El coronel (r) Elmer Fernández Velasco, director de la cárcel La Modelo, estaba feliz en ese peligroso trabajo, así que pasó los últimos días de su vida gestionando programas laborales y educativos para los 3.800 internos albergados en las celdas de la prisión bogotana. En esos pabellones oscuros, pese al clamor del mismo director, decidieron no darle tiempo para sus planes, sino ordenar su ejecución.
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“Temo por mi vida, al igual que la de mi núcleo familiar, ya que la cárcel cuenta con perfiles altos de seguridad de las personas privadas de la libertad”, denunció ante el Inpec y la Fiscalía el director el pasado 9 de mayo, seis días antes del atentado sicarial.
“Él era un líder muy agradable, con buen trato, nunca se le escuchó un grito”, recordó con pesadumbre el coronel (r) Óscar Alejandro Tovar, quien lo acompañó en la administración de la penitenciaría, desde su cargo de subdirector, hasta el instante en el que un proyectil perforó el vidrio de una ventanilla.
En medio del luto por el vil asesinato de su jefe, el exoficial reunió fuerzas para conversar con EL COLOMBIANO y compartir los detalles de una situación que tiene al sistema penitenciario de Colombia con los nervios de punta.
Transversal al crimen hoy sobresale un nombre: Pedro Nel Caro Triana (“Pedro Pluma”), de la banda “la Inmaculada”, señalado como el principal sospechoso.
El día de la denuncia, el 9 de mayo, se oyeron tres balazos contra la pared exterior de La Modelo. Cuando los guardianes fueron a verificar, encontraron dos hojas manuscritas con estos mensajes: “De parte de Pedro Pluma, de 4 toA (número del patio), para el director. Que si vuelve a meter de requisa para el patio le mato la familia”; y “para que vea que yo si tengo poder y si me trasladan le mato la familia 09/05/24”.
Según Tovar, a pesar de que el director tenía información sobre el hombre que lo amenazó a él y a su familia, no quiso encararlo. Envió a un par de agentes judiciales del Inpec a que lo entrevistaran, y Caro Triana les dijo que “no tenía nada que ver con eso”.
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“Seguimos los protocolos y se informó de la situación a la Dirección General. Coordinamos con Policía y Ejército para un apoyo en el perímetro exterior de la cárcel. El coronel puso la denuncia en la Fiscalía. En ese momento no se contempló que tuviéramos escoltas, es que somos muchos funcionarios, y no depende de nosotros”, acotó Tovar.
La decisión de trasladar a “Pedro Flechas” comenzó su trámite interno, buscándole cupo en otro establecimiento, y al parecer él se dio cuenta.
A las 5:00 p.m. del pasado jueves, sicarios motorizados interceptaron la camioneta sin blindaje en la que viajaba el director, en la silla del copiloto, y a través de la ventanilla le propinaron un disparo letal.
El dragoneante que conducía se detuvo en la carrera 30 con calle 80, de Bogotá. Trató de auxiliarlo, pero Fernández expiró con la cabeza gacha.
El difunto era casado y padre de dos hijos adultos. Había realizado una carrera sin tacha en la Policía Nacional, durante tres décadas, desempeñando cargos como la dirección de la Escuela de Carabineros en el municipio de Vélez, Santander. Tras su retiro, ingresó al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario de Colombia (Inpec), y asumió la gerencia de la cárcel de Guaduas, en Cundinamarca.
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Medidas insuficientes
“Hasta ese día de los panfletos, el ambiente aquí era muy normal. Pero entonces ahí entró a nuestro radar ‘Pedro Flechas’. Lo empezamos a investigar y resultó que era un líder negativo del patio cuarto, que ponía problema con otros internos”, indicó Tovar.
El convicto registraba 16 ingresos a cárceles y tres condenas por homicidio, hurto, porte ilegal de armas, concierto para delinquir y otros punibles.
En La Modelo llevaba dos años, tiempo en el cual logró convertirse en el “cacique” o “pluma” del pabellón, como se les dice en el argot criminal.
“Movimiento pesado”
El 7 de abril de 2024, el fallecido coronel (r) Fernández dio un salto a las ligas mayores, como director de La Modelo en la capital, una de las prisiones históricas del país, que a mediados del siglo XX albergó a los primeros presos políticos por El Bogotazo y el periodo de La Violencia Bipartidista.
“Él llegó animado, con muchas ideas buenas, y empezó a moverse para conseguir proyectos de educación y trabajo para los internos”, dijo Tovar, quien lo asesoró en empalme.
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Por su parte, él había estado 23 años en la Policía. Fue piloto de helicóptero y comandante de las estaciones de Fontibón y Kennedy. Salió de la Institución en 2020 y llegó al Inpec por una vacante para trabajar en La Modelo.
“Esta cárcel tiene un movimiento muy pesado. Por estar en Bogotá, sirve para descongestionar de presos a las estaciones de Policía y la URI de la Fiscalía. Es una población difícil, llegan habitantes de calle, drogadictos, personas muy agresivas”, explicó Tovar.
A esto se suma que a La Modelo también son remitidos internos de las cárceles regionales, a quienes toca alejar de sus áreas de influencia para proteger a la comunidad. La mayoría son terroristas o miembros de grupos de crimen organizado, como el infame Pedro Nel Caro Triana (“Pedro Pluma”), de la banda “la Inmaculada”.
Los presuntos responsables
“La Inmaculada” surgió hace dos décadas en el barrio del mismo nombre, en Tuluá. Sus fundadores fueron antiguos sicarios del cartel del Norte del Valle y de la estructura criminal “los Rastrojos”.
Se dedica al sicariato, la extorsión, desapariciones, secuestros, desplazamiento forzado, control social y territorial, monopolio del comercio y productos de la canasta familiar, vigilancia ilegal, cobro de deudas mafiosas y narcotráfico. Para sostener esos negocios, regenta una intrincada red de corrupción en varias entidades públicas de Valle, Cauca, Armenia y Quindío.
Su líder actual, según la Fiscalía, es Andrés Felipe Marín Silva (“Pipe Tuluá”), quien está en la cárcel La Picota de Bogotá, pagando 30 años por 39 asesinatos y siete tentativas de homicidio. A la sombra sigue manejando los hilos de la organización y cuando cambian de cárceles a sus lugartenientes, para diezmar su poder, las retaliaciones son mortales.
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Según fuentes de Inteligencia, para confundir a los investigadores, a punta de panfletos, creó una supuesta banda: “Muerte a Guardianes Opresores” (“Mago”), que no es más que una careta para encubrir los crímenes de “la Inmaculada”. Entre sus víctimas conocidas está el dragoneante Édinson Montenegro Cardona, acribillado por sicarios afuera de la cárcel de Tuluá (2017).
También se investigan tres atentados perpetrados entre el 8 y el 9 de abril de 2024, en los que resultó herido el dragoneante Nicolás Torres Noreña, en Tuluá; y murieron el dragoneante Léider Romo Rojas, en Buga, y Óscar Quevedo, el expresidente de la Unión de Trabajadores Penitenciarios (sindicato del Inpec), en Palmira.
Estos hechos se relacionan con una amenaza de “la Inmaculada” a autoridades del Valle y al Gobierno Nacional, que en enero anunciaron una ofensiva para desmantelarla.
“Siempre dicen lo mismo”
El subdirector Tovar ya venía pensando en la renuncia. Esperaba hacerlo en julio, para recibir la prima de mitad de año y un reajuste salarial pendiente. Lo ocurrido con su colega precipitó la salida.
“En la mañana del viernes me reuní con mi esposa e hijas. Mi mujer, asustada, me dijo: ‘Usted allá no vuelve’. Fue una decisión familiar”, narró.
Al tiempo que presentaba la renuncia, “Pedro Flechas” y otros convictos se amotinaban en el patio cuarto, en protesta por sus órdenes de traslado. El caos fue conjurado por el Grupo de Reacción del Inpec.
Aunque el ministro de Justicia, Néstor Osuna, anunció que se reforzarían los esquemas de protección a los funcionarios amenazados, Tovar prefirió no correr riesgo. En sus palabras, “es que siempre dicen lo mismo y luego no se aplican las medidas. No es la primera vez que pasa”.
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