen siendo fichas suyas, entre otras, Eva Ferrer –otrora consejera para la Niñez y ahora consejera para la Reconciliación–; Carmen Caballero, presidenta de ProColombia, y Hernando Chica, presidente del Banco Agrario.
Nueva directora, aliada de antaño
Hace poco más de una semana, el pasado 30 de enero, “Concha” Baracaldo nombraba como su segunda al mando a Astrid Eliana Cáceres Cárdenas. Nueve días después, Cáceres fue nombrada en su puesto.
A diferencia de Baracaldo, la nueva directora es licenciada en educación infantil y tiene un magíster en educación y desarrollo comunitario, sumado a experiencia como docente, investigadora pedagógica y educación inclusiva.
En lo que sí guarda similitud Cáceres con Baracaldo es en su cercanía con Petro. La nueva mandamás del ICBF trabajó con el entonces alcalde de Bogotá y tuvo a su cargo la Subdirección para la Infancia de la Secretaría Distrital de Integración Social. También lideró la atención de niños indígenas en el Guaviare por encargo del propio Petro.
Justamente, llega a la Dirección con el desafío de hacer realidad las promesas de Petro con la niñez, entre ellas, la atención universal y gratuita de niños menores de 6 años, y la implementación de un sistema nacional del cuidado para, entre otras, dignificar la labor de madres comunitarias y mujeres dedicadas al cuidado.
Su reto inmediato será revestir de legitimidad y confianza un decisivo cargo que, aún en “el gobierno del cambio”, terminó amenazado por la rosca y el amiguismo.