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Los cambios de Duque para mejorar sus relaciones políticas

  • El presidente Iván Duque ha tenido que enfrentar tensiones políticas después de las elecciones. Sus cambios en el equipo y las decisiones venideras reflejarán la identidad del Gobierno de aquí en adelante. FOTO colprensa
    El presidente Iván Duque ha tenido que enfrentar tensiones políticas después de las elecciones. Sus cambios en el equipo y las decisiones venideras reflejarán la identidad del Gobierno de aquí en adelante.
    FOTO colprensa
12 de noviembre de 2019
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Solo pasó una semana de las elecciones regionales y la agenda política del país se estremeció con un episodio que desencadenó en la renuncia del ministro de Defensa, Guillermo Botero.

Con el fin de las campañas y la ausencia de elecciones hasta 2022, es momento de cohesionar y de poner en marcha al país. Las tensiones políticas disminuyen, el Congreso deberá tramitar y debatir con profundidad y el Gobierno debe poner el acelerador y conducir a la ejecución de sus políticas públicas.

Sin embargo, la primera noticia grande poselectoral no fue la esperada para el Gobierno. En el debate de moción de censura en el Congreso contra el ministro Botero, el senador del Partido de la U, Roy Barreras, denunció con informes de Medicina Legal que en una operación militar, de finales de agosto contra las disidencias de las Farc, murieron siete menores de edad. Al día siguiente la Fiscalía confirmó que, en realidad, fueron ocho.

El ministro, quien había sido citado a su segunda moción de censura en apenas 15 meses, renunció. Los congresistas le cuestionaron aspectos como la muerte de un reinsertado de las Farc a manos de un soldado del Ejército y la situación humanitaria en el Norte del Cauca.

Aún así, la aprobación de la gestión del presidente Duque sigue afectada. La encuesta de Invamer, publicada este viernes 8 de noviembre, muestra que su desaprobación llega al 69 %. También, las relaciones con el Congreso parecen desmejorar. Este panorama, de acuerdo con el analista político Juan Camilo Arroyave, tiene que ver, en parte, con el mensaje que dejó el gobierno desde que asumió, enfocado en tener “cierta independencia de las relaciones históricas que se tenían con el Congreso”.

Asimismo, agrega Arroyave, desconocer el papel de parlamentarios de tradición, diferentes a los del Centro Democrático, le puede pasar factura. “Por ejemplo, aspectos que llevaron a la renuncia de Botero, provinieron de una figura tradicional como Barreras”.

Es tiempo, agrega, de aumentar el liderazgo, de ajustar piezas y de afianzar el mando, y eso es lo que lo que intenta el mandatario con sus últimas decisiones.

Conquistar al Congreso

Si bien el Plan Nacional de Desarrollo fue aprobado, así como proyectos como la renovación del sector TIC, avanza el proyecto de cadena perpetua contra violadores y se crearon ministerios como el de Ciencia y el Deporte, el listado de propuestas que se quedó por fuera, por falta de respaldo del legislativo, es largo. Por ejemplo, están la reforma política, la de la justicia, el paquete anticorrupción y la cárcel para corruptos.

Pasó un año y no llegó otra bancada numerosa a la coalición de gobierno, liderada por el Centro Democrático y el Partido Conservador principalmente.

Por el contrario, Cambio Radical sigue en la independencia, el Partido Liberal a veces parece de oposición, como cuando el entonces presidente de la Cámara, Alejandro Carlos Chacón, perteneciente al liberalismo, fue clave para que se hundiera la reforma a la Justicia en diciembre de 2018; y La U, oficialmente de gobierno, tiene a congresistas que son opositores férreos de esta Presidencia, como Roy Barreras o Armando Benedetti.

Según Ángel Tuirán, director del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de Uninorte, “el presidente, en aras de generar más espacios de comunicación, debería revisar qué tipo de acuerdo político podría concretar con aquellos partidos que se han declarado en independencia, pero que podrían votar a favor, los proyectos más importantes de su agenda legislativa”.

Duque prometió en campaña cero “mermelada”, no a los acuerdos burocráticos para obtener votos a cambio. Esta postura se mantiene, pero al tiempo ha generado las distancias que afectan su gobernabilidad.

Patricia Muñoz, directora de posgrados de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, opina que “en política son necesarios los consensos, que los partidos políticos sientan que pueden sacar adelante sus proyectos ante los ciudadanos que los eligieron a ellos como congresistas. La relación Ejecutivo y Legislativo es un matrimonio necesario”.

Las críticas también llegan de algunas voces del uribismo. Para el senador José Obdulio Gaviria, la metodología de interacción con los demás partidos está “en formación o preparación”.

Agrega que “el lobby que hace el Ministerio del Interior, lo hace muy mediocremente. Cuando volví de mi incapacidad me encontré con que los proyectos se estaban votando negativamente. Dije que era necesaria la autocrítica, que los ministros se evaluaran y me cayeron rayos y centellas”.

Antonio Sanguino, senador de la Alianza Verde, añade que “la desconexión entre el Gobierno y el Congreso es de la misma magnitud de la desconexión del Gobierno con el país y la ciudadanía. No hay agenda que convoque a construir acuerdos sobre las preocupaciones nacionales”.

Los ajustes de Duque

Para mejorar las relaciones de la Casa de Nariño el presidente ha realizado varios cambios recientes (ver recuadros).

Una persona que toma fuerza en el relacionamiento con las bancadas es Karen Abudinén. La barranquillera, quien es alta consejera para las Regiones, desde este mes también es consejera Política, en reemplazo de Jaime Amín.

El expresidente del Concejo de Bogotá, Daniel Palacios, es el nuevo viceministro del Interior; Diego Molano fue designado como director del Departamento Administrativo de Presidencia, y María Paula Correa ejerce como jefe de Gabinete desde septiembre.

Ellos, más la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, son la cara del Gobierno frente a los congresistas y los encargados de la estrategia política.

La mayoría proviene del Centro Democrático, lo cual hace difícil afirmar que van a favorecer las negociaciones. El analista político y docente de la U. Sergio Arboleda, César Niño, expresa que “el engranaje no se da porque no hay margen de gobernabilidad. El presidente no tiene mayorías y no tiene un equipo técnico que aceite la maquinaria. El partido de gobierno parece ser más el del expresidente Uribe que del presidente Duque”

Para la analista Muñoz, los cambios son buenos, pero “el presidente está sometido a tensiones externas provenientes de su partido político y de la ciudadanía con temas que han ganado espacio en la agenda pública como lo ambiental, las causas animalistas y la defensa de los derechos de las mujeres”.

El senador Gaviria es una voz respetada y escuchada en el uribismo. Para él, estos movimientos en el equipo político no son suficientes, “porque se echan de menos las líneas gruesas, los ministros oradores, preparados para el debate y en relación con la sociedad y con los medios”.

¿Más técnico que político?

Como ocurre con su gabinete, de Iván Duque también se dice que está más enfocado en la administración que en la política. Su apuesta por la no “mermelada”, en lugar de los acuerdos programáticos, demuestra su estilo, aunque para algunos analistas sea eso lo que le impide construir capital político a futuro.

Para Tuirán, “Duque se inclina hacia lo técnico, podríamos decir que posee conocimiento para responder demandas e ingeniar soluciones a algunas problemáticas que enfrenta el país”.

No obstante, cuestionó que varios de sus ministros no tienen las condiciones políticas para manejar las carteras y que el mandatario tiene un problema de liderazgo. “A veces prefiere la asistencia a foros y encuentros, en lugar de pronunciarse sobre las problemáticas de carácter urgente”.

Patricia Muñoz cree que Duque sí es político y que eso se refleja en el respaldo que les da a sus ministros. “Su estilo de gobierno no ha sido el de la microgestión de acompañar a su gabinete en las decisiones técnicas.

Su papel ha sido político, respondiéndole a la ciudadanía y eso le sigue generando tensiones”, asevera.

Para Gaviria, el ejercicio del poder se conforma con lo administrativo y lo político. Las diferencia tajantemente y asegura que en lo primero a Duque le va “maravillosamente”.

Pero, en la forma de gobernar como tal, “debe haber una cátedra permanente a la sociedad que permita que los grandes propósitos sean entendidos por los ciudadanos con pedagogía. Recuerdo en el gobierno de Uribe la confianza inversionista que permeaba toda la actividad del Estado. También la seguridad democrática, todos los ministros tenían que jugarle a eso”, dice.

Los cambios del mandatario en su equipo son apenas una primera medida para fortalecer sus relaciones políticas y para que la agenda de gobierno sea la que se imponga.

Para ello, según los analistas, Duque debe erigir un mito de gobierno, una bandera, como fue la paz para Santos o la seguridad democrática para Uribe; que lleve a los congresistas y a los ciudadanos a tener una postura clara frente a las acciones y decisiones del Gobierno.

En este caso, para el analista Arroyave, la bandera que más agita el gobierno y que es uno de sus puntos fuertes, es la lucha contra los cultivos ilícitos en el país.

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