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Antonio García: el perfil del palo en la rueda de las turbulentas negociaciones del Gobierno con el ELN

Antonio García lleva más de media vida como protagonista del conflicto con el ELN. Es un radical que señalan de torpedear todos los intentos de diálogo. Su historia.

  • El presidente Gustavo Petro viajó el 9 de junio de 2023 hasta Cuba para firmar, junto a Antonio García, el documento de cese al fuego bilateral que ya se venció. FOTO CORTESÍA
    El presidente Gustavo Petro viajó el 9 de junio de 2023 hasta Cuba para firmar, junto a Antonio García, el documento de cese al fuego bilateral que ya se venció. FOTO CORTESÍA
  • Antonio García tiene 70 años y desde su juventud pertenece al Comando Central del ELN. FOTO CORTESÍA
    Antonio García tiene 70 años y desde su juventud pertenece al Comando Central del ELN. FOTO CORTESÍA
  • De izquierda a derecha Pablo Beltrán, Ramiro Vargas, Gabino y Antonio García durante el IV Congreso del ELN en 2010. FOTO CORTESÍA
    De izquierda a derecha Pablo Beltrán, Ramiro Vargas, Gabino y Antonio García durante el IV Congreso del ELN en 2010. FOTO CORTESÍA
Antonio García: el perfil del palo en la rueda de <b>las turbulentas negociaciones del Gobierno con el ELN</b>
25 de agosto de 2024
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Alias Antonio García es un guerrillero contradictorio: le gusta escribir versos de poesía romántica y, al mismo tiempo, es uno de los hombres con pensamientos más bélicos dentro del ELN.

Tiene 70 años y lleva más de media vida en las trincheras de la clandestinidad. Algunos lo señalan de ser el palo en la rueda en los diálogos de paz con el Gobierno de Gustavo Petro. La conversación está congelada desde el pasado 11 de abril y atraviesa una crisis —que salta de traba en traba— que podría llevar a la inminente reactivación de las confrontaciones con la Fuerza Pública.

Sus padres lo bautizaron como Eliécer Erlinton Chamorro Acosta cuando nació por allá en 1954 en Mocoa (Putumayo). En la guerra lo han conocido con los remoquetes de “Ángel”, “Gabriel” y “Antonio García”.

Es un hombre huraño, inflexible, indescifrable y con cara de pocos amigos. Así describen al comandante guerrillero quienes han coincidido con él en las fallidas mesas de paz o en los azares de la denominada lucha subversiva.

Sus papás eran evangélicos y “García”, todavía niño, se escapaba de los domingos de culto para ir a ver las peleas de gallos que organizaban en el pueblo. En el solar de su casa había un criadero de marranos y de gallinas ponedoras. Él era el encargado de alimentarlos. No tenía 10 años cuando impuso una condición: “Mamá, si no me deja tener mis gallos finos, yo no le cuido más sus animales”, contó el guerrillero en el libro Historias de un gallero que publicó en 2019. A la señora —que consideraba a los galleros casi como “satánicos” por su cercanía con el mundano licor— no le quedó de otra que aceptar.

La vida clandestina de “García” también empezó temprano. Junto a un amigo, repartía bajo puertas propagandas y panfletos alusivos al ELN entre la 1:00 y 2:00 de la madrugada.

En su juventud se vinculó como estudiante de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Industrial de Santander. Supo alternar las actividades académicas con las asambleas, las marchas y los tropeles. Allá pasó a formar parte de la Columna Miguel Pimienta Cotes del ELN en Bucaramanga.

Su ascenso en la guerrilla fue rápido. Se acercó a la sombra del cura guerrillero Manuel Pérez, uno de los pilares ideológicos del ELN, y para 1986 pudo escalar hasta el Comando Central, el máximo órgano en la jerarquía de esos irregulares, y desde entonces se mantiene en el poder.

Una hepatitis intratable terminó por causarle la muerte al cura Manuel Pérez el 14 de febrero de 1998. La máxima comandancia del ELN quedó vacante y fue asumida por Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino. Antonio García dio el salto y se encargó de direccionar la estrategia militar.

Las contrariedades

Hay un sector de la guerrilla que considera que la dejación de armas podría significar el “abandono de la lucha revolucionaria” y el riesgo de que la paz implique constantes incumplimientos por parte del Gobierno. Alias Antonio García los representa.

“Antonio toda la vida se ha peleado por estar en las mesas de conversación e incidir en ellas usurpando la responsabilidad que tiene el encargado de paz (...) Todo proceso que andaba bien lo torpedeaba”, le relató a EL COLOMBIANO un exguerrillero que conoció de fondo el funcionamiento del Comando Central.

Prueba de ello ocurrió durante el intento de diálogo con el presidente Andrés Pastrana. La negociación avanzaba cuando el ala militar del ELN decidió secuestrar el vuelo 9463 de Avianca que cubría la ruta Bucaramanga-Bogotá.

En la aeronave iban 35 pasajeros y cinco tripulantes. Se llevaron a los rehenes hasta una pista clandestina en el sur de Bolívar. Los guerrilleros pretendían presionar la concesión de una zona de distensión y canjear a los secuestrados por subversivos presos. El Gobierno de entonces no accedió y las conversaciones se desinflaron.

“Hay un proceso sistemático en la mentalidad de Antonio de que los procesos de paz no lleguen a buen término porque no es compatible con ellos”, añadió el exguerrillero.

El fracaso en las intenciones de paz de Pastrana congeló por varios años la búsqueda de diálogo con el ELN. Solo hasta inicios de 2006, ya en la presidencia de Álvaro Uribe, se abrió la posibilidad de un acercamiento con esos subversivos.

Antonio García, Francisco Galán y Ramiro Vargas levantaron la mano para ser los voceros del ELN en una posible mesa con el Gobierno Uribe. Pedían amnistía para todos los presos políticos, la gestación de un nuevo gobierno, una comisión de verdad y rechazaban la aprobación del Tratado de Libre Comercio. Se hicieron nueve diálogos exploratorios sin arrojar resultados.

El Comando Central entonces decidió confiar la vocería elena ante los gobiernos —desde octubre de 2016— en Pablo Beltrán, líder político de esa organización. Pero su autonomía empieza a ser cuestionada.

“Nosotros nos entendíamos con Beltrán, que era el jefe de la mesa negociadora, pero no había aparecido esta figura arrogante de Antonio García, que creo que le ha puesto un sinsabor muy grande a todos estos diálogos. Y es un palo en la rueda que le ha surgido últimamente a los diálogos con el ELN”, le comentó a este diario Juan Camilo Restrepo, jefe negociador ante esa guerrilla durante el Gobierno de Juan Manuel Santos. Es que Antonio García logró escalar desde 2021 como máximo comandante del ELN y acumuló más y más poder. En junio de ese año alias Gabino presentó su renuncia al cargo por razones de salud y se quedó a vivir en Cuba.

“No coman cuentos de quienes pretenden hacerlos creer que estamos divididos. Somos una sola voz”, dijo García en La Habana durante la firma del cese al fuego bilateral el 9 de junio de 2023.

Pero el máximo comandante de la guerrilla se ha encargado de contradecir los acuerdos que pacta su delegación en la mesa con el Gobierno Petro.

De izquierda a derecha Pablo Beltrán, Ramiro Vargas, Gabino y Antonio García durante el IV Congreso del ELN en 2010. FOTO CORTESÍA
De izquierda a derecha Pablo Beltrán, Ramiro Vargas, Gabino y Antonio García durante el IV Congreso del ELN en 2010. FOTO CORTESÍA

Un claro ejemplo fue la decisión de retomar con la práctica del secuestro extorsivo. El pasado 6 de mayo García publicó un comunicado en el que afirmó que sus unidades retomarían con esa práctica criminal. Contradijo a la delegación de paz del ELN que, 91 días atrás, había manifestado que cesaría con las “retenciones con fines económicos”.

La guerrilla celebró en junio pasado su VI Congreso, su máximo órgano decisivo. Allí ratificaron al inflexible de García como comandante y enviaron un mensaje que parece, cuando menos, contradictorio: tienen voluntad de paz, pero la dejación de las armas es un punto que todavía no están dispuestos a negociar.

Desde entonces, García se ha dedicado a pedir concesiones difíciles de cumplir mientras amenaza al Gobierno con levantarse de manera definitiva de la mesa y activar el conflicto en las zonas donde hace presencia (ver gráfico). Ya mostró los dientes con un paro armado que tuvo confinadas a 50.000 personas durante nueve días en Chocó.

Infográfico

La última petición del Coce, para volver a la mesa, es que el Gobierno excluya al ELN de la lista de grupos armados organizados. En la práctica, esta exclusión relegaría a un segundo plano la intensidad de operativos de la Fuerza Pública contra ese grupo alzado en armas.

“Para que esta mesa avance se requiere que tanto la guerrilla como el Gobierno cambien de aproximación. El Gobierno siendo más firme y el ELN también tiene que cambiar de actitud: ha sido supremamente irrespetuoso con el Gobierno, las víctimas y la sociedad civil que dice representar”, puntualizó Restrepo.

La guerrilla parece dividida: de un lado tira Pablo Beltrán, aparentemente moderado y dispuesto a dialogar, y del otro dispara García, un radical que nunca cede en sus negociaciones.

70
años tiene Antonio García, máximo comandante de la guerrilla del ELN.
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