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1.000 cuerpos “desaparecieron” de un cementerio, ¿qué pasó?

Se les perdió la pista hace 20 años. EL COLOMBIANO visitó el lugar y habló con las familias.

  • Así se ven las bóvedas del Cementerio Municipal de Bucaramanga. FOTO archivo vanguardia
    Así se ven las bóvedas del Cementerio Municipal de Bucaramanga. FOTO archivo vanguardia
  • El “Parque de la Vida” se construyó al lado del cementerio. Bajo él podría haber 4.000 cuerpos. FOTO ARCHIVO VANGUARDIA
    El “Parque de la Vida” se construyó al lado del cementerio. Bajo él podría haber 4.000 cuerpos. FOTO ARCHIVO VANGUARDIA
  • Varias actas sobre esos cuerpos se habrían quemado en el incendio de la Alcaldía de Bucaramanga. FOTO ARCHIVO VANGUARDIA
    Varias actas sobre esos cuerpos se habrían quemado en el incendio de la Alcaldía de Bucaramanga. FOTO ARCHIVO VANGUARDIA
01 de agosto de 2022
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Todos los caminos que podrían llevar a esclarecer dónde están los 1.000 cuerpos “desaparecidos” del Cementerio Municipal de Bucaramanga están desiertos: la Alcaldía dice que la documentación sobre esos cadáveres se quemó en un incendio en 2002 y las únicas tres personas que sabían todos los detalles de su ubicación murieron antes de que estallara el escándalo y se llevaron a la tumba los secretos y las coordenadas para hallarlos.

Para la época de 2000, quienes estuvieron a cargo de los traslados de cientos de bóvedas fueron Hernando Vesga, como delegado de la Alcaldía; Nubia Acevedo, como titular de una funeraria contratada para ese fin; y el sepulturero de toda la vida, cuyo nombre no recuerdan los bumangueses. Los tres murieron antes de 2020 sin dejar actas o certificados explicando lo que ocurrió o cómo navegar por el cementerio para dar con la identidad de cada uno de esos cadáveres.

Pero el problema es más complicado que eso. Ese cementerio municipal fue creado en 1992 con el único fin de recibir los cuerpos de personas pobres, cadáveres sin identificar o víctimas de delitos que llegaban a Medicina Legal y que eran sepultados completos con el objetivo de que algún día llegaran los familiares o se esclarecieran los crímenes.

De ahí que este no sea un lío solo de la capital santandereana, sino que se convirtió en un problema nacional en el que podrían haber cientos de víctimas del conflicto armado de diferentes lugares del país, como lo confirmó la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas.

Desenterrar los cuerpos

La historia de cómo empezó el lío se remonta al año 2000, cuando al alcalde de ese entonces, Luis Fernando Cote Peña, se le ocurrió que era buena idea construir un parque público en una parte del cementerio.

Cuenta el hoy secretario de Salud, Juan José Rey Serrano, que el mandatario tomó esa decisión porque los vecinos del sector se quejaban de que les tocara lidiar con un cementerio, un hospital mental y las sedes de Medicina Legal, todos construidos a escasas calles de distancia y ubicados en lo que en ese entonces eran las afueras de la ciudad, pero que ahora está plenamente poblado.

Para empezar con la construcción, que prometía ser un alivio para ese barrio, el alcalde tenía solo un “problemita”: el lote que pretendía utilizar guardaba bajo tierra al menos 5.000 cuerpos, de acuerdo con cifras oficiales de la administración.

Con la idea de sacarlos de ahí y reubicarlos en otra parte del cementerio, la Alcaldía contrató a la Funeraria Colombia y firmó el contrato 001 de 2000 por un valor aproximado de 11 millones de pesos de la época. Tras dos meses y medio de trabajo, la Funeraria concluyó que el presupuesto no daba para mover los 5.000 cadáveres y dejó enterrados alrededor de 4.000 cuerpos. Sobre ellos, presuntamente, se habría construido el actual Parque de la Vida, como lo bautizó el alcalde Cote Peña.

Los otros 1.000, aseguran las fuentes oficiales, habrían sido empacados en bolsas individuales y marcados con referencias específicas para asegurar la cadena de custodia. “Pero las fichas y los documentos que mostraban específicamente en qué sitio del cementerio habían quedado estaban en la Alcaldía y se quemaron en el incendio de 2002”, aseguró el secretario de salud.

De ser cierto, los documentos habrían quedado totalmente incinerados, pues el fuego que quemó el edificio de la Alcaldía durante junio de 2002 dejó más del 35 % de la documentación del municipio en cenizas.

Sin embargo, la versión de la Unidad de Búsqueda es otra. En diálogo con este diario, la directora de esa entidad, Luz Marina Monzón Cifuentes, aseguró que ellos sí encontraron documentos sobre el proceso de traslado y que siguen analizando cada uno para “intentar dimensionar qué fue lo qué pasó y cómo podemos hallarlos”.

El “Parque de la Vida” se construyó al lado del cementerio. Bajo él podría haber 4.000 cuerpos. <b><span class=mln_uppercase_mln> </span></b>FOTO<b><span class=mln_uppercase_mln> ARCHIVO VANGUARDIA</span></b>
El “Parque de la Vida” se construyó al lado del cementerio. Bajo él podría haber 4.000 cuerpos. FOTO ARCHIVO VANGUARDIA

Mientras tanto, los restos óseos que están bajo el parque y los que siguen perdidos en la otra parte del cementerio podrían estar en peligro. Uno de los trabajadores del Cementerio Municipal señala que “hay por lo menos dos huecos bastante profundos en los que se pueden ver cientos de huesos a la intemperie”.

Pese a que esa versión es negada por la Alcaldía, es probable que dicho escenario se repita, pues en 2006 la administración sí reconoció que había cuerpos sin sellar y que la salud pública de unas 40.000 personas estaba en riesgo por los fuertes olores que el campo santo emitía.

El cementerio está cerrado para el público en este momento, y no nos permitieron entrar para observar las tumbas.

Varias actas sobre esos cuerpos se habrían quemado en el incendio de la Alcaldía de Bucaramanga. <b><span class=mln_uppercase_mln> </span></b>FOTO<b><span class=mln_uppercase_mln> ARCHIVO VANGUARDIA</span></b>
Varias actas sobre esos cuerpos se habrían quemado en el incendio de la Alcaldía de Bucaramanga. FOTO ARCHIVO VANGUARDIA

Así se destapó el escándalo

El trabajo de la Unidad de Búsqueda fue clave para revelar lo que estaba pasando y amplificar el llamado de las víctimas a que dieran respuestas.

En medio de una de las búsquedas de cuerpos que hace la entidad, encontraron que el cadáver había sido movido sin los protocolos correspondientes y que, por ende, sería más difícil encontrarlo de nuevo.

La lideresa social e integrante del Consejo Asesor de la Unidad de Búsqueda a nivel nacional, Adriana Pérez, resumió bien esa situación en el momento en que se conoció la denuncia. “Esto es muy grave –dijo–, esos cuerpos sufrieron una doble desaparición: la primera cuando los mataron y la segunda cuando los movieron sin la precaución suficiente y nos dejaron otra vez esperando”.

Y no mentía. Según datos de Medicina Legal, de los 1.000 cuerpos que hoy están “perdidos” en medio del cementerio, 184 ya habían sido identificados y estaban en proceso de ser entregados a sus familiares “¿Cómo les decimos a las víctimas que esperen otro poquito más, que es que se los desaparecieron de nuevo?”, se preguntó Pérez.

Buscar y buscar

Eso que describe Adriana le pasa a José Cañas, un hombre que busca a dos seres queridos desaparecidos cuyos restos podrían estar en el Cementerio Municipal de Bucaramanga.

Su hermano, José Milton Cañas, y su sobrino, Giovanny Herrera Cañas, fueron dos de las víctimas de la masacre del 16 de mayo de 1998 en Barrancabermeja, Santander.

Aquel sábado del 98, la familia Cañas disfrutaba de un bazar en la Comuna 7 del municipio cuando una arremetida paramilitar masacró a 7 personas y desapareció a otras 25, de las cuales solo han aparecido 3.

En una de las versiones libres, un paramilitar de las Autodefensas de Santander y el Sur del Cesar confesó que mató a Milton y que mandó a enterrarlo en ese campo santo.

24 años después, la Unidad de Búsqueda llamó a José y le anunció que abriría una tumba donde, posiblemente, estaban los restos de su hermano o su sobrino.

“Vimos cómo sacaban una bolsita y estamos esperando a que hagan las pruebas con las muestras (de ADN) que nos sacaron. Pero, ¿cómo sé que me están entregando el cuerpo completo de ellos? Han pasado tantas cosas, que me podrían estar dando la cabecita de él, pero los brazos y las piernas de otro. (...) Nos tuvimos que acostumbrar a vivir con esta incertidumbre”, dijo José Cañas.

Como él, decenas de víctimas del conflicto armado siguen a la espera de que sus seres queridos “reaparezcan”.

La Unidad de Búsqueda señaló que actualmente se avanza en la investigación de qué ocurrió con el resto de la documentación y se explora la posibilidad de intervenir el cementerio y el Parque de la Vida.

“Este fue un error que ocurrió no solo en este cementerio, sino en muchos de Colombia. Los funcionarios no entendían el valor. Para muchos son solo huesos y se preguntan por qué buscan un muerto. Ahora entendemos que hay familias que no saben si murió, que necesitan el cuerpo para hacer el duelo y cerrar el ciclo. Para perdonar”, concluyó la directora de la Unidad de Búsqueda.

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