Concluyó la espera. Este domingo 38,9 millones de colombianos están convocados a las urnas para elegir a las autoridades regionales. En el papel, serán elegidos 32 gobernadores, 1.102 alcaldes, 12.072 concejales, 418 diputados y 6.885 ediles. Sin embargo, tras bambalinas se disputa también lo que algunos han llegado a definir como un plebiscito informal a favor o en contra del gobierno del presidente Gustavo Petro.
Video: ¿Cómo le va a ir a Petro en las elecciones del domingo?
No es una novedad que, por cuenta de los tiempos del calendario electoral, las regionales se terminen convirtiendo en un referendo para premiar o castigar al mandatario de turno. Quedó en evidencia en el gobierno de Iván Duque, cuando en 2019 la centro-izquierda tuvo un marcado impulso territorial.
Sin embargo, pasado poco más de un año de la llegada del mentado “gobierno del cambio”, parece que la estrategia de desmarcarse de Petro y hacerle oposición es el caballito de batalla más efectivo para arañar votos y sacar réditos. No es una mera percepción local.
La reconocida revista inglesa The Economist le dedicó un editorial al mandatario colombiano en el que –en contravía de la esperanza con la que se hizo elegir–, le enrostró que es “profundamente impopular” y que “es probable” que sus aliados “se enfrenten a una paliza (...) y una derrota aplastante”.
Justamente, la última encuesta Invamer, que le midió el pulso al ambiente regional previo a los comicios, evidenció que al menos en las principales ciudades del país –Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla–, se impondrían aspirantes que rivalizan con el mandatario y se oponen a muchas de sus políticas.
Quizá uno de los casos más marcados es la capital de Antioquia, donde Federico Gutiérrez –que viene de ser candidato presidencial con banderas opuestas e ideas contrarias a las del hoy Jefe de Estado–, no solo ha alertado por las falencias y debilidades Petro, sino que relaciona a su más cercano contendor, Juan Carlos Upegui, con el mandatario por sus vínculos con el exalcalde Daniel Quintero, también de la primera línea del petrismo.
En Bogotá ocurre una situación similar con un ingrediente adicional: el metro, un anhelo de más de medio siglo en la capital. Aunque ya hay un proyecto elevado andando, con un inédito 26 % de avance de obra, Petro insiste en su idea de integrar un tramo subterráneo (como lo ideó en su alcaldía), lo que retrasaría las obras 6 años e implicaría costos adicionales por al menos $12 billones, aun cuando promete que no habrá traumatismos y que la Nación asumiría el 100 % del valor de la obra.
Su empeño es tal que puso el tema de presente durante su estratégica visita a China. Para cumplir con su cometido, el presidente sabe que es fundamental que el próximo alcalde de Bogotá sea de su cuerda y acceda a lo que hoy la saliente alcaldesa, Claudia López, califica como un capricho.
Barranquilla, Cali o Bucaramanga no son la excepción y allí puntean candidatos que toman distancia del mandatario y que no se atreven a darle un apoyo irrestricto. Lo cierto es que la propia encuesta Invamer trae un dato revelador: durante el primer gobierno de izquierda en Colombia hubo un giro a la derecha en afinidad política (ver infografía al final).
Para la politóloga María Alejandra Arboleda, experta en comunicación política y análisis de la opinión pública, si bien estas elecciones pueden interpretarse como un plebiscito, son también un termómetro definitivo para aprobar o rechazar la gestión de los gobernantes salientes y los partidos que están en el poder.
“La agenda nacional y el desempeño del Gobierno impactan en la percepción y en las opiniones que se forman los ciudadanos para tomar la decisión. Sí habrá un voto castigo hacia la gestión de Petro por diferentes factores que influyen en cómo los ciudadanos están desaprobando su gestión: el desempeño de la economía, los diferentes escándalos que hay alrededor de su mandato o la falta de respuesta frente a temas como la seguridad”, explicó Arboleda.
Otra es la postura de Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario. Si bien reconoció que la popularidad del presidente es un factor en juego, el profesor sostuvo que estos comicios no se pueden interpretar como un plebiscito teniendo en cuenta que las elecciones regionales tienen sus propias dinámicas, en las que inciden tanto el voto castigo como la influencia de cacicazgos y baronesas de la mano de maquinarías electorales.
“Son elecciones locales y hay que analizarlas en sus propios términos. Es un escenario muy fragmentado y complejo. Por supuesto hay influencia, pero es uno de los motivos para los electores entre muchos otros y probablemente no el principal para la gran mayoría”, sostuvo.
Por si fuera poco, en la ecuación electoral hay que tener en cuenta que, a diferencia de los holgados resultados que obtuvieron en las elecciones legislativas, el Pacto Histórico no logró llegar cohesionado a las regionales y sus diferentes partidos terminaron, en algunos casos, coavalando candidatos de la mano de los partidos políticos tradicionales.
“El Pacto Histórico no es un jugador fuerte en el ámbito local. La izquierda tiene bases en Bogotá y en algunas otras ciudades, pero no mucho más allá. Para el Pacto es una ocasión perdida porque con su victoria en el ámbito nacional el año pasado hubiera podido aspirar a construir bases locales que no tiene, pero la caída en la popularidad del presidente le hace esta tarea difícil”, agregó Basset.
¿Relación tormentosa?
Teniendo en cuenta que, al menos en las ciudades capitales quienes puntean en las encuestas son opuestos al gobierno Petro e, inclusive, algunos han sido fuertes contradictores, la pregunta que se abre es cómo será la relación entre el mandatario y los gobernantes regionales a partir del 1 de enero de 2024.
Según dijo a este diario el representante David Racero, uno de los más destacados del Pacto Histórico, una vez elegidos y sin importar su color político, “todos los gobernadores y alcaldes serán invitados a dialogar con el presidente para construir un gran diálogo nacional”. El congresista destacó que debe haber un buen entendimiento entre las diferentes esferas del poder. “El Pacto Histórico tiene plena conciencia de que la disputa electoral va hasta el domingo”.
Para María Alejandra Arboleda, sin embargo, será un reto que Petro llegue a tener una relación armónica con los poderes locales y departamentales que no compartan su visión de país, con todo y que esa esa la dinámica del poder y que irremediablemente tendrán que buscar maneras de llegar a acuerdos en común. En un principio será un tema bastante retador para estos gobernantes y más teniendo en cuenta el estilo con el que gobierna Petro y la falta de estrategia que tiene para generar consensos”.
Por su parte, Basset manifestó que, si bien esas diferencias serán marcadas en ciudades como Medellín –posilemente con Gutiérrez a bordo–, podrán ser más conciliadoras en otras. “En Bogotá parte del éxito de Carlos Fernando Galán es su perfil conciliador o Roberto Ortiz en Cali, que no se ha pronunciado contra el Gobierno. Habrá maneras de entenderse y negociar. Es la lógica institucional del ordenamiento territorial”, apuntó.