Willinton Henao Gutiérrez, alias Mocho Olmedo, se convirtió en el segundo negociador de las disidencias de las Farc detenido con fines de extradición esta semana.
Así lo informaron fuentes de la Fiscalía, luego de la captura de otro extraditable que fue noticia de primera plana: Geovany Andrés Rojas alias la Araña, cabecilla de la organización criminal Comandos de Frontera y negociador de paz de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano.
A “Araña” lo detuvieron en un hotel de Bogotá, a la salida del tercer ciclo de conversaciones de paz con el Gobierno Nacional.
El caso de “Mocho Olmedo” fue diferente. Él es uno de los cabecillas del frente 33 de las disidencias de las Farc, quien había sido facultado como vocero y negociador de una eventual mesa de diálogos con el Estado Mayor de los Bloques y Frente, la cual no ha tenido avances sustanciales a la fecha.
Hace dos semanas se entregó a tropas del Ejército en la subregión del Catatumbo (Norte de Santander), para sobrevivir a la persecución de sus enemigos del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Fue trasladado a Bogotá, y este miércoles el CTI de la Fiscalía le notificó que en su contra había un pedido de extradición de una corte federal de Estados Unidos, por cargos de narcotráfico.
En una reciente conversación con EL COLOMBIANO, el jurista Jaime Arrubla, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, emitió un concepto sobre este tipo de situaciones.
“Viene la gran pregunta: ¿qué prima, si el proceso de paz y la suspensión de la orden de captura, o si hay que darle curso al reclamo internacional? Colombia tiene que honrar los acuerdos internacionales que tiene, porque si no, mañana se puede ver torpedeada, a que se impida la comparecencia de personas que Colombia solicita. Son compromisos internacionales que hay que acatar y darles primacía sobre esas suspensiones internas para los procesos de paz colombianos”.
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