La vicepresidenta colombiana, Francia Márquez, se reunió este miércoles en Madrid con Pepa Bueno, directora del diario El País para hablar de su trayectoria como activista, de su llegada a la política y de sus primeros días como la segunda del gobierno del Pacto Histórico.
Allí, Márquez aseguró que había dejado el activismo por la política porque la concebía como “una forma de salvaguardar vidas, de seguir alzando la voz”. Asimismo, confesó que durante estos pocos días de gobierno ha sentido mucha presión principalmente por parte de los jóvenes, de los niños y de las mujeres, quienes a pesar de estar contentos porque llegaron al poder no están dispuestos a conformarse con menos cambios de los que les ofrecieron en campaña.
Sin embargo, Márquez reconoce la dificultad de llevar a cabo las transformaciones prometidas. En primer lugar, porque según ella, se han encontrado con una institucionalidad “que no está hecha para el cambio sino para que todo siga igual” y en segundo lugar, dice, porque es consciente de que “no vamos a cambiar 500 años de exclusión y marginalidad”.
Preguntada sobre si había sufrido racismo después de su llegada al poder, la abogada de 40 años contestó que “por supuesto”. Reconoció que en algunas ocasiones ha tenido que exigir respeto por su condición de vicepresidenta y no por un tema de vanidad sino porque si ella no fuera una mujer afrodescendiente sino un hombre blanco o mestizo, “ese respeto sería intrínseco”.
Finalmente, Francia se lamentó de algunas expresiones racistas que ha sufrido desde algunos opositores que la comparan con simio, “un claro pensamiento colonial, de deshumanizar, de expropiar la condición humana de las personas afrodescendientes o indígenas para someterlas a un proceso de esclavitud”, aseguró.