En primer lugar figura la reforma a la salud, que el Ejecutivo tramitó durante las primeras dos legislaturas, pero que terminó naufragando en abril pasado, en el tercero de sus cuatro debates, ante la falta de consensos entre las diferentes bancadas.
Por otro lado, otra de las prioridades del gobierno de Gustavo Petro será la reforma laboral, que alcanzó a ser aprobada en el paso periodo legislativo en primer debate y a la que ahora le restan tres discusiones antes de ser ley de la República.
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En tercera instancia aparece la reforma a la ley de servicios públicos que está cimentada, entre otros principios, por la justicia tarifaria, universalización en la prestación del servicio, el usuario como el centro de la regulación, focalización de subsidios y participación comunitaria en la prestación del servicio.
Sumado a una ley para regular la pequeña minería, aparece también la primera iniciativa que se enmarca en el paquete de proyectos para avanzar en la reforma a la justicia: la reforma al sistema penal acusatorio.
En sexto lugar sobresale la fallida reforma a la educación, que naufragó en tercer debate en junio pasado luego de que sectores gobiernistas y oposición partieran cobijas, entre otros, tras los reparos de Fecode o la CUT –cercanos al Gobierno de Gustavo Petro–, que reclamaron que el acuerdo pactado promueve la privatización, implica retrocesos frente a las garantías del derecho a la educación y dispara las barreras de acceso.
Finalmente, en la agenda del Gobierno figura la optimización de inversiones para la transformación económica y un proyecto de acto legislativo –es decir, que implica cambiar la Constitución–, para fortalecer la autonomía territorial.
Uno de los momentos más álgidos fue cuando el jefe de Estado anunció que persistirá en presentar un paquete de normas para agilizar la ejecución del Acuerdo de Paz a través de un ‘fast track’: “No estoy hablando más sino de un trámite rápido, lo cual implica acuerdos políticos para desarrollar los cambios de normas para hacer realidad el Acuerdo de Paz y los cambios de normas que nos permitan la reactivación económica en la agricultura, vivienda, turismo e industria”.
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Por todo ello, el mandatario –que apenas días atrás se quejaba de quienes buscan “aislar el Gobierno del Congreso para que no se aprueben las reformas” y que se promovía un supuesto golpe blanco– concluyó diciendo que lo que se requiere es un pacto político para acordar las reformas: “No es para quedarnos quietos en el statu quo, apostémosle a la tarea de concertar los cambios, no los anticambios”, precisó.