El presidente Gustavo Petro estrechó lazos con Nicolás Maduro el mismo día en que la Corte Penal Internacional (CPI) confirmó que el régimen seguirá siendo investigado por los presuntos crímenes de lesa humanidad en los que estaría involucrada la administración chavista.
El jefe del “gobierno del cambio” estuvo reunido con Maduro durante casi tres horas, en las que conversaron de la seguridad en la frontera de 2.219 kilómetros, el comercio que pretenden activar por los puentes internacionales, la migración y el objetivo de Colombia de que Venezuela regrese al sistema interamericano de Derechos Humanos.
La cita empezó a las 2:29 de la tarde hora de Venezuela, cuando en Colombia todavía era medio día, y el almuerzo generó reacciones hasta del exmandatario Juan Manuel Santos, quien pidió desde Estados Unidos que Venezuela regrese a la democracia.
Más que un consejo de un expresidente que intentó ser diplomático con el régimen, el llamado muestra la delgada línea que transita Petro entre la política exterior entre Estados y el riesgo de legitimar a un político buscado por la justicia de Estados Unidos, por quien ofrecen una recompensa de 15 millones de dólares.
Incluso, la oposición venezolana estaba expectante al encuentro porque quieren ver si el mandatario puede llevar a Maduro a reactivar las negociaciones en México de las que él se levantó en octubre de 2021, tras la extradición a Estados Unidos del testaferro de Maduro Álex Saab (ver recuadro).
Los de Juan Guaidó buscan que haya un llamado a elecciones libres y democráticas, no con irregularidades como las presidenciales que se celebraron en 2018 o las legislativas de 2020.
Hubo dos retratos de la jornada. El primero fue el de un Maduro sonriente que recibió a Petro en el portón del Palacio de Miraflores, entre árboles de Navidad, honores militares y hasta con música llanera para andar por un tapete rojo tan extenso como el perímetro de su palacio presidencial.
El segundo, el del Maduro que atendió a la declaración conjunta con una intervención de seis minutos (menos de la mitad del tiempo que usó su homólogo) en un discurso parco, sin alzar la voz como lo hace en sus declaraciones en televisión y en la que se mostró “receptivo” a la petición que le llevó Petro hasta Caracas: regresar a las instituciones que velan por la protección de los Derechos Humanos.
La cita dejó el primer retrato Petro - Maduro y también fue la primera cumbre binacional desde que Santos se encontró con el chavista en 2016. Esa conversación dejó claro que son jefes de Estado cercanos y que Petro siempre será “bienvenido” en Venezuela. Sin embargo, el almuerzo tuvo significados diferentes para ambos.
El presidente colombiano viajó a Caracas con la pretensión de llevar un mensaje de la comunidad internacional sobre la importancia de la democracia. Como le dijo él a Maduro: “América Latina es un faro de la democracia”.
Su contraparte se sentó en esa mesa con el peso de las investigaciones, las sanciones y el cerco político a cuestas, buscando que la Casa de Nariño sea un puente desde Venezuela hacia la comunidad internacional que lo cercó cuando se saltó la Constitución para reelegirse en 2018.
“La frontera quedó en manos de mafias”
El “gobierno del cambio” lleva 88 días intentando reactivar la frontera que comunica a los países para revivir el comercio binacional, pero los ilegales –desde grupos armados hasta comerciantes irregulares– han sido la piedra en el zapato para que cumpla su objetivo.
El mandatario está tan lejos de conseguir su meta que aceptó que esa zona limítrofe “quedó en manos de las mafias” que han sacado provecho del paso de mercancías por las trochas y de la trata de migrantes.
La Casa de Nariño quiere actuar rápido en seguridad y confirmó que la cooperación en seguridad e inteligencia comenzará pronto, una línea de acción que ya había delineado el ministro de Defensa, Iván Velásquez, y que pone en el repertorio al ELN, las disidencias de las extintas Farc y hasta el caso de la condenada excongresista Aída Merlano quien es presa de la justicia venezolana.
En micrófonos los mandatarios no hablaron sobre alias Iván Márquez, pero el disidente guerrillero está resguardado en Venezuela esperando que la “paz total” del Gobierno le permita tener un camino ajeno al sometimiento en Colombia.
Es más, Maduro es garante de las conversaciones con el ELN, un rol que repite después de que en sus tiempos de amistad con Santos le tendieran puentes para firmar la paz con la antigua guerrilla de las Farc. De hecho, Márquez fue protegido por las autoridades venezolanas en un hospital militar de ese país después de que resultara herido en combates.
El comercio no le despega a Petro
Colombia y Venezuela reabrieron las fronteras el 26 de septiembre buscando reactivar un comercio binacional de al menos de 4.000 millones de dólares al final de este cuatrienio, pero en la práctica las cuentas del paso de mercancías por los puentes no llega ni a los 400 millones de dólares que se calculaban para la primera etapa de esa reactivación.
En el primer mes de esa medida las transacciones representaron solo 2,5 millones de dólares, una cifra que Petro reconoció desde su diálogo regional vinculante en Norte de Santander haciendo un llamado a “cerrar” las trochas.
El problema para el mandatario es que los potreros de la frontera están plagados de ilegales que le cobran a los trocheros por pasar mercancías porque ellos mismos controlan los pasos y hasta los únicos puentes de bultos de arena que se cimentaron sobre el río Táchira.
Los países convocaron a una cumbre de empresarios binacionales que aún espera tener fecha en el calendario, de la que se sabe tendrá lugar en Cartagena y que será el escenario para encontrar negociantes legales que envíen sus mercancías en camiones por los puentes y no en carretillas por las trochas.
De que esos acuerdos despeguen depende el examen futuro de la reactivación de las relaciones que Petro ha sustentado en el comercio. En sus palabras: “Separar las naciones se convierte en una aventura suicida”.
Él mismo está asumiendo un rol de riesgo al conversar con el ejecutivo que está en la mira de la justicia estadounidense, la Corte Penal Internacional y organizaciones como Human Rights Watch por sus violaciones a los Derechos Humanos.
Esos delitos ya fueron constatados por la ONU, que en septiembre publicó un informe que documentó cómo los organismos de inteligencia funcionan como estructuras coordinadas para reprimir a la disidencia. Si bien Petro quiere regularizar a Maduro por los caminos de la democracia, este apenas es “receptivo”.
Reintegrar a la nación paria de la región
El presidente Petro es el emisario de la comunidad internacional para pedirle al régimen que Venezuela regrese al sistema interamericano de Derechos Humanos. Palabras más palabras menos, le está invitando a reintegrarse a las instancias de las que se salió cuando comenzó a ser investigado por atentar contra los derechos del pueblo venezolano, del que se han exiliado 6,6 millones de personas.
Hasta Estados Unidos siguió con atención el encuentro porque la Casa Blanca espera que Colombia sea el interlocutor para que Venezuela se encauce en la democracia y rinda cuentas. A esa petición Maduro respondió que ha sido “muy receptivo y así será en el transcurso de las próximas semanas en relación a este interesante tema planteado por el presidente Petro”.
El artífice de esa reintegración del régimen a la cooperación latinoamericana será el embajador de Colombia ante la OEA, Luis Ernesto Vergas, el exmagistrado que Petro montó al avión de la diplomacia con Caracas para llevar a Maduro ante un organismo que no lo reconoce a él, sino a Juan Guaidó, como presidente legítimo.
Que eso suceda dependerá de las posturas que tomen el resto de gobiernos de la región en la que la nueva alianza colombo-venezolana tiene asegurados los apoyos de la Chile de Gabriel Boric, la Argentina de Alberto Fernández y la recién inaugurada Brasil de Lula da Silva.
La cumbre Petro - Maduro es la primera cita de una amistad que promete tener nuevos encuentros en un restablecimiento de relaciones que, con el pretexto del comercio y la seguridad en la frontera, podría llevar a que Venezuela se reintegre a los mecanismos a los que les dio la espalda . n