Los ataques entre el ELN y el Gobierno no cesan y ahora pasaron al plano físico: tras el fallido cese bilateral al fuego, el presidente Gustavo Petro ordenó, vía decreto, reactivar las operaciones militares en contra de los miembros de esa guerrilla, un accionar predecible tras la negativa del ELN de acogerse al cese de hostilidades, pero que envía un mensaje fuerte justo en esta semana convulsa de conversaciones.
El decreto es claro: “mientras esté suspendido el cese (...) ordenar la reanudación de operaciones militares ofensivas y operativos policiales”.
Pero, más allá de los comunicados públicos –en los que la guerrilla asegura que hay una crisis en las negociaciones y el Gobierno los contradice– al interior de la mesa de negociación hay un ambiente tenso marcado por el silencio de las partes y la expectativa de una reunión “de emergencia” en Caracas, Venezuela.
Según uno de los negociadores del Gobierno, enviar y recibir mensajes a la delegación del ELN es difícil principalmente por las demoras en responder. “Es como enviarle cartas a la nada esperando que ellos decidan pronunciarse. A veces simplemente guardan silencio”, dijo.
Y ese es un punto que acepta el mismo Otty Patiño, jefe negociador del gobierno Petro. Tal como dijo este martes, los tiempos del ELN para responder y actuar son “muy lentos a diferencia de los tiempos políticos”, por lo que aseguró que habrá que “acompasar” a esa guerrilla para que entre en una dinámica más movida.
Sumado a eso, la sensación de otros negociadores es que hay un secretismo que les impide mantenerse enterados de lo que ocurre con errores de comunicación tan marcados como el del cese bilateral.
Los que se enteran de todas las comunicaciones –y toman las decisiones– son casi siempre Iván Cepeda, Otty Patiño, José Félix Lafaurie y Danilo Rueda, por lo que los demás integrantes de la mesa poco han sabido de lo que ha ocurrido en estas dos semanas.
Una cita clave
Pero, más allá de la tensión interna, la incertidumbre está alrededor de si el ELN aceptará reunirse con el Gobierno a finales de enero en el Hotel Humboldt de Caracas, justo donde se llevó a cabo el primer ciclo de negociaciones.
Si la delegación de la guerrilla no acepta, el mensaje para el país podría entenderse como un claro enfriamiento de las negociaciones, pues como el mismo Patiño reconoció, en W Radio, “las pausas demasiado largas en medio de una negociación no son convenientes”.
Aún así, Patiño dejó ver que el poder de decisión en este punto está del lado de la guerrilla, pues reconoció que si ellos no ceden a ir a Caracas las cosas seguirían tal cual quedaron plasmadas desde diciembre. Es decir, la próxima reunión de ambas delegaciones sería en febrero para iniciar el segundo ciclo en México.
Pero si ocurre lo que el Gobierno está esperando y el ELN acepta ir, las conversaciones se centrarán en tres puntos claves: calmar los ánimos entre ambas delegaciones, pactar el cese al fuego bilateral y ajustar la agenda de las negociaciones para continuar en el segundo ciclo